Vox en México: el ingenuo Julen y sus asesores fascistas

Salvador García Soto

Al senador Julen Rementería, coordinador de los senadores del PAN, le pasó lo que al refrán del pastor ingenuo que va por lana y sale trasquilado. Al veracruzano que lidera a los senadores blanquiazules le pareció una idea “estupenda” traer a México al líder del partido de la ultraderecha española y llevarlo al Senado de la República para firmar una carta trasnochada en la que él y sus aburguesados interlocutores europeos se comprometían a “combatir el avance del comunismo en la iberosfera”.

Hasta ahí uno imaginaría que la escena, propia de los años 30 o 40, tuvo lugar en algún lugar de la vieja Europa, asolada por la paranoia estadounidense, en donde se temía que la expansión de las ideas de Karl Marx y Federico Engels, que habían provocado la Revolución Bolchevique, se propagaran al resto del continente a través de la franja más occidental de la Rusia soviética.

Pero la sorpresa es que no, que la escena de ultraderechistas del siglo XXI que vienen a sorprender a los senadores panistas, hablándoles de un mundo en el que el monstruo comunista avanza inderrotable por el mundo, ocurrió en plena Cámara de Senadores, donde un puñado de legisladores de oposición se dejaron seducir por el mismo “encanto” que hace 500 años permitió derrocar a un imperio y hoy hace esbozar una enorme sonrisa a los nostálgicos del franquismo y de la monarquía española, por ver cómo los mexicanos de este siglo siguen siendo tan ingenuos como los indígenas que hace 500 años vieron como “dioses” y como seres de otro mundo a los conquistadores españoles que llegaron para imponerles un nuevo mundo y una nueva cosmovisión.

Y es que la imagen de al menos 20 de los senadores del PAN, comandados por su coordinador, Julen Rementería, posando alrededor de Santiago Abascal, dirigente del partido Vox, considerado uno de los partidos más ultraderechistas y regresivos de toda Europa, representa la confirmación de que en una época de radicalismos, en que las ideas más extremistas, fantásticas e ideológicas quieren ganar terreno sobre las ideas más racionales y humanistas, los extremos son tan peligrosos cuando se presentan lo mismo a la izquierda que a la derecha.

Al mismo coordinador de los senadores panistas, el veracruzano Rementería, se le ve sonreír en la fotografía, satisfecho de haber sido el político mexicano que, en la época del radicalismo de izquierda, cuando las ideas de la sabiduría del “pueblo bueno” empiezan a parecer una “verdad indiscutible”, se encargó de tocar la campana de alerta al otro extremo del espectro político para decir que ante las señales de “avance” de las ideas de izquierda en los dominios del antiguo imperio español, no queda más que volver al eterno cacique que controle los destinos de todos.

Pero en realidad Julen Rementería, quien ayer fue el blanco favorito de las críticas y cuestionamientos que causó la presencia de la nueva cara del fascismo europeo en una de las cámaras del Congreso de todos los mexicanos, terminó siendo una víctima de un par de asesores de extrema derecha que él mismo contrató, quién sabe si dándose cuenta o no de los efectos que tendría la presencia del principal representante y heredero del fascismo europeo.

Los dos asesores que le recomendaron al coordinador panista que invitara a Santiago Abascal, el dirigente de Vox, responden al nombre de “Tumbaburros” en Twitter, que en realidad responde al nombre Luis Alberto Rosas, un influencer originario de Tamaulipas que incluso habla en eventos de la extrema derecha panista, como conferencista invitado: “Es muy imporante que invitemos a que los jóvenes se metan porque si vamos a frenar esta marea progresista asquerosa y asesina que se viene para todos nuestros países, es desde la trinchera política. Y señores, vamos a ganar porque es el plan de Dios”, dijo el motivador ultraderechista en una reunión en la Cámara de Senadores.

El otro asesor que convenció al coordinador Rementería para invitar al polémico Santiago Abascal, fue el veracruzano Christian Camacho, quien se confiesa en sus redes sociales como un ferviente admirador y seguidor del líder de Vox, a quien refiere y publica con fervorosa frecuencia, además de que se adhiere sin ninguna duda a la “Carta de Madrid”, el insulso documento que se propone “frenar al Comunismo” en el mundo y acusa a todos los mexicanos que no comulguen con el absurdo artículo, ser apoyadores y seguidores de Morena y de su 4T.

Esos dos sujetos convencieron al jarocho Julen Rementería, de que era necesaria una alianza con las fuerzas más regresivas, xenófobas y fascistas de Europa, para hacer frente a las amenazas de la 4T y sus grupos radicales que cada vez toman más control del actual gobierno de López Obrador. Y el ingenuo senador de Veracruz creyó que se suman a un trascendente movimiento internacional y no sólo accedió a firmar el cuestionable documento sino también a invitar al ultraderechista dirigente a una de las sedes de Congreso de la Unión.

La fotografía feliz en la que un sector del PAN y de sus senadores de la República se acercan peligrosamente al partido heredero de la Falange española y del nazismo alemán, circuló ayer profusamente y desató un escándalo que atravesó toda la geografía política nacional y que provocó un rechazo generalizado, lo mismo de Acción Nacional, de sus aliados del PRI y del PRD, y por supuesto del presidente López Obrador y de Morena que se regocijaron en el señalamiento de que los “conservadores de la oposición” son más cercanos al fascismo y al nazismo europeo que a una oposición democrática y liberal.

López Obrador, con una sonrisa en el rostro, habló de la asociación entre la oposición mexicana y “los conservadores y ultraconservadores, casi fascistas, que están retoñando en España, están retoñando de lo peor, autoritarios, fascistas, clasistas y corruptos”. El mandatario mexicano sin duda disfrutó viendo cómo un grupo del partido más importante de la oposición nacional se asociaba torpemente con Vox, el partido que representa lo más recalcitrante de la derecha, antiinmigrante y represiva de las minorías y promotora del regreso del franquismo y el falangismo en España.

Ayer, mientras el CEN del PAN, que dirige Marko Cortés, intentaba deslindarse a través de comunicados oficiales, en los que se aclaraba que la decisión de invitar al señor Abascal no fue de su partido, sino una “decisión individual” de su coordinador parlamentario y de los senadores blanquiazules que decidieron acompañar la alocada y trasnochada firma del manifiesto “anticomunista” que significa la llamada “Carta de Madrid, en Defensa de la Libertad y la Democracia en la Iberosfera”.

El mismo Felipe Calderón, desde su ex panismo de más 30 años, condenó el “extravío ideológico” que representa el encuentro entre los senadores del PAN y el líder del partido Vox, mientras los aliados del panismo, como el PRI y el PRD, se apuraban a deslindarse y desmarcarse de cualquier asociación penosa con la ultraderecha española por el desliz de un sector del panismo.

Así nuestra política nacional en los inicios del “mes patrio” de septiembre: debatiéndose entre los radicalismos de la izquierda más recalcitrante, que avanza cada vez de manera más abierta en el gobierno de López Obrador y toma el control de la llamada 4T, y los radicalismos de ultraderecha, que pretenden combatir a un supuesto avance del comunismo en México, pero para lograrlos, se proponen impulsar el fascismo como opción para un sistema represivo, invasivo y autoritario, con otro doblemente represivo, dictatorial y que busca acabar con las libertades, los derechos de las mujeres, la migración ilegal y, por qué no, el regreso de la España autonómica y democrática a la República fraquista, con toda su estela de muerte, represión y terror que dominaron por más de cuatro décadas a la nación ibérica.

Urge en México un movimiento o un liderazgo que reivindique y recupere los postulados de un centro moderado que no pugne por hundir, polarizar y violentar al país entre los liberales y los conservadores que nos dividieron y dañaron como país a lo largo de la historia o los extremistas y radicales de la ultraderecha o de la ultraizquierda, los primeros que se asoman y los segundos que insisten en gobernarnos y llevarnos hacia un dudoso sistema de socialismo bolivariano trasnochado y fracasado.  

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