¿Por qué un presidente adelantaría su sucesión?

Salvador García Soto

El tema, como muchas otras de sus ocurrencias, le sirve como distractor para los medios y la opinión pública, en lugar de poner el foco en los problemas graves

La decisión del presidente López Obrador de abrir, tres años antes la carrera para su propia sucesión, y de ser él mismo quien haga públicos los nombres de los posibles candidatos a sucederlo por su partido, representa sin duda un hecho inédito en el sistema político y presidencialista mexicano.
 
Todos los mandatarios de la historia, desde que el país tuvo elecciones para renovar al titular del Poder Ejecutivo, jugaron en su momento el juego sucesorio e instituyeron prácticas y rituales como el tapado”, las “barajas de aspirantes”, las “pasarelas políticas” y hasta el lanzamiento de sus “delfines”; pero todos, invariablemente, tanto en la vieja era del PRI como en los dos sexenios panistas, esperaron hasta el cuarto o quinto año para soltar las amarras de la sucesión porque justo en ese momento comenzaba el ocaso y el eclipsamiento de su propio poder como presidentes.
 
Por eso no muchos entienden todavía, ni dentro ni fuera de la 4T, qué quiso hacer López Obrador con sus destapes tan anticipados de los integrantes de su gabinete y de su gobierno que ve como posibles candidatos a la elección presidencial de 2024. Porque no sólo fueron las dos ocasiones en que el presidente indujo en las conferencias mañaneras el tema de la sucesión y dio a conocer dos listas de presidenciables, el 14 de junio y el 5 de julio, sino también el destape público y por aclamación de la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, ocurrido el 1 de julio, en un evento que claramente tuvo la aprobación y el consentimiento del presidente.
 
¿Qué gana o qué busca López Obrador al apurar, con tanta anticipación, la lucha sucesoria en una apuesta que puede resultar muy peligrosa para su propia imagen y fortaleza como presidente?, es la pregunta que hoy se hacen propios extraños ante las recientes declaraciones del presidente que, con el argumento de que “aquí ya no hay tapados” y de que los estilos de ejercer el poder ya cambiaron, ha dado un paso que podría resultar contraproducente para su propia presidencia.
 
Una idea que se comenta en los círculos políticos es que el presidente abrió el juego de la sucesión como una forma de apuntalar y detener la caída de su preferida, Claudia Sheinbaum, después del desgaste y el impacto negativo que enfrentó la jefa de Gobierno por temas como la tragedia mortal de la Línea 12 y su derrota en las recientes elecciones donde perdió más de la mitad de las alcaldías y la mayoría en el Congreso capitalino. Permitir el “autodestape” de Sheinbaum ante las huestes morenistas y luego nombrarla como la primera en la lista de prospectos morenistas, son acciones que sin duda reposicionan y levantan a la gobernante capitalina en momentos de las peores crisis de su gobierno.
 
Otra posibilidad, en su afán por distinguirse de sus antecesores y romper con algunos rituales y mitos del viejo sistema, es que crea que al abrir su baraja para el 2024, manda un mensaje de fortaleza de su movimiento y de lo que él mismo llamó “un relevo generacional” para la continuidad de su proyecto político. Y de paso, algo que intenta López Obrador, aunque quién sabe si lo logre, es evitar que se intensifique un enfrentamiento directo entre los dos punteros de su lista: Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard. Porque con la eliminación que él mismo hizo del nombre del líder del Senado, Ricardo Monreal, el canciller y la jefa de Gobierno se quedan prácticamente solos en la disputa real por la candidatura y, al incluir otros nombres —la mayoría de ellos sin posibilidades— el presidente busca diluir la tensión entre sus dos delfines.
 
Porque siendo realistas, fuera de Claudia y Marcelo, a ningún otro de los que mencionó el presidente se le ven tamaños reales para ser candidatos al 2024. Juan Ramón de la Fuente está demasiado lejos en la ONU y no tiene mayor presencia en estos momentos en el país; a Esteban Moctezuma el presidente prácticamente lo sacó de la sucesión cuando decidió mandarlo a Washington, porque de haber querido que jugara lo hubiera mantenido en la SEP o lo hubiera movido a otra posición del gabinete; mientras que Rocío Nahle, convertida hoy en supervisora de la obra de Dos Bocas, que quién sabe si logrará terminar en 2023, estaría más interesada en ser candidata al gobierno de Veracruz que a la Presidencia.
 
Finalmente, sea cual sea el cálculo y la apuesta de López Obrador al declarar abierta la lucha por su propia sucesión —y con todos los riesgos que para él entraña esa peculiar decisión— el tema por lo pronto le sirve al presidente como muchas otras de sus ocurrencias, declaraciones y posicionamientos que, sin tener una trascendencia real para el país, le funcionan muy bien como distractores para los medios y la opinión pública, que se dedica a hablar, a comentar y analizar las ocurrencias presidenciales en lugar de poner el foco en los problemas graves de crisis, inseguridad, violencia y pobreza que vive el país.

NOTAS INDISCRETAS…

Mientras queda claro que el presidente decidió “castigar” a Ricardo Monreal al eliminarlo de su lista de aspirantes de Morena al 2024, al parecer porque compró las versiones que le vendieron de una supuesta “traición” del líder senatorial en las pasadas elecciones, ayer el senador zacatecano respondió al castigo presidencial con una especie de desafío: “Me inscribiré en 2023 para tratar de ganar el proceso interno (de Morena)”, declaró ayer en entrevistas Monreal quien negó sentirse “preocupado u ofendido” porque el presidente no lo mencionara en sus listas. “He dicho que aún es muy temprano y que el juego sucesorio debilita la unidad”, comentó el senador. ¿Será que Monreal se crecerá al castigo de Palacio Nacional?... Ayer en San Lázaro se comentaba desde la oficina del coordinador morenista, Ignacio Mier, que la fecha para la sesión del periodo extraordinario, en donde se votaría el desafuero del diputado Saúl Huerta, acusado de violación de un menor de edad, no sería para el lunes 12 de julio, como se pretendía, porque no se alcanzó a dar la convocatoria para que mañana acudieran todos los integrantes de la Comisión Permanente que, por ley, deben acudir presencialmente a la sesión de mañana, no de manera virtual, para poder votar un periodo extraordinario en la Cámara de Diputados. Por eso se propondrá que el extraordinario se solicite para el viernes 16 y no el próximo lunes. Además, hay diferencias, una vez más, entre la presidenta de la Mesa Directiva de San Lázaro, Dulce María Sauri, y el líder de Morena, Ignacio Mier, sobre si procede o no el desafuero del morenista Huerta. En fin, que se pospone la convocatoria para el extraordinario en un asunto que urge, por lo delicado y deleznable del delito del que acusan al diputado morenista. Esperemos que no le estén dando largas a un tema en el que el menor violado y su familia siguen esperando justicia… Ruedan los dados. Escalera doble. Buen tiro.

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