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¿Nueva luna de miel con los empresarios?

05/12/2019
03:54
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La relación del presidente Andrés Manuel López Obrador y de su gobierno con los empresarios nacionales ha sido como la de un matrimonio promedio: se conocían de tiempo atrás (2006) y tuvieron sus affaires, luego se distanciaron por un rato y cuando se reencontraron (2018) el amor les pegó con tanta fuerza que decidieron casarse y vivieron por varios meses un tórrido romance, en el que tanto en privado como en público, derramaban miel, se decían cosas bonitas y se juraban amor eterno. Todo iba viento en popa en esa relación, pero cuando una de las partes (AMLO) tomó una decisión drástica y tajante (cancelar el aeropuerto de Texcoco), la otra parte (los hombres del dinero) se sintieron hostilizados y empezaron a ver con recelo y como una amenaza a su seguridad la actitud presidencial.

Hoy, después de meses de haber sostenido una relación de “apariencias”, en las que se veían con desconfianza y, aunque se decían cosas bonitas y se hacían promesas públicas de inversión y de certidumbre, en la realidad ninguno de los dos tenía confianza en el otro y sólo simulaban unos que invertirían y otros que les darían certeza, lo que resultó en un estancamiento y una parálisis, ya no sólo de su relación, sino de la economía del país que cerrará este 2019 estable sí, pero con crecimiento de 0% del PIB y hasta con decrecimiento.

Pero el impasse entre López Obrador y los empresarios llegó a su fin y hay “reconciliación”, según asegura el “celestino” de esa relación, el jefe de la Oficina de la Presidencia, Alfonso Romo. El también empresario reconoció en una plática que sí hubo “desencuentros y cierto enfriamiento en la relación” del presidente con los capitanes de empresas, pero también sostiene que nunca dejaron de dialogar ni de reunirse. “Vean la cantidad de veces que se ha reunido el presidente con los empresarios. Yo mismo he mantenido siempre un diálogo constante con ellos y mi trabajo no ha sido fácil para mediar entre unos y otros, pero finalmente logramos concretar un gran Acuerdo Nacional de Infraestructura, que lo redactamos conjuntamente el gobierno y los empresarios, y que significa un parteaguas en la relación que, a partir del próximo año 2020 empezará a verse con obras, proyectos e inversiones concretas en materia de infraestructura”, dijo Romo en una conversación.

Y, siguiendo con el símil matrimonial, si dicen que las reconciliaciones son intensas, Poncho Romo asegura que el plan de infraestructura, donde se presentaron 147 obras y proyectos que empezarán a construirse empezando el 2020, como una de las apuestas del gobierno para reactivar la economía, no es el único y que en breve presentarán un “Plan de Inversión del Sector Energético” que ya está terminado y en el que el presidente López Obrador, se comprometió con los empresarios a reabrir la inversión privada en la Comisión Federal de Electricidad, respetando y manteniendo el 46% privado y 54% público en cada proyecto que está en la ley, y también en Pétroleos Mexicanos volverán a licitar obras, sobre todo de perforación de pozos petroleros para empresas privadas, respetando también la fórmula de 80% para Pemex y 20% para la iniciativa privada que se estableció en la reforma energética.

Así, la realidad ha terminado de imponerse y, el propio Romo lo reconoce, en el gobierno de López Obrador ya entendieron que “necesitamos de la inversión privada en infraestructura, en el sector energético y hasta en el sector salud, porque no tenemos recursos y el dinero público no alcanza y tiene que entrar la IP a apoyar lo que no puede hacer el gobierno”. El jefe de la Oficina presidencial menciona que hay “un hueco enorme” en las finanzas públicas, derivado de compromisos y deudas heredadas, además de una caída en la recaudación este año. Y ante esa dolorosa realidad, finalmente en algunas áreas del gobierno, como el sector energético, donde se encuentran los funcionarios más “duros” y reacios a la inversión privada —léase Manuel Bartlett y Rocío Nahle— están aceptando el regreso de los proyectos y esquemas de coinversión privada y pública en el estratégico tema de energía.

Así que, no se sabe si en la complicada relación entre empresarios y gobierno habrá un final de cuento y si vivirán “felices por siempre” o al menos por lo que resta del sexenio, pero lo que sí es un hecho es que desde la semana pasada López Obrador y los señores del dinero han vuelto a la “luna de miel” y que pronto, dice Poncho Romo, se verán los “frutos” de ese amor, en obras, inversiones y proyectos de infraestructura y de inversión mixta, pública y privada, en el sector energético. ¿Qué tanto influirá el nuevo enamoramiento en que la economía del país salga del bache en el que la metió la 4T? Eso ya lo veremos.
 

NOTAS INDISCRETAS

Una primera muestra de la nueva “luna de miel” entre AMLO y los empresarios ocurrió el martes en el Senado de la República, donde por orden directa de Palacio Nacional y después de las presiones y el descontento que expresó la iniciativa privada, Ricardo Monreal tuvo que meterle freno de emergencia a las reformas legales que regulan el mercado del outsourcing en la planta laboral del país. “Tenemos que discutirla en parlamento abierto y escuchar a todos los actores, empresarios, trabajadores y demás”, dijo el líder de la mayoría senatorial en la carta urgente que envió la noche del martes a la presidenta del Senado, Mónica Fernández, para que “pospusiera” (o enfriara, según se entienda) la iniciativa que impulsó con todo el senador Napoleón Gómez Urrutia y que encontró apoyo total, por unanimidad, en las bancadas de Morena y sus aliados en el Senado. Ayer a Monreal lo vieron en Palacio Nacional, seguramente para dar parte de la “orden cumplida” y a Napoleón lo oyeron lamentando que se hayan doblado tan rápido por las presiones de los empresarios que, según el líder minero, “ni siquiera han leído la ley y por eso la atacan” y en la que Gómez Urrutia asegura que no se prohíbe totalmente la subcontratación y sólo se evita y se castiga al outsourcing ilegal que se utiliza para evadir impuestos y para explotar a trabajadores. En fin, que el matrimonio va viento en popa y Napo fue el primer damnificado… Se agitan los dados. Capicúa. Se repite el tiro.

Salvador García Soto
Autor de la columna “Serpientes y Escaleras”, Salvador García Soto es uno de los periodistas críticos con amplia presencia en los medios impresos y electrónicos de México.