La reinauguración del Estado Azteca, ahora llamado “Banorte” para efectos comerciales, fue un ensayo y un fiel reflejo de cómo se encuentra el país rumbo al tercer Mundial de Futbol que tendrá lugar en suelo mexicano.

A escasos 80 días de que comience la justa mundialista nuestro país tiene listas las tres canchas donde se disputarán los pocos partidos que nos dejó Donald Trump y, en general son tres estadios dignos y modernos para el evento; pero también, según se vio el sábado en la CDMX, tiene serios problemas y faltantes para terminar las obras aledañas a los estadios que garanticen accesibilidad completa y orden en los accesos y salidas de los partidos, además de que las estrategias de seguridad para garantizar tranquilidad, paz y la integridad de los que acudan a los juegos, tanto nacionales como extranjeros, aún no demostraron del todo su profesionalismo y eficacia.

Pero aún hay tiempo para que los gobiernos locales, empezando por el de la capital en donde Clara Brugada ha incumplido casi todo lo que se le encargó para modernizar y agilizar la movilidad y el mejoramiento urbano en los alrededores del Azteca, y los gobiernos emecistas de Jalisco y Nuevo León, de Pablo Lemus y Samuel García, demuestren que se resolvieron todas las indicaciones y compromisos que hicieron con el gobierno federal y con la FIFA para mejorar la accesibilidad, movilidad y equipamiento urbano en sus ciudades y en las sedes mundialistas, de tal modo que las condiciones físicas, urbanas y de movilidad se terminen al 100 por ciento.

Lo mismo pasa con la estrategia de seguridad llamada “Plan Kukulkan” que anunció el gobierno federal y que aún tiene que afinarse, mejorarse y profesionalizarse, para lo cual se anunció la llegada al país de 35 militares de élite del Ejército de Estados Unidos que capacitarán, entre el 3 de abril y el 1 de mayo, a las corporaciones civiles y militares de México, como policías estatales y la Marina, para los operativos de seguridad que se implementarán durante la justa mundialista en las tres sedes mexicanas y en todo el país, a fin de garantizar que la violencia del narcotráfico, las protestas sociales o cualquier otra amenaza a la seguridad del público, incluidas las amenazas terroristas, no empañen el evento internacional en nuestro país.

Pero lo más difícil y preocupante que se observó en el ensayo que fue la anunciada reapertura del estadio Azteca, en donde se inaugurará el Mundial 2026 el próximo 11 de junio, es que México no tiene, a unas semanas de la justa deportiva de la que será sede, una selección de futbol capaz de emocionar y representar dignamente al único país en el mundo que será tres veces sede de un mundial de futbol.

De no haber sido por la nobleza de la afición mexicana y por el gigantesco y potente aparato de mercadotecnia que tiene la Federación Mexicana de Futbol, el evento del sábado pasado hubiera resultado un enorme fracaso. La gente llegó masivamente, a pesar de lo difícil y complicado que fue arribar a un estadio aún no terminado en su remodelación total y sin estacionamiento. Con precios exorbitantes en los boletos, la comida y bebida y sorteando todos los obstáculos, el apasionado público mexicano hizo su parte para llenar el llamado “Coloso de Santa Úrsula” en su nueva etapa, puso el ambiente, la emoción la pasión…y también, como siempre, la gente volvió a vivir la decepción.

Porque, más allá del burdo truco publicitario de vender boletos ofreciendo la presencia del jugador Cristiano Ronaldo, a sabiendas de que la estrella de la selección de Portugal no vendría y que éstos traerían a su selección “B”, llena de suplentes y sin sus titulares principales, el público, esa masa fanatizada a la que los cronistas deportivos llaman “el jugador número 12”, estuvo ahí, con la cara pintada, con sus playeras de marca de 2 mil pesos (una semana de salario mínimo), y con todo el entusiasmo para apoyar a su selección y disfrutar de la remodelación y mejoramiento del santuario futbolero.

Pero lejos de corresponder al apoyo, el entusiasmo y el enorme esfuerzo de los mexicanos que acudieron al partido inaugural del remozado estadio, la selección que dirige Javier Aguirre se mostró tibia, apática y sin recursos ni pasión para regalarle a sus aficionados, y a todo este país tan urgido de cosas buenas, un triunfo que les diera esperanza de que la tercera puede ser la vencida y que México como local puede hacer un papel digno en este mundial tripartita. Ni siquiera a un Portugal con suplentes pudieron ganarle los que serán anfitriones el próximo mes de junio y la gente salió del partido y del renovado estadio, como cada quien quiera llamarlo, decepcionada, gastada y desesperanzada.

No es gratuito que las encuestas que han estado realizando varias casas encuestadoras en los últimos meses, sobre el ánimo de los mexicanos rumbo al mundial, arrojen resultados preocupantes en los que si bien la gente muestra entusiasmo por ser sede mundialista, sabedores de los beneficios económicos, empleo y derrama que deja al país este evento, al mismo tiempo se digan escépticos y muestren bajo interés y expectativas sobre el papel que tendrá su seleccionado nacional en este evento.

Siete de cada 10 mexicanos, es decir el 70% de encuestados, dice tener “poco interés o de plano ningún interés” en el desempeño de la Selección Mexicana en el mundial. El pésimo desempeño de los últimos partidos de la Selección y el que el entrenador Javier Aguirre no haya mostrado hasta ahora un estilo de juego atractivo y efectivo en el equipo verde, es parte de lo que reflejan las encuestas y que ya se manifestó en abucheos y rechazo en el partido que jugaron el sábado en el Azteca, y de todos los sectores de la población, según los sondeos, los jóvenes son los más desinteresados en el Mundial a partir de que no ven expectativas en el equipo nacional.

Casas acreditadas como Mitofsky, de Roy Campos, y Parametría, de Francisco Abundís, reportan en sus últimas encuestas sobre el Mundial, que la afición futbolera no es ya tan generalizada como se creía en México, pues solo un 55% por ciento de los encuestados dijo que le gusta el futbol, mientras 45% dijo no gustar de este deporte, e incluso un 44% no estaba enterado, en diciembre de 2025, de que México sería sede del Mundial de Futbol, según la encuesta de Parametría.

Mientras tanto los datos de Mitofsky confirman las pocas o nulas expectativas y entusiasmo que despierta hoy la Selección Mexicana. Solo el 7.5% de los encuestados afirma tener “mucho” interés en el Mundial, mientras que 19.4% dice tener un interés “regular”. En contraste, 27.5% señala tener poco interés y 42.7% declara no tener ninguno. En conjunto, el 70.2% de los mexicanos se ubica en el bloque de desinterés frente al torneo más importante del futbol internacional.

En conclusión, a la luz de lo que se vivió el domingo en el Azteca, y también esta semana en dos juegos de repechaje en Guadalajara y Monterrey, se puede afirmar que si bien México está avanzando y aún tiene tiempo para terminar de acondicionar sus estadios, garantizar movilidad y accesibilidad plena, y confirmar que la estrategia de seguridad “Kukulkan” funcionará para proteger a propios y turistas de amenazas de violencia o disturbios de cualquier tipo durante el evento, lo que no tiene nuestro país y le urge tener, es una Selección competitiva, comprometida y digna que represente y corresponda al ánimo futbolero y al millonario gasto que realizarán los asistentes al Mundial.

Para decirlo claro, conciso y preciso: tenemos mucho estadio, pero para tan poca y pobre Selección de futbol.

NOTAS INDISCRETAS… Ayer en un evento en Tlalpan, con mujeres campesinas a las que les entregó títulos de propiedad, la presidenta Claudia Sheinbaum volvió a regodearse de su popularidad y dijo que, a diferencia de otros presidentes “que fueron impuestos por las élites”, ella llegó al cargo impulsada por el respaldo popular. La realidad es que todos los últimos presidentes han llegado a ocupar esa posición por el voto popular, tan popular como el que hizo ganar a la doctora. Pero a final de cuentas, por más popular que sea un gobernante --y a estas alturas los mexicanos ya lo aprendimos bien primero con Fox, luego con Peña Nieto y después con López Obrador-- eso no es garantía de que ese presidente o presidenta pueda hacer un buen gobierno y resuelva los problemas más graves y urgentes que afectan a los mexicanos. Por ejemplo, con toda su popularidad, Sheinbaum no ha podido convencer a los inversionistas y empresarios nacionales y extranjeros de que inviertan su dinero en obras de infraestructura, crédito y empleos para el país. La caída y el alejamiento de inversiones millonarias que se reporta oficialmente en lo que va de su gobierno, no tiene nada que ver con su popularidad ni con sus discursos demagógicos o sus dádivas en dinero a los mexicanos. Tiene que ver con la desconfianza y la incertidumbre que la misma doctora ha provocado en el país con sus reformas radicales e ideológicas como las de eliminar a la antingua Corte para crear una nueva, con militantes de su partido y jueces, magistrados y ministros sin experiencia ni conocimientos y que, como las ministras Lenia Batres o Estela Damián, dan todos los días cátedras de ignorancia, radicalismos y ocurrencias en el máximo tribunal del país, por no hablar de jueces sin conocimientos que dictan sentencias absurdas o magistrados que actúan basados en su filiación política. Eso es lo que asusta a los inversionistas locales y extranjeros, que no ven seguridad ni certeza jurídica para invertir su dinero en el país. Y la presidenta lo sabe, pero lejos de remediarlo y corregir lo que tenga que corregir en su fallida Reforma Judicial, se empeña en seguir haciendo reformas ideológicas y radicales a la Constitución como sus fallidos Plan A y Plan B, más los que vengan, de la reforma electoral. Tan lo sabe la presidenta, que en su reciente reunión con los industriales y empresarios más grandes de México, en la Caintra de Monterrey, hizo un llamado urgente, casi desesperado, para que los empresarios nacionales inviertan en el país y le ayuden a detener lo que parece un caída inevitable de la economía nacional en los próximos meses. Así que más que apelar a su gran popularidad o andar presumiendo su legitimidad que todo mundo reconoce y nadie le escatima, sería el momento de que la doctora se enfoque en corregir lo que ha hecho mal, primero ella y luego su antecesor, al que sigue protegiendo y encubriendo a pesar de los desfalcos millonarios que le hizo al país con sus obras malhechas y caprichosas, y con la enorme corrupción que permitió y protegió en su gobierno, por no hablar de su pacto inconfesable con los capos de la droga. Eso sí que le daría legitimidad y aún más popularidad, incluso con los que hoy la cuestionan y critican, a la doctora que se dice investida de un aura popular… Los dados mandan Serpiente. La Semana Santa no se ve tan santificada.

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