Esta semana el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, anunció, en su calidad de jefe del grupo negociador de México, que el próximo 1 de julio será la fecha clave en la que se sepa cuál será el destino del TMEC, una vez que se defina ese día si el tratado con Estados Unidos y Canadá continúa y se prorroga por 16 años más; si dicho tratado se modifica y da lugar a nuevos acuerdos bilaterales entre los tres países o si de plano se cumplen las amenazas del presidente Donald Trump y el acuerdo comercial que convirtió a la región de Norteamérica en una de las más productivas del mundo, desaparece.

La decisión que se tome dentro de 10 días en Washington impactará sin duda a los tres países que hoy integran el TMEC y cuyas economías están indiscutiblemente integradas y vinculadas entre sí y, según lo que se decida hacer con el acuerdo trilateral, mejorará o cambiará también los equilibrios y flujos del comercio regional de Norteamérica, impactando de distinta forma a cada uno de los tres países. Y en el caso particular de México, de la permanencia, modificación o cancelación del tratado depende en buena medida la estabilidad de su economía que podría resultar la más afectada en caso de un cambio drástico del tratado o de su eliminación.

El equipo negociador mexicano, que estuvo en Washington hasta mediados de esta semana, encabezado por Ebrard Casaubón, sostuvo intensas pláticas y negociaciones con el equipo de los Estados Unidos, que encabezó el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer. Las exigencias, propuestas y planteamientos de México, ante las presiones estadounidenses, quedaron ya establecidas y sin duda el gobierno mexicano tuvo que ceder en temas como las reglas de origen de la industria automotriz (donde Trump presiona fuerte por un 50% de componentes estadounidenses en los autos que le exporta México), en el sector energético, donde la presidenta Sheinbaum tuvo que flexibilizar y abrir la política ideologizada del obradorismo, y en algunos otros temas agrícolas.

En la tensa espera de aquí al 1 de julio, el secretario de Economía se mantiene al pendiente de cualquier dato o información que solicite el grupo de los Estados Unidos. Ebrard sabe bien que del éxito o fracaso de esta negociación, que le fue encargada por la presidenta Sheinbaum, depende en mucho su futuro político. Porque un buen resultado para México, con un TMEC que permanezca, aún con cambios y concesiones del lado mexicano, sería sin duda un logro político para Marcelo y su equipo, pero también por el contrario, un acuerdo con más ventajas para Estados Unidos que para México o, en el peor de los escenarios, una finalización del tratado comercial, sería un fracaso fuerte para el país y también para Ebrard.

En cualquiera de los casos, según comentan en su círculo cercano, el secretario de Economía está apostando a la negociación del TMEC como su última acción dentro del gabinete de la presidenta Sheinbaum. En cuanto se defina el rumbo del acuerdo comercial, Ebrard empezará a hacer maletas para presentar su renuncia, acordada con la doctora, para regresar a su escaño en el Senado, al cual solicitó licencia en noviembre de 2024 cuando fue invitado a ocupar la cartera de Economía en el gabinete presidencial.

Su regreso al Senado es parte de la decisión que ha tomado Marcelo de comenzar a “caminar” el país a partir del próximo año y con miras a evaluar la posibilidad de buscar la candidatura presidencial de Morena para el 2030. Sería el tercer y último intento del político capitalino que en 2012 y 2018 ya buscó ser candidato, primero por el PRD y luego por Morena, pero en ambos casos fue obligado a dejar pasar, primero a López Obrador a quien le había ganado dos de tres encuestas perredistas, y luego a Claudia Sheinbaum, quien según los resultados del proceso interno lo superó por amplio margen, aunque en su momento Ebrard se negó a reconocer dichos resultados.

Y aunque parece muy temprano para pensar en la elección presidencial, la experiencia y el colmillo que le han dejado sus dos intentos frustrados, parecen estar detrás de la decisión que tomará el excanciller, sabedor de que tampoco en esta ocasión tendrá un escenario fácil para su tercera aspiración presidencial. Si bien no parece tener mucha competencia en el gabinete presidencial o entre los gobernadores de Morena, donde difícilmente hay alguien que lo iguale en experiencia y trayectoria, Marcelo sabe bien que, de nueva cuenta, no será el favorito del movimiento en el que milita, aunque su apuesta es más bien a ser el necesario.

Salvo Omar García Harfuch quien aparece ya mencionado en encuestas y trae -él sí bien puesta- la etiqueta del “favorito” de la Presidenta, Morena no tiene al día de hoy cuadros o perfiles que tengan tamaño de presidenciables, empezando por la Jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, cuya popularidad y niveles de conocimiento nacional son bajos, y siguiendo por todo el gabinete y los polémicos gobernadores y gobernadoras morenistas. El problema de Omar, lo sabe bien Marcelo porque a él ya le pasó, es que difícilmente tendría el apoyo del presidente López Obrador, por lo que se ve mucho más viable para el supersecretario de seguridad, un segundo intento por la Jefatura del gobierno capitalino en el 2030.

Así que sin certezas totales pero también sin dudas, Marcelo Ebrard Casaubón, dicen sus cercanos y amigos, está decidido a buscar la tercera esperando que le resulte la vencida. Por lo pronto, en espera de las definiciones del TMEC en las que puso su mejor esfuerzo y su experiencia, el titular de Economía alista su ruta para una salida tersa y pactada que le permita volver a las actividades del Senado y desde ahí comenzar su recorrido nacional en busca de lo que se le escapó o se la arrebataron en ya dos ocasiones.

NOTAS INDISCRETAS…

En la renovada alianza de conveniencia entre Morena, el PT y el PVEM, no todo es miel sobre hojuelas. Si bien los dos aliados que se rebelaron a algunas iniciativas presidenciales y que se quejan de malos tratos y discriminación por parte del partido gobernante, decidieron acompañar de nuevo al morenismo en las elecciones federales y estatales del 2027, el acuerdo tiene esta vez letras chiquitas y condiciones puntuales que exigieron los aliados para no ser arrasados por Morena en sus procesos internos. Por ejemplo, el PVEM asegura poder ganar las encuestas en al menos cinco estados y no piensa permitir una imposición morenista en donde sabe que puede ganar las gubernaturas. Es el caso de Colima, donde los verdes apoyan a la alcaldesa de Manzanillo, Rosy Ballardo, quien puntea en las encuestas; lo mismo pasa en Nayarit, donde según los sondeos del PVEM, su senadora Jazmín Bugarín le saca hasta 10 puntos a la alcaldesa morenista de Tepic, Geraldine Ponce. También está el caso de Quintana Roo, donde los verdes afirman que Eugenio Segura, senador morenista al que ellos apoyan, ganará la encuesta interna. Por supuesto el caso de San Luis Potosí es aparte porque, ante el prurito antinepotista de Morena, el PVEM lo dejó fuera de la alianza. Así que, si bien en el discurso y la foto van de la mano y unidos, en lo interno, la coalición con Morena sólo la mantendrán si el partido oficialista no se quiere agandallar todas las candidaturas y respeta aquellos estados donde le ganen sus aliados…Con un “bono” en la bolsa, cuyo monto no quisieron revelar, los dirigentes de la CNTE aceptaron finalmente retirar su plantón, ante el desgaste y el debilitamiento que ya registraba su “huelga nacional”. El bono les fue otorgado por la SEP de Mario Delgado, según revelaron ayer los propios líderes de la Coordinadora y, aunque aseguran que no fue para retirar el plantón, al final, en cuanto sonó la caja registradora y el gobierno aflojó recursos, supuestamente para el otorgamiento de plazas, los cerca de 2 mil maestros disidentes que quedaban comenzaron ayer a retirar sus casas de campaña y a desbloquear el Centro Histórico para regresar cansados, desgastados pero con su “bono” a sus lugares de origen. La petición de Mario Delgado fue que ayudaran a los niños a terminar el ciclo escolar que dejaron inconcluso por venirse a las marchas, aunque los maestros hasta bromas le hicieron al secretario de Educación que hoy se dice preocupado por que terminen el ciclo escolar, cuando fue él quien proponía recortarlo casi un mes para que los niños pudieran ver el Mundial. En fin que, tal y como se lo dijimos en esta columna, tuvo que entrar al quite un operador experimentado como el diputado Ricardo Monreal, quien aunque lo niega, sí estuvo apoyando y asesorando las nuevas negociaciones en Bucareli por instrucciones de la Presidenta, lo que claramente destrabó la falta de acuerdos. Es decir, que lo que no pudieron hacer los tres secretarios a los que la doctora les pidió conducir la negociación con la CNTE en 16 días, lo terminó haciendo el operador zacatecano en apenas dos días. Lo dicho, lo que le falta al gabinete presidencial son operadores de experiencia y no recomendados…Los dados cierran con Escalera Doble. Vamos México, que soñar no cuesta nada.

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