La ministra Lenia Batres se está convirtiendo no sólo en la voz más radical e ideologizada de la Suprema Corte, que pretende imponer posiciones, visiones y hasta criterios políticos individuales en la interpretación de la Constitución General de la República, sino que también su actuación y su necedad, se convierten en una amenaza para los principios jurídicos más básicos que deben regir la interpretación constitucional y de las leyes que rigen al país: justicia, libertad, igualdad, legalidad (nadie puede hacer lo que no está prohibido) y la seguridad y certezas jurídicas.
Los ejemplos del errático, egocéntrico y peligroso actuar de Batres abundan en apenas cinco meses que lleva de instalada la nueva Corte. Pero el de ayer es, sin duda, la representación perfecta de que la “ministra del pueblo” no buscó la reelección en su cargo para tratar de convertirse en una “garante del derecho y la justicia” en la nueva era del Poder Judicial, sino más bien lo que Lenia intenta es convertir al máximo tribunal del país en una suerte de Asamblea ideológica y política, en la que se imparta justicia de acuerdo a los criterios del movimiento político lopezobradorista e izquierdista, en el que ella y casi toda su familia militan y representan el ala más radical que busca hacerse del poder y del control político.
Batres quiere convertir a la Corte en una suerte de “Comuna de París” en la que lo que se dicte, más que justicia, sean venganzas, castigos y persecuciones en contra de quienes no piensen como el régimen y disientan de sus postulados políticos y del discurso oficial. De otro modo no se entiende el vergonzoso momento y el berrinche que protagonizó ayer la ministra cuando una mayoría contundente de ministros, 7 de los 9, votaron a favor de eliminar un párrafo, el número 52, de un proyecto de sentencia en el que se insistía en un debate que ya había desechado el pleno judicial sobre la reapertura de sentencias ya dictadas por la Corte y la permanencia del principio de la “cosa juzgada” y la certeza de las decisiones judiciales.
Y es que en la sesión pública de ayer en la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), se presentó un desacuerdo cuando la mayoría de siete ministras y ministros votara en contra de un párrafo que no tenía nada que ver con el asunto que se votaba y que fue incluido por Batres contraviniendo el criterio, previamente adoptado por la mayoría, que dice que “la eventual reapertura del debate judicial, respecto de una resolución absolutoria firme, vulneraría las garantías de seguridad jurídica y cosa juzgada que amparan a la persona favorecida con el fallo del amparo liso y llano”.
El párrafo que defendió hasta la ignominia y que se negó a aceptar que fuera eliminado Batres Guadarrama, con todo y la votación de la mayoría, decía textual: “Finalmente es importante precisar que este pronunciamiento no prejuzga sobre el criterio que la nueva integración de la Suprema Corte pudiera adoptar en torno a la figura de la cosa juzgada fraudulenta”.
Ante el berrinche de Lenia, que fue aceptado y tolerado por el ministro presidente Hugo Aguilar Ortiz, contraviniendo el mandato de la mayoría de 7 ministros, se desató un debate sobre los límites del proyecto y el carácter colegiado de las resoluciones de la Corte. Fue la ministra Yasmín Esquivel quien, a nombre de sus compañeros, fijó una postura contundente al recordarle a Batres y a Ortiz que las decisiones de la Suprema Corte deben ser resultado del consenso mayoritario, tal como lo dicta la Constitución, y no del capricho o la voluntad individual. “Resulta jurídicamente imposible que una sentencia contenga expresiones y decisiones que no son fruto del consenso de mayoría. Las decisiones que aquí se toman no representan ni deben representar la voluntad individual de una de las personas ministras, pues ello de ser así se estaría atentando en contra de lo que la mayoría decide deliberando democráticamente”.
Al final la ministra Lenia, que sólo tuvo el apoyo de su compañera Sara Irene Herrerías, y cuya actitud irregular y que desconoce la esencia de la Corte como órgano colegiado donde decide la mayoría, fue apoyada por el débil presidente en el que se ha convertido Hugo Aguilar, terminó acusando a la mayoría de ministros de querer modificarle su proyecto de sentencia y de “aplicarme una regla que no existe” sobre la votación mayoritaria que le ordenaba modificar su proyecto, cuando ella invocaba un voto particular y concurrente y acusaba que se le aplicó una norma que no existe.
“Si se insiste en querer suprimir un párrafo de mi proyecto, porque es mi proyecto y así va aparecer en la sentencia publicada, ustedes están cambiándolo, tienen el derecho de emitir un voto concurrente o un voto particular, parece que no quieren hacerlo y quieren cambiar las reglas; está bien, si insisten supongo que va a atenerse a eso, no me parece adecuado, lo asumo bajo protesta, en todo caso le pido a este pleno que cambie formalmente las reglas y no las asuma de manera precipitada”, dijo Batres en su negativa a aceptar que la mayoría podía votar para que se modificara su proyecto y el párrafo mencionado.
Al parecer a Lenia ya no la siguen los ministros que en algún momento votaron con ella y a los que internamente se referían como el “bloque negro” de la Corte; pero con todo y ello la ministra ahora cuestiona la facultad de la mayoría para decidir en el pleno judicial y pretende que sus proyectos, fallos y resoluciones tengan más peso que el de la mayoría, aun cuando solo ella los defienda a contracorriente no sólo de sus compañeros, sino del sentido común, de la Constitución y los principios más básicos del derecho y del sistema jurídico mexicano.
Es decir que, más que juzgadora, la ministra Lenia Batres se asume como “justiciera” y lo hace desde su militancia política y su muy personal ideología. Claramente ella no está sola y la respalda el grupo más radical del morenismo en el que se ubica su hermano, el director del ISSSTE, Martí Batres, la Jefa de Gobierno de la CDMX, Clara Brugada, y el secretario de Gobierno capitalino, César Cravioto. Se diría, a partir de sus posiciones, debates y hasta berrinches, que Batres más que “ministra del pueblo” es la “guerrillera” de los duros de la 4T al interior de la Corte.
NOTAS INDISCRETAS… Otra reunión de emergencia anoche en Palacio Nacional a la que se vio llegar a las cúpulas morenistas del Congreso, con Adan Augusto López y Ricardo Monreal, lo mismo que a secretarios del gabinete como Rosa Icela Rodríguez y Mario Delgado, además de los dirigentes de Morena, Luisa María Alcalde y el polémico Andrés Manuel López Beltrán. Oficialmente se dijo anoche que el tema a tratar en el intempestivo encuentro con la presidenta era la “Reforma Electoral” y los apuros de la bancada oficialista para convencer a los aliados sublevados y que quieren vender caro su amor y su voto hacia la reforma presidencial, pero en medio de las fotografías de aviones de guerra aterrizando en Toluca y la intensa actividad de aviones militares estadounidenses sobrevolando partes del territorio nacional, tal parece que más que la Reforma de Sheinbaum, el motivo de la llegada de morenistas al Palacio tiene que ver con la enorme presión que está ejerciendo Donald Trump y su gobierno para que la doctora acepte sus condiciones en el combate al narcoterrorismo mexicano. Igual ocurrió la semana pasada con otra reunión similar también convocada de último momento. Así que, ya sea de la atorada reforma electoral, o del no menos atorado entendimiento con la Casa Blanca, en todo caso parece que ambas cosas, la iniciativa presidencial y la tensa y presionada relación con Estados Unidos están pasando por un momento más que crítico… Aunque la embajadora Josefina González Blanco se hizo famosa por su pretencioso acento británico y su pronunciación de la palabra “September”, ahora la política metida a diplomática deja Londres en medio del escándalo por las denuncias de maltrato y acoso laboral que interpusieron varios trabajadores de la embajada mexicana en el Reino Unido. Los testimonios hablan de que, más allá de su falso flematismo y exagerado acento inglés, la señora Josefina más bien actuaba como terrateniente chiapaneca sacada de un libro de Rosario Castellanos, que trataba a sus trabajadores y colaboradores en la sede diplomática con el mismo desprecio y prepotencia con el que los caciques blancos trataban a los indios chiapanecos. Dicen que origen es destino y parece que por más que quisiera emular a Lady Di o pronunciar el inglés como la mismísima reina Isabel, al final a González Blanco le salió su educación de oligarca y ladina de la élite más rancia, racista y clasista de Chiapas… Los dados mandaron doble Serpiente. Caída para la necedad y la prepotencia.

