La guerra por Radiópolis: Cabal-Alemán vs. Prisa

Salvador García Soto

La que comenzó como una batalla política, por el control editorial de uno de los sistemas de radio más antiguos del país, hoy se ha convertido en una guerra jurídica en la que los dos grupos involucrados, con sus equipos de abogados de por medio, librarán una larga pelea en la que no sólo se definirá quien define la línea editorial de W Radio y todas las estaciones del Sistema Radiópolis, sino que al estar involucrados contratos previamente firmados este será un caso jurídico emblemático para el Estado de derecho en México, el respeto a la inversión extranjera y sobre todo de la presión que algunos medios de comunicación y comunicadores están recibiendo.

En los extremos de este pleito legal están de un lado el Grupo Alemán, que es la parte formal, pero en la realidad aparece también el empresario tabasqueño Carlos Cabal Peniche como el operador principal de los nuevos socios de Radiópolis; y del otro lado los españoles de Grupo Prisa, que hasta ahora detentaban el control editorial del grupo radiofónico que incluye 17 estaciones, de acuerdo a los términos del contrato que firmaron con su antiguo socio Televisa. La confrontación que se desató la semana pasada, en la que la dupla Alemán-Cabal tomó por la fuerza y con una Asamblea cuestionada el control físico de las instalaciones e impuso a un nuevo director, comenzó con una celada que la parte mexicana le puso a los españoles de Prisa para arrebatarles la dirección de la empresa.

De acuerdo con fuentes internas, el martes 25 de agosto, Miguel Alemán Magnani, socio formal del 50% de lo que antes era Televisa Radio, ahora Sistema Radiópolis, invitó a comer a la Fundación Miguel Alemán al Director General de las estaciones de radio, Francisco Cabañas, un veterano directivo de medios nombrado por la cúpula de Prisa en España. A su llegada a la comida, Cabañas se topó con la sorpresa de que en la Mesa estuviera Carlos Cabal Peniche. Muy pronto empezaron los agravios de Cabal contra los españoles de Prisa y en su florido lenguaje tropical, el exbanquero y empresario, que estuviera preso por defraudación, dejó muy claro también que lo que buscaban era el control editorial de la W-Radio, la estación noticiosa de Radiópolis.

Según la reconstrucción de las fuentes consultadas, al ser informado Cabal de que un diferendo con España pondría en incertidumbre a los anunciantes de las estaciones de radio, el empresario del sureste reaccionó en tono burlón diciendo que “el dinero de los anunciantes no le importaba. Que lo que quería era el control editorial”. Justo cuando la discusión subió de tono, Alemán Magnani dijo que iba al baño, pero fue la coartada para que ingresaran al salón donde se llevaba a cabo la comida una docena de abogados y notarios que claramente estaban preparados para intimidar al funcionario de Radiópolis. Lo más extraño, dicen las fuentes de Prisa en España, es que Miguel Alemán Magnani ya nunca regresó a la reunión, que dejó completamente en manos de Cabal Peniche, lo que deja ver claramente que quién manda en Sistema Radiópolis, por parte de la inversión mexicana, es Cabal.

De hecho, se creó un nuevo fideicomiso que controla la parte de inversión mexicana en el Sistema Radiópolis y en ésta, según ha informado Prisa, ya el 90% de esa inversión es propiedad de Cabal Peniche y solo 10% de la familia Alemán. Lo mismo ocurre en Interjet, que ha recibido un financiamiento de 150 millones de dólares del empresario tabasqueño, incluso se comenta que tanto Cabal como otro personaje del sureste, Amado Yáñez, de Oceanografía, ya despachan en las instalaciones de la Fundación Alemán.

Lo interesante de todo esto que está aflorando en el pleito por la W y por Radiópolis es que  ambos empresarios, Cabal Peniche y Amado Yáñez, uno salinista y el otro beneficiado por los gobiernos del PAN y perseguido y acosado por Peña Nieto, buscan regresar a los grandes negocios, luego de haber estado encarcelados los dos por temas financieros, pero intentan tener para ello un “brazo mediático” que les sirva no solo para operar a favor de su causa, sino también para quedar bien con la 4T y ganarse la confianza, los favores y por supuesto los grandes contratos y negocios en el gobierno del presidente López Obrador.

Cabal Peniche de hecho ha sido exitoso en involucrarse con la 4T. Varios funcionarios de alto nivel le han venido ayudando para ganar espacios y negocios en este gobierno, a pesar de que el propio Presidente tienen dudas sobre si su gobierno debe seguirse vinculando con el empresario salinista. De hecho, una de las últimas operaciones que autorizó Ricardo Rodríguez como titular del Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado (INDEP) fue la compra de millones de metros cuadrados de terrenos en Campeche que hizo Cabal Peniche por un precio de ganga inferior a los 8.9 millones de pesos.

Cuando López Obrador se enteró de esta operación ordenó la destitución de Ricardo Rodríguez del INDEP. La salida que le dieron, para no generar un escándalo, es que sería candidato en el Senado a la Defensoría de Contribuyente, pero nunca no lo fue, pues era impensable dar un puesto a alguien que hizo movimientos más que cuestionables por el patrimonio que se debía “devolver” al pueblo. Posteriormente, Hacienda, la UIF y el INDEP –ya con nueva titular– echaron para atrás la operación con la que Cabal Peniche trató de tomar ventaja de la 4T.

Pero eso no quita que Cabal insista en “ayudar” para conseguir el favoritismo del gobierno lopezobradorista y en ese contexto es que planeó y operó la estrategia que en el mundo de los negocios denominan “hostile take over”  y en lenguaje coloquial sería la toma por asalto o por sus pistolas del Sistema Radiópolis. El objetivo era claro: tomar todo el control editorial y definir qué se dice en los noticiarios y quién lo dice. Y para ello sus abogados hicieron una estrategia al estilo “chicanada”, basada en una cuestionable asamblea en donde nunca se convocó al socio español, pero que sí validó un juez local en la CDMX y el argumento de que se viola la Ley de Inversión Extranjera fue ideado por el abogado Luis Cervantes.

La respuesta de Prisa al embate de sus nuevos socios ha sido clara y ha decidido dar la batalla en los tribunales para lo que contrató en la parte penal a Alonso Aguilar Zínser y en lo civil al despacho de Ramírez Ornelas. La batalla será en todos los frentes: penal, mercantil, administrativo y telecomunicaciones. Y desde luego están en duda las inversiones que extranjeros hacen, en este caso desde el 2001, en nuestro país. De hecho, este tema, junto con los constantes ataques a las empresas energéticas españolas en México, han hecho sonar las alarmas en el Palacio de la Moncloa en Madrid.

Por lo pronto, el primer round lo han ganado los que se denomina los inversionistas mexicanos, entiéndase realmente Cabal Peniche, al nombrar nuevo Director General, tomar instalaciones estratégicas y lograr que un juez local aprobase la asamblea convocada unilateralmente.

Lo interesante será ver qué posición toma en todo esto el gobierno de la 4T, que tiene una relación cercana con la familia Alemán a los que ha defendido públicamente e intentó apoyarlos y mediar cuando tuvieron sus demandas por incumplimiento con Televisa. No parece que la operación para la toma de las instalaciones de los españoles en México haya sido siquiera notificada al Presidente, aunque varios en el gobierno y desde luego en el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México parecen dispuestos a hacer cualquier cosa para intentar agradar a López Obrador y a los que consideran sus aliados. Sólo que en este caso no está claro si Cabal Peniche es en realidad un “aliado” del Presidente, porque ha sido directamente él quien ha dado órdenes para quitarle negocios indebidos a su paisano tabasqueño tanto en el INDEP como en el Banco del Bienestar.

En fin, que ya inició la guerra por Radiópolis y va para largo. Veremos cuál de los dos socios, Prisa y Cabal-Alemán, tiene la mejor estrategia y los mejores abogados para definir quién controla la parte editorial y los contenidos informativos de W Radio. Por lo pronto, los españoles de Grupo Prisa, que siempre se quejaron de que su relación con Televisa no era la mejor, hoy con el tiburón tabasqueño que los está cazando, aún no está claro si con el apoyo de la 4T, terminarán extrañando a sus antiguos socios.

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