La cumbre de la CELAC, ¿éxito o fracaso?

Salvador García Soto

Aunque fue un logro diplomático, terminó opacada por la polarización y la división

La Cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe, ocurrida este fin de semana en México, generó más polémica que resultados concretos para los países cuyos presidentes asistieron al encuentro que tuvo lugar en el Palacio Nacional. La asistencia de los mandatarios de varios países que acudieron a la convocatoria del gobierno de López Obrador si bien fue un logro diplomático, terminó opacada por la polarización y la división que afloró en el encuentro, donde la presencia de Nicolás Maduro y Miguel Díaz Canel, cuestionada por Uruguay y Paraguay, terminó siendo más un elemento de tensión y protagonismo excesivo que le restó claridad y legitimidad a los consensos alcanzados.
 
El desplante del mandatario uruguayo, Luis Lacalle, que cuestionó la violación de derechos humanos y la represión, y la falta de democracia y equilibrio de poderes en Cuba y Venezuela, en tono de abierto reproche al presidente anfitrión López Obrador, fueron el reflejo de una operación diplomática que se salió de control para la cancillería mexicana, encabezada por Marcelo Ebrard, que se enteró, según por sorpresa —de acuerdo con la versión oficial— el viernes en la noche de la asistencia de Nicolás Maduro, que ya venía volando a territorio mexicano sin que lo supieran los organizadores, en algo que fue una abierta provocación del dictador venezolano y que le complicó toda la Cumbre a la administración lopezobradorista.
 
México, que en la visión oficial se anotó un “gran logro diplomático” por haber logrado realizar una cumbre presidencial en la CELAC, que no ocurría desde 2017, en la que además pudo sentar a la mesa a gobiernos lo mismo de derecha que de izquierda y hasta las dictaduras de la región, terminó siendo rehén de las diferencias ideológicas del hemisferio y de los intereses de Estados Unidos, que claramente se movieron también este fin de semana para tratar de evitar el objetivo original que se habían planteado en el gobierno de López Obrador y sus aliados de Argentina, Cuba y Venezuela, para esta reunión: el inicio de un consenso para sustituir y desaparecer a la OEA para dar paso a un nuevo organismo regional y multilateral, algo que quedó muy lejos en la declaratoria final del encuentro.
 
Dos días antes de que los presidentes de Uruguay y Paraguay viajaran a México, ambos recibieron la visita en sus respectivos países del presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Mauricio Clover Carone, quien en reuniones con Luis Lacalle y Mario Abdo comprometió apoyos y financiamientos para las dos naciones del cono sur por parte del organismo con sede en Washington. Clover Carone, quien fuera un cercano colaborador del expresidente Donald Trump e influyera en la política de abierta confrontación que este tuvo con Cuba y Venezuela, habló en Asunción y Montevideo de grandes proyectos como convertir a Uruguay en el “nuevo Silicon Valley del sur”. Es claro que la presencia y los ofrecimientos del BID, para esos países sudamericanos en la víspera de la CELAC no fueron una mera coincidencia.
 
Como tampoco lo fue que Nicolás Maduro, contrario al compromiso que había hecho con López Obrador, de que él no asistiría personalmente al encuentro en Ciudad de México y sólo enviaría a su vicepresidenta Delcy Rodríguez, tampoco fue casualidad y sumado al abierto activismo y protagonismo de Díaz Canel en México, sólo se prestan a dos interpretaciones: o el gobierno mexicano y su canciller pecaron de ingenuidad y cayeron en el juego de Cuba y Venezuela porque no midieron el impacto de traer a dos dictadores condenados por Washington y por el mundo por sus acciones represoras y antidemocráticas, o de plano fue una estrategia perversa de la administración lopezobradorista para ocultar hasta el momento de su arribo la polémica presencia de Maduro y fortalecer, junto con sus elogios y respaldos al cuestionado Díaz Canel, la formación de un eje de izquierda que, junto con Argentina, tomara el control de la OEA y la transformara para sacarla del control histórico de Estados Unidos.
 
Porque esa fue la otra enorme “casualidad” que sucedió en la víspera de la cumbre latinoamericana y del Caribe: que al candidato a nuevo presidente de la CELAC y aliado de López Obrador, Alberto Fernández, le estalló una fuerte crisis en el gobierno de Argentina con la renuncia de medio gabinete y la presión directa de su jefa política, Cristina Fernández de Kirchner, para desarticular la participación del mandatario argentino que ya no pudo viajar a México y que además destituyó a su canciller… mientras este volaba rumbo a la capital mexicana.
 
Por todo eso el éxito o fracaso de la Cumbre de mandatarios de la CELAC, que no sólo terminó atrapada en la confrontación regional entre izquierdas y derechas sino también en la polarización y división entre mexicanos que la calificaron unos como “gran logro diplomático de López Obrador y Ebrard” y otros como “un rotundo fracaso del presidente mexicano y de su canciller”, dependerá más que la óptica con que se vea o de las percepciones e intereses, de los resultados concretos que arroje este encuentro.
 
En su reciente visita a Washington, el pasado 9 de septiembre, el canciller Marcelo Ebrard dijo en una conferencia de prensa en la embajada mexicana que el objetivo central del encuentro del sábado 18 en Palacio Nacional, era empezar a trabajar un consenso para una “transformación total de la OEA” y para definir si ese organismo debía permanecer o ser sustituido por uno nuevo, para presentarles una propuesta concreta, producto de ese consenso latinoamericano, a Estados Unidos y Canadá en marzo de 2022. Al menos ese objetivo parece que no avanzó mucho el fin de semana y es claro que las diferencias que afloraron en la Cumbre, el excesivo protagonismo de actores como Maduro y Díaz Canel, junto con el papel jugado por Lacalle y la ausencia de Fernández, pasaron el intento de cambiar a la OEA para mejor ocasión.
 
Sin menospreciar acuerdos como la producción propia de vacunas en la región, la creación de una agencia espacial latinoamericana y los idealistas llamados del presidente López Obrador para una integración comercial y nacional en la América Latina, al estilo de la Unión Europea, todos esos son hasta ahora planes y muy buenas intenciones para avanzar hacia una vecindad y un bloque regional que haga contrapeso al gigante del norte y permita que las naciones de América Central y de Sudamérica avancen hacia nuevos niveles de desarrollo y resuelvan las condiciones de pobreza, desigualdad, ausencia de legalidad, inseguridad y violencia que privan histórica y estructuralmente en esta región del continente. Eso y el sueño revivido en Palacio Nacional, de convertir a México y a su presidente en un “nuevo líder latinoamericano”, siguen siendo un sueño más guajiro que bolivariano.

NOTAS INDISCRETAS…

Paradojas de la vida, pero el gobierno de López Obrador que propuso e impulsó en la Cumbre de la CELAC la creación de un “Fondo Regional para la Atención de Desastres Naturales”, propuesta que por cierto fue aprobada a mano alzada por los mandatarios y representantes de los países latinoamericanos, es el mismo gobierno que aquí, en su casa, desapareció del presupuesto el Fonden o Fondo de Desastres Naturales que durante décadas funcionó para apoyar y ayudar a poblaciones, municipios y estados que caían en situación de desastres por fenómenos climáticos o ambientales. ¿Cómo entender que la 4T impulse un Fonden regional si el que teníamos en casa lo desaparecieron, justo ahora que los desastres y tragedias por causas naturales se están incrementando con los efectos del cambio climático? Solo se entiende con el conocido refrán de “candil de la calle y oscuridad de la casa”… Anoche se publicó el proyecto de sentencia con el cual el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ratificará en las próximas horas el triunfo del candidato del PVEM, Ricardo Gallardo Cardona, quien había sido impugnado por el PAN por financiamientos ilícitos a su campaña y presuntos vínculos con grupos de crimen organizado. Los magistrados definirán si aprueban o no este proyecto que desestima los argumentos e impugnaciones sobre el uso de dinero de procedencia ilícita en la campaña de Gallardo, quien ya había sido acusado en una ocasión por la entonces PGR de tener vínculos con el crimen organizado por lo que estuvo en prisión y actualmente tiene dos denuncias de la UIF y la Fiscalía Anticorrupción por el desvío de recursos del ayuntamiento de Soledad de Graciano, además de operaciones financieras irregulares en las empresas de su familia. De aprobarse el proyecto de sentencia se estará abriendo la puerta a un gobierno cuestionado de origen en San Luis Potosí… Los dados mandan Escalera doble. Bien comienza la semana.

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