La semana pasada llegó a Washington el nuevo embajador de México en Estados Unidos, el financiero Roberto Lazzeri Montaño. En los momentos más tensos y difíciles que se recuerden de la relación bilateral, el nuevo representante del gobierno de México ante la Casa Blanca carece de cualquier experiencia o formación diplomática y, salvo su trayectoria y conocimiento en materia financiera y hacendaria en los gobiernos de la 4T, Lazzeri no es un hombre conocido en los círculos políticos y diplomáticos de Washington.

Su designación se explica más por su cercanía con el exsecretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, de quien ha sido alumno destacado, y su amistad con el canciller Roberto Velasco, por lo que es seguro que ambos personajes se encargarán de recomendarlo y darlo a conocer entre la clase política y los cabilderos de Washington, pero aún con eso su desempeño es toda una incógnita, particularmente en los tiempos complicados por los que atraviesa en este momento la relación entre México y Estados Unidos.

Antes que aspirar a ser embajador, un nombramiento que le llegó circunstancialmente ante el desgaste acumulado que ya arrastraba el exembajador Esteban Moctezuma, Lazzeri Montaño quería ser subsecretario de Egresos y, si se le acomodaban las cosas, secretario de Hacienda cuando se fuera, como ya sucedió, su maestro y mentor Ramírez de la O. Pero los compromisos y acomodos en Hacienda no le permitieron llegar a la subsecretaría y tras haber ocupado por dos años la dirección de Nafin y Bancomext, su primer cargo de primer nivel, el joven de 42 años dio un salto cuántico en su carrera al ser propuesto por la presidenta Sheinbaum para ocupar el mítico despacho del 119 de Pensilvania Avenue en Washington D.C.

"Roberto trabajó mucho tiempo en Hacienda con Rogelio Ramírez de la O, tiene una muy buena relación con todo el gobierno de México y también con las contrapartes en Estados Unidos porque será una de sus funciones", dijo la presidenta Sheinbaum el pasado 23 de abril cuando anunció que propondría a Lazzeri para ocupar la embajada más importante y estratégica para el país.

Sin embargo, si se le pregunta a los diplomáticos de carrera, su opinión sobre la “buenas relaciones” que le atribuye la presidenta a su nuevo embajador en Washington, prácticamente no hay uno que comparta la afirmación de la doctora y, por el contrario, cuestionan duramente que un joven sin carrera o experiencia en la diplomacia, ni siquiera en la política, sea enviado a la posición más importante del Servicio Exterior Mexicano, particularmente en un momento en el que la relación con Estados Unidos atraviesa por “momentos extremadamente complejos y delicados”, como los define un exembajador mexicano en Washington.

Incluso a exsecretarios de Relaciones Exteriores consultados por esta columna la decisión de la presidenta Sheinbaum de mandar a un joven inexperto en la complicada política estadunidense les resulta “sorpresiva y toda una incógnita”, aunque suponen que Lazzeri Montaño tendrá que ser tutelado y coacheado desde la Cancillería y que su mentor Ramírez de la O le ayudará a gestionar en los complicados pasillos de Washington, del Capitolio y de la Casa Blanca.

La confianza que le dan la presidenta y su jefe el secretario Roberto Velasco difiere del escepticismo casi generalizado que provoca su nombramiento entre la diplomacia y la política, en donde la designación de este joven conocedor del sistema hacendario y de la banca pública más bien genera desconfianza y, en el mejor de los casos, se refieren a él como “una incógnita”, porque no se ve como el perfil que requeriría el momento de crisis histórica que vive la relación entre los gobiernos del presidente Trump y de la presidenta Sheinbaum.

Así que, con más dudas y cuestionamientos que con certezas, el pasado 23 de junio, Roberto Lazzeri Montaño aterrizó en la capital estadounidense y esta será su primera semana al frente de la embajada en la que se procesan, cabildean y definen en este momento temas tan delicados como la amenaza estadounidense de combatir a los cárteles mexicanos de la droga en el territorio nacional, las investigaciones y solicitudes de extradición contra políticos mexicanos vinculados al narcotráfico y hasta la renegociación del TMEC que ha entrado en su fase de definiciones.

Sin descartar que el financiero que incursiona ahora en la diplomacia al más alto nivel pueda sorprender y haga un buen papel como embajador mexicano, por ahora nos quedamos con la afirmación que hizo un extitular de esa embajada: “Podemos decir que mientras Donald Trump nos mandó a un halcón a ocupar su embajada en México, nosotros le mandamos un pichón al despacho de la avenida Pensilvania”.

NOTAS INDISCRETAS… Esta semana, en medio de la euforia mundialista por el partido de la selección mexicana, también será decisiva para saber qué sucede con las solicitudes de detención con fines de extradición que formuló el Departamento de Justicia en contra de 10 políticos morenistas de Sinaloa, de los cuales 8 siguen en México, bajo la protección del gobierno federal, y 2 ya se entregaron voluntariamente a la justicia estadounidense. Lo que se espera es que los 8 funcionarios, encabezados por Rocha Moya, Enrique Inzunza y Juan de Dios Gámez sean declarados “prófugos” por el gobierno de Donald Trump y a partir de ahí se pueden desencadenar otras acciones más graves… Por lo pronto el tratamiento que da el gobierno de la doctora Sheinbaum a las peticiones de Estados Unidos no es el mismo, según el personaje que se investigue o del que pidan información o detención del otro lado del Río Bravo. Porque mientras a Rocha Moya y a otros gobernadores morenistas que están siendo investigados o acusados por la Casa Blanca la presidenta los defiende a capa y espada, en el caso del gobernador de Durango, el priista Esteban Villegas, se sabe que, ante la información de que también es investigado por presuntos nexos con el narcotráfico por el gobierno de Trump, desde el gobierno de México ya propusieron algún tipo de “acuerdo” para facilitar las indagatorias estadounidenses en contra del mandatario priista. Se escucha que desde el gabinete de seguridad federal se hizo “una propuesta”, cuyo contenido no explican, para colaborar con el gobierno de Trump en la investigación contra Esteban Villegas. Es decir que, según el partido al que pertenezca, algunos narcopolíticos mexicanos son considerados “víctimas” y “acusados sin pruebas” por la Presidencia de la República, mientras que otros, si no son morenistas, hasta se colabora con el gobierno trumpista para que los investiguen… En Guerrero, como en la mayoría de los 17 estados donde Morena ya registró a sus aspirantes a candidatos y candidatas a gobernadores, ya empezó la guerra interna de acusaciones y favoritismos. Los grupos guerrerenses ya ubican a la exconsejera jurídica, Esthela Damián, como la “favorita” de Palacio Nacional y se habla de que, a pesar de su nula experiencia en la política guerrerense y su desconocimiento del estado, intentaría ser impuesta a través de la encuesta que se levantará en los próximos días. Es tan evidente que Damián se inscribió con la venia presidencial, que fue la misma Claudia Sheinbaum la encargada de anunciar su aspiración a gobernar Guerrero y a darle el primer empujón desde la mañanera, cuando dijo que dejaría de ser su consejera jurídica “para irse a hacer trabajo en Guerrero. Ha hecho un muy buen trabajo en la Consejería”, dijo la presidenta lo que le valió a Damián la etiqueta de la candidata de Palacio que hoy niega en cada entrevista que concede en el estado. “La van a imponer y si lo hacen pierde. Esthela no conoce el estado y mucho menos tiene presencia entre los grupos políticos locales”, nos dijo un exgobernador de Guerrero. Veremos si, a diferencia de lo que se afirma en Palacio Nacional, de que ahí no ponen candidatos, las encuestas morenistas no dicen lo contrario… Los dados mandan Escalera Doble. Vamos México!!

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios