AMLO Y Dilma en el Templo Mayor, ¿el lanzamiento de Claudia?

Salvador García Soto

Empieza a verse claramente por quién va a optar el Presidente si tiene que sacrificar a alguien de su gabinete para calmar la ira popular por la tragedia del Metro

En medio del ambiente enrarecido de las campañas electorales, la violencia homicida que sigue asesinando candidatos y la muy reciente tragedia del Metro de la Ciudad de México, la visita de Dilma Roussef pasó casi de noche en el agitado contexto en el que trajeron a la expresidenta de Brasil. Porque lo de Dilma no fue una simple visita de cortesía, sino una invitación expresa y planeada de la 4T, que quiso traer a la mujer que es símbolo de la izquierda brasileña y latinoamericana como invitada de honor en un evento importante para el actual gobierno: los 700 años de la fundación de México-Tenochtitlán.

Por eso la imagen del jueves en el Templo Mayor, donde se llevó a cabo la ceremonia oficial del nacimiento de la que fuera capital del imperio mexica, estuvo llena de mensajes políticos y de simbolismos futuristas, a pesar de que los historiadores cuestionan y desmienten la fecha que eligió este gobierno para conmemorar dicha fundación. No sólo porque López Obrador dejó sus habituales y largas improvisaciones para leer un discurso escrito, sino por la forma en que, desde Palacio Nacional, organizaron y planearon el evento: en el presidium el Presidente, a su izquierda Beatriz Gutiérrez Müeller, a su derecha Dilma Roussef y a la derecha de Dilma, Claudia Sheinbaum, la jefa de Gobierno.

En esa sola imagen se pueden leer muchos mensajes. Porque además de que a Dilma la trajeron expresamente para eso, la expresidenta de Brasil se vio en todo momento muy cercana a Claudia Sheinbaum, a quien visitó antes en el Palacio del Ayuntamiento y se tomó la foto con ella, justo en momentos en que la Jefa de Gobierno enfrenta su peor crisis política y social por la tragedia ocurrida en la Línea 12 del Metro y parte de las responsabilidades y culpas que ya asigna la gente, apuntan hacia a su gobierno y a las evidentes fallas en el mantenimiento y supervisión del sistema de transporte que se colapsó provocando la muerte de 26 personas y dejando más de 70 heridos.

Más simbólico todavía que a Sheinbaum la pusieran al lado de Dilma y de López Obrador y su esposa encabezando el evento, mientras que al canciller Marcelo Ebrard, el otro involucrado en la tragedia del Metro, lo mandaron a la cuarta fila de la sillería instalada en el Templo Mayor y más bien apareciera junto a Sheinbaum la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.

En un gobierno como el de López Obrador, que gusta tanto de los simbolismos políticos e históricos y que incluso modificó, a instancias de su esposa y sus historiadores de cabecera, las fechas de eventos como el nacimiento de Tenochtitlán para ajustarlo a su calendario cívico del 2021 en el que celebrara los 200 años de la consumación de la independencia de México, esa sola imagen lleva fuertes mensajes políticos y representa algo más que un espaldarazo abierto del Presidente a Claudia Sheinbaun, en el contexto en el que se encuentra actualmente la Jefa de Gobierno.

Y a partir de ahí se pueden inferir o deducir muchas cosas: si López Obrador prefiere dejarse ver más cerca, en estos momentos, de Claudia que de Marcelo, junto con las hordas de diputados y senadores morenistas pidiendo la cabeza de Miguel Angel Mancera, empieza a verse claramente por quién va a optar el Presidente si tiene que sacrificar a alguien de su gabinete para calmar la ira popular por la tragedia del Metro. Eso abona a versiones que ya sueltan desde el propio gobierno, de que después de las elecciones habrá varios cambios y enroques en el gabinete y uno de ellos podría ser el del canciller.

Pero más allá de interpretaciones, en la foto del jueves, en medio de las ruinas de lo que fuera el principal símbolo y recinto religioso de la cultura mexica, hay un claro mensaje: si a Andrés Manuel le gusta compararse con Luiz Inácio Lula da Silva, a quien admira y ve como uno de los referentes de la izquierda contemporánea, y si Lula tuvo a su Dilma Roussef, ahora López Obrador tiene a su Claudia Sheinbaum. En eso podría resumirse el evento del Templo Mayor, realizado a contracorriente de la mayoría de los historiadores del imperio mexica: el Lula mexicano presentado a su Dilma mexicana.

Sin ánimo de ser aguafiestas ni de agriarles el momento al presidente y a su hija política, sólo valdría recordarles cómo terminaron los dos brasileños símbolos de la izquierda latinoamericana: Lula en la cárcel, acusado de corrupción, aunque ahora ya libre y de vuelta candidato; y Dilma, que le pavimentó el camino a la prisión a su tutor político, destituida tras un histórico juicio político por denuncias de corrupción y malos manejos presupuestales y en medio de protestas en las calles de Brasilia, Sao Paulo, Río de Janeiro y de todo Brasil. ¿Será entonces que a Dilma la trajeron para hacer un lanzamiento temprano pero decidido y simbólico de la señora Sheinbaum rumbo al 2024?

En el límite del plazo de ausencia, reaparece Cabeza de Vaca

Ayer viernes, justo cuando se cumplía el plazo para que procediera una “declaración de ausencia” que ya tenía lista la mayoría de Morena en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, el gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca reapareció tras casi 15 días de no haberse visto en público en su estado y en el que solo tenía apariciones virtuales y a través de mensajes en redes sociales.

En Ciudad Victoria, en el estacionamiento de la Casa Tamaulipas, con una camisa azul panista y un cubrebocas negro, el mandatario fue visto por primera vez desde el 30 de abril pasado, cuando fue desaforado por la Cámara de Diputados federal. En una conferencia de prensa aparentemente improvisada, aunque ya lo esperaban reporteros de prensa y televisión, Cabeza declaró sobre las recientes lluvias en su estado, que terminan con los efectos de la sequía y afirmó que él ha sido cuidadoso de no intervenir en las elecciones ni cometer actos indebidos en las campañas electorales en su estado.

Después de sus declaraciones a los medios, Cabeza de Vaca se fue a desayunar al popular restaurante de Don Elías, donde se dejó ver y saludó a los comensales, como para alejar las versiones intensas que circularon las últimas dos semanas sobre que se encontraba en Texas en donde se movía entre Laredo y MCallen.

La reaparición pública del gobernador de Tamaulipas se produjo justo unas horas antes de que la mayoría de Morena en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión presentara una solicitud de “declaratoria de ausencia” en contra de Cabeza de Vaca, que los morenistas tenían lista para presentarla a las cero horas de este sábado, porque se cumplían 15 días sin que el gobernador hubiera sido visto ni tenido actividad en el estado. Con esa declaratoria buscaban obligar al Congreso local a que procediera ya al nombramiento de un gobernador sustituto. Pero ayer el panista dijo que el sigue siendo “gobernador en funciones” a pesar del desafuero votado en la Cámara de Diputados, con lo que instituyó una nueva figura jurídica: “gobernador desaforado en funciones” y que además, reaparecido, habló desaforadamente.

NOTAS INDISCRETAS…

La decisión del ministro de la Suprema Corte, Juan Luis González Alcántara, de desechar la Controversia Constitucional que interpuso el Congreso de Tamaulipas contra el desafuero del gobernador Francisco García de Vaca, sienta todo un precedente en la relación del federalismo en México y revalida la autonomía y soberanía de los estados de la República Mexicana. Porque al desechar la impugnación, el ministro González Alcántara le dio la razón al Congreso tamaulipeco al señalar que su votación, por la que decidió no homologar el desafuero ordenado por la Cámara de Diputados a nivel federal, no sólo estaba dentro de las facultades que el artículo 111 constitucional le otorga al Poder Legislativo local, sino que además significaba que el gobernador Cabeza de Vaca mantenía su fuero y protección constitucional porque así lo decidieron la mayoría de diputados locales. Es decir, que con su argumento de que no había “interés legítimo” del Congreso local porque nadie le impidió ni le obstaculizó cumplir su mandato constitucional de decidir libremente si aceptaba o no el desafuero federal, el ministro resolvió el debate constitucional que se había desatado al reconocer que sí es facultad constitucional de los diputados locales decidir si se homologa o no la pérdida del fuero dictada por los diputados federales. Con esta decisión, el ministro y reconocido jurista y constitucionalista establece que el gobernador Cabeza de Vaca no podrá ser detenido ni procesado hasta que concluya su mandato (en el 2022), aunque aclara que esa determinación no prejuzga sobre la culpabilidad o inocencia del mandatario denunciado por la Fiscalía General de la República. Así que, en términos prácticos, terminó el debate y tanto la Cámara de Diputados como la FGR tendrán que acatar el fallo de la Corte y el criterio que llevó al ministro a desechar la controversia y reconocer la facultad final del Congreso local para decidir si el gobernador mantiene o no su fuero constitucional… Por cierto que el ministro González Alcántara, a pesar de ser uno de los propuestos por el presidente López Obrador para ocupar el cargo, confirma con este fallo que su calidad de jurista y constitucionalista está muy por encima de consideraciones políticas o ideológicas. Por algo al ahora ministro le proponían reelegirse cuando fue presidente del Tribunal Superior de Justicia del DF en 2004, pero él lo rechazó tajante con el argumento de que “ninguna ley puede hacerse expresamente para beneficar a persona alguna” y que las instituciones no se definen por quién esté al frente de ellas…Para cerrar esta polémica nacional y constitucional que desató el caso Cabeza de Vaca, baste decir que algo hemos avanzado como República y como democracia cuando un Presidente ya no ejerce la facultad extralegal y metaconstitucional que ejercieron muchos de los mandatarios nacionales en la historia reciente para remover a placer o por puro capricho a un gobernador de un estado. Los presidentes de la era priista, hasta Carlos Salinas de Gortari, violentaban no solo la Constitución sino el Pacto Federal al obligar a deponer a gobernadores a los que presionaban, acosaban o de plano les creaban crisis y problemas en sus estados hasta obligarlos a renunciar al cargo. Hoy López Obrador no pudo, ni por la vía constitucional y legal, remover al gobernador de Tamaulipas con quien tiene serias y profundas diferencias políticas. Y es de reconocerle al presidente de la 4T que decidió, al menos en este caso, llevar el tema por la vía constitucional y por esa misma vía, tal como el lo dijo hace unos días, la Suprema Corte de Justicia tuvo la última palabra y esta fue la del ministro Juan Luis González, que decidió que Cabeza de Vaca sigue siendo no sólo gobernador en funciones, sino que tiene la protección del fuero constitucional que le mantuvo el Congreso de su estado, por lo que no podrá ser procesado ni detenido hasta que concluya su sexenio. Eso fortalece y apuntala la idea de una República Federalista y en la que los estados que la integran no pueden ser atropellados, amedrentados o sometidos por la Federación…Los dados mandan Escalera doble. Buena Semana.

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