El sábado pasado, en Nuevo Laredo, la imagen del presidente López Obrador junto al gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca, circuló profusamente en las redes sociales y en los medios, tanto nacionales como locales, por tratarse de un encuentro que hace tiempo no sucedía y que había sido evitado en varias ocasiones por la Presidencia de la República.
 
 La fotografía, donde a Cabeza se le ve sonriente, ocurre cuando la situación jurídica del gobernador aún es indefinida, con una orden de aprehensión en su contra y dos controversias constitucionales pendientes de resolverse en la Suprema Corte de Justicia de la Nación para definir si el mandatario tiene o no fuero constitucional que evite su detención por parte de la Fiscalía General de la República.
 
Pero además del purgatorio judicial en el que vive Cabeza de Vaca, el reencuentro entre éste y López Obrador sucede justo en la víspera de las campañas por la gubernatura estatal, en donde Morena y el PAN se disputan el control político del estado, y en donde hay además denuncias, señalamientos e investigaciones en agencias de Estados Unidos, sobre presuntos financiamientos ilícitos a candidatos de Morena en Tamaulipas durante los pasados comicios, con dinero proveniente del empresario tamaulipeco asesinado en Nuevo León, Sergio Carmona, en lo que ya se conoce como el “Carmona-gate”.
 
Por todo ese contexto político, la reunión de AMLO y Cabeza de Vaca el sábado durante la visita de supervisión a la Aduana Federal de Nuevo Laredo —la más importante y de mayor movimiento comercial en el país, pero también de mayor contrabando ilegal y evasión de impuestos— tuvo todo tipo de interpretaciones y análisis sobre lo que hubo detrás de esa imagen de los dos personajes que se han confrontado políticamente.
 
Inicialmente no estaba contemplada la presencia del gobernador de Tamaulipas durante la visita presidencial a Nuevo Laredo; hasta el jueves pasado su nombre no aparecía entre los invitados a la gira del presidente por la Aduana fronteriza. En Bucareli, en la oficina del secretario de Gobernación, Adán Augusto López, se discutió si debía o no invitarse a Cabeza de Vaca y acordaron que si en los otros estados en los que estaría el mandatario este fin de semana durante su gira por la frontera como Baja California, Sonora, Chihuahua y Coahuila estarían presentes los gobernadores acompañándolo, en Tamaulipas no podía hacerse una excepción.
  
Y es que, en la última gira del presidente a Tamaulipas, en noviembre de 2021, el gobernador Cabeza de Vaca no fue requerido ni se le avisó sobre la visita que haría López Obrador a la refinería de Ciudad Madero. En aquella ocasión el argumento para no invitar al mandatario panista fue que su situación estaba “sub júdice” o pendiente de resolución judicial, por lo que ni aviso le dieron de la presencia del presidente en su estado.
 
Por eso llama más la atención el encuentro del sábado en Nuevo Laredo, porque aún la situación jurídica del gobernador Cabeza de Vaca no se resuelve y la orden de aprehensión que le giró en mayo de 2021 la FGR sigue vigente, sólo que su ejecución se detuvo ante las dos controversias constitucionales admitidas por la Suprema Corte que definirá si el mandatario perdió o no el fuero con el juicio de procedencia declarado por la Cámara de Diputados y desconocido luego por la mayoría del Congreso local. Si esa situación no ha cambiado ¿por qué ahora sí el presidente aceptó reunirse con el gobernador tamaulipeco?
 
Era tan claro el rechazo de la Presidencia a una foto con Cabeza de Vaca que en septiembre pasado, durante la inauguración de la Feria Aeroespacial en los terrenos del nuevo Aeropuerto Felipe Ángeles, la Ayudantía presidencial tuvo que cercar al gobernador de Tamaulipas, que se presentó al evento, para evitar que se acercara a López Obrador como intentaba; los ayudantes de Palacio lo estuvieron vigilando y lo aislaron para que no pudiera llegar hasta el presidente y se tomara una fotografía con él.
 
¿Qué cambió entre el rechazo abierto de la Presidencia el año pasado a permitir ahora la imagen de un reencuentro institucional con Cabeza de Vaca? En Tamaulipas la interpretación que difunden desde el Palacio de Gobierno dice que el presidente reconoció, con la invitación a Cabeza, que ya no está vigente la orden de aprehensión ni el desafuero del gobernador, al haber sido rechazado por el Congreso local, por lo que el mandatario panista “ya libró el desafuero y la aprehensión”.
 
Incluso a nivel local, en el ambiente ya cargado de las precampañas por la gubernatura, muchos cuestionaron que mientras se reunía con el gobernador panista, López Obrador no haya siquiera aceptado saludar al virtual candidato de Morena, Américo Villarreal, a pesar de que su equipo buscó que eso ocurriera. Si a todo eso se suma que en la Corte se escucha que las dos controversias del caso Cabeza de Vaca se van a resolver hasta después de las próximas elecciones de junio, todo eso hace pensar que el reencuentro de Nuevo Laredo puede traer más mensajes de fondo.
 
O Cabeza de Vaca fue a Nuevo Laredo a presentar su “rendición” porque ya hay, como se dice un “pacto político” para que entregue el estado a Morena en los próximos comicios a cambio de una negociación para suavizar las acusaciones penales en contra de él y de su familia, o fue más bien a recibir la “bendición” para pelear con todo por el triunfo de su candidato del PAN, a cambio de que pasando la elección enfrente el proceso judicial en su contra. ¿Qué fue entonces lo que se vio el sábado en la frontera, bendición o rendición?