AMLO abre su lista al 2024 y elimina a Monreal

Salvador García Soto

¿Qué pudo haber motivado al presidente para intentar “cortarle las alas” a Monreal?

La primera vez que López Obrador mencionó públicamente una lista de nombres de presidenciables de su gobierno para sustituirlo en 2024 fue el pasado 14 de junio, una semana después de las recientes elecciones. En ese entonces, para tratar de romper la idea de un enfrentamiento entre Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrard, por la tragedia de la Línea 12, el presidente dijo que ellos dos no eran los únicos aspirantes en el “abanico” de la 4T y mencionó por primera vez a Juan Ramón de la Fuente, Tatiana Clouthier y Esteban Moctezuma. Ya en esa ocasión el mandatario omitió mencionar al líder del Senado, Ricardo Monreal, como presidenciable.
 
Ayer, de nuevo en su conferencia mañanera, el primer morenista de la nación volvió a abrir la baraja sucesoria y esta vez sumó a una nueva precandidata: la secretaria de Energía, Rocío Nahle, además de los ya mencionados Sheinbaum, Ebrard, De la Fuente, Moctezuma y Clouthier. Y de nueva cuenta, en lo que ya confirma una intención clara y abierta del presidente, el nombre de Ricardo Monreal fue eliminado por el presidente de la lista de prospectos a la candidatura de Morena en 2024. Si alguien pensó la primera vez que la omisión de López Obrador al no mencionar al líder del Senado de la República en su “abanico” sucesorio había sido un descuido o un olvido, ayer quedó claro que no.
 
En cualquier país democrático un líder senatorial como Monreal está de entrada incluido entre los posibles candidatos a la Presidencia. El mismo Joe Biden salió del Senado para convertirse en presidente de los Estados Unidos y, en el caso del coordinador de los senadores de Morena, para nadie son ya un secreto sus aspiraciones presidenciales y él mismo se ha encargado de decir públicamente que tiene interés en buscar la nominación presidencial por su partido y que “llegados los tiempos lo hará”, aunque también ha dicho que “no es momento todavía de pensar en la sucesión”.
 
¿Por qué entonces el presidente decidió que el que ha sido su principal operador político en el Senado, quien ha negociado y cabildeado con las bancadas de oposición la mayoría de sus iniciativas importantes para lograr mayorías aprobatorias en el Congreso de la Unión, no debe figurar entre los nombres de los posibles candidatos a sucederlo tras la terminación de su mandato?
 
Todavía hace una semana López Obrador recibió a Ricardo Monreal en Palacio Nacional, en sus acostumbrados desayunos o encuentros después de su conferencia mañanera y hablaron de la agenda legislativa para el próximo periodo, de las posibilidades de las reformas constitucionales que quiere el presidente en los próximos meses y de otros asuntos políticos y legislativos. Hasta donde se sabe y por lo que ha declarado en entrevistas recientes el propio Monreal, la relación con el presidente no ha tenido altibajos ni ha habido reclamos o regaños del presidente al político zacatecano. El mismo líder senatorial nos decía recientemente en una entrevista que le hicimos para el noticiero de “A la Una” del Heraldo Radio que tampoco aceptaría un regaño presidencial “porque el presidente y yo somos compañeros y aliados, somos pares, yo no soy empleado de nadie ni permitiría algo que vaya en contra de mi dignidad”.
 
¿Qué pudo entonces haber motivado al presidente para intentar “cortarle las alas” a Ricardo Monreal y eliminarlo de su lista de prospectos a la sucesión presidencial? En los pasillos del Palacio Nacional, en oficinas cercanas al presidente se escucha la versión de que las quejas y denuncias de la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, y de su equipo, sobre una presunta “traición” de Monreal, a quien acusan de operar en su contra en las pasadas elecciones y de ser responsable de las derrotas morenistas en la mitad de la CDMX, habrían surtido efecto en el oído y el ánimo de López Obrador, quien sin preguntárselo personalmente o aclararlo con él, decidió que el zacatecano era culpable y lo expulsó de su lista sucesoria.
 
De ser ciertas esas versiones, Monreal no sólo tendría en contra las acusaciones de Sheinbaum que, buscando eludir su responsabilidad en la derrota capitalina, ha culpado a todo tipo de causas y actores, sino que también el líder del Senado estaría bregando en contra de un aliado estratégico de la jefa de Gobierno que, igual que ella, goza de toda la confianza y escucha del presidente: el consejero Jurídico de la Presidencia, Julio Scherer Ibarra. Con esos dos aliados en contra, se entendería por qué el senador ya no fue incluido en la baraja del presidente para 2024.
 
Ayer mismo, a pregunta de los reporteros que cubren la fuente del Senado, el coordinador morenista respondió a la ausencia de su nombre en las listas sucesorias tratando de restarle importancia a la omisión presidencial: “El presidente Andrés Manuel López Obrador tiene el derecho de expresar lo que él considera conveniente y, por esa razón, no creo que sea extraño el hecho de no ser mencionado entre los nombres que podrían ser candidatos presidenciales”, dijo Monreal, quien advirtió que adelantar los tiempos de la sucesión traerá división a Morena y distracción a los funcionarios del gabinete.
 
“Los funcionarios nombrados por el presidente son destacables, pero creo que es muy pronto para hablar de sucesión presidencial, ya que todavía hay muchos problemas que atender como la quiebra de empresas, la seguridad, las modificaciones constitucionales que ha anunciado el presidente en materia de Guardia Nacional, rectoría eléctrica o reforma electoral”, recordó Monreal, quien al mencionar las reformas constitucionales que ha anticipado el presidente, también pareció mandar un mensaje de vuelta al Palacio.
 
En fin, que el banderazo de salida para la sucesión presidencial ya fue dado; y no precisamente por el presidente que ayer no hizo más que oficializar el destape que el jueves pasado organizaron los grupos de poder morenista en el Auditorio Nacional, donde los gritos de “¡presidenta, presidenta!” para Claudia Sheinbaum fueron el auténtico banderazo de arranque para el 2024. Y no está difícil adivinar quién fue la que se adelantó en la salida y ya lleva toda la ventaja. Del resto de los mencionados ayer por López Obrador sólo hay uno que podría seguirle el paso a la adelantada y se llama Marcelo Ebrard. El resto de la lista presidencial son de pura utilería.
 

NOTAS INDISCRETAS…

Hablando de aspirantes presidenciales, la semana pasada, el lunes 28 de junio, el presidente recibió a dos gobernadores de oposición, Enrique Alfaro, de Jalisco, y Javier Corral de Chihuahua. El diálogo con ambos, nos dicen, fue muy civilizado y político y, sobre todo en el caso del chihuahuense, la plática sirvió para limar asperezas y dejar atrás el fuerte enfrentamiento que tuvieron el presidente y Corral por el tema del agua de las presas de su estado. Con ambos el presidente hizo acuerdos y se comprometió a apoyar programas y requerimientos para los dos estados, pero en la plática con Alfaro hubo algo que de pronto sorprendió a López Obrador: “Quiero hacerle una pregunta personal y pedirle su opinión”, dijo el mandatario de Jalisco. “¿Puedo moverme para el 2024?”, planteó en forma de pregunta el político emecista. La respuesta del presidente, no sin cierta sorpresa, fue positiva. “Adelante”, le dijo a Alfaro “Si usted así lo considera está en todo su derecho”. Así que el gobernador de Jalisco salió doblemente contento aquella mañana de lunes del Palacio Nacional, por un lado se llevaba el compromiso del presidente de seguir apoyando con recursos y programas a su estado y por el otro la “bendición” para su precampaña con miras a ser candidato presidencial por Movimiento Ciudadano… A propósito de las reuniones que el presidente ha estado teniendo con gobernadores electos de Morena, llamó la atención que López Obrador recibió sin problema a los candidatos morenistas que ganaron en estados cuyos resultados fueron impugnados ante lo cerrado de los resultados. Es el caso de Layda Sansores en Campeche y de Alfredo Ramírez Bedolla en Michoacán, y Evelyn Salgado en Guerrero, cuyos triunfos han sido motivo de impugnaciones ante los Tribunales electorales por sus contrincantes. Lo curioso del caso es que al presidente no le importó que aún no se resuelven esas impugnaciones cuando en diciembre de 2018, siempre se negó a reunirse con la gobernadora electa de Puebla, Martha Erika Alonso, argumentando que no podía recibirla en Palacio hasta que no se resolviera la impugnación en su contra que había interpuesto el morenista, Miguel Barbosa. Pero a la panista no sólo se negó a recibirla durante la impugnación, sino que aun cuando ésta se resolvió a su favor, el 8 de diciembre de aquel año, nunca se quiso reunir con ella, ni como electa ni una vez que tomó posesión el 14 de diciembre, diez días antes de que muriera junto con su esposo Rafael Moreno Valle en aquel accidente del helicóptero que según la investigación federal se debió a una falla técnica de la aeronave. Lo de Martha Érika ya es historia, pero el presidente no deja de sorprender por las claras distinciones que hace en la forma en que trata a sus compañeros y amigos y a los opositores. Se ve en el escritorio de Palacio hay varas distintas para medir a los gobernadores electos… Los dados mandan Serpiente. Otra caída.

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