Socialismo YA

Sabina Berman

¿Quién es este profesor, el marxista más connotado de nuestro tiempo?

El crecimiento vigoroso y sostenido de China, en contraste con el escaso crecimiento de los Estados Unidos de América

El creciente descontento provocado por la desigualdad en los países democráticos –una desigualdad solo comparable con la que existía entre los esclavos y los faraones del antiguo Egipto. 

Y la sublevación de la Naturaleza del control humano, manifestada en una hilera de catástrofes naturales, con cada vez menos tiempo entre ciclón y sismo, pandemia y rebrote, descongelamiento e inundación. 

En orden de ascendente importancia, estas son los ominosos vectores del declive del capitalismo. Tal dice Richard Wolff, en la conversación que tuve con él la semana que hoy acaba y el próximo jueves transmitiremos en el programa Largo aliento, en el Canal 14 (9 PM) y en el Canal Once (00 horas). 

¿Quién es este profesor de economía, conocido como el marxista más connotado de nuestro tiempo?

Hace una década, Richard Wolff, o Ricardo el Lobo, como me gusta llamarlo a mí, contaba su relato del ocaso del capitalismo en aulas universitarias medio despobladas. Desde hace dos años, los auditorios se colman para escucharlo y cada una de sus conferencias en YouTube cuenta con miles de comentarios, la gran parte entusiastas. 

El Lobo no cambió su relato desde hace una década. Lo que ha cambiado es la realidad y la opinión acerca de ella de los seres humanos. Así lo consigna una reciente encuesta de Gallup: entre los estadounidenses menores de 35 años, más de la mitad quisieran que su país se vuelva socialista

Eso a pesar de 40 años de propaganda capitalista difundida en los medios de comunicación y el veto en las facultades de economía de la teoría marxista. 

¿Cómo, concretamente, es que el capitalismo crea la desigualdad y la desadaptación con la Naturaleza? De eso le pedí precisiones al Lobo a lo largo de la entrevista de una hora. De sus largas y enfáticas réplicas transcribo un par de ideas. 

El mecanismo de la desigualdad es muy simple y opera ante nuestros ojos. La mayor parte de la gente trabaja en empresas diseñadas en forma de pirámide; en el pico de cada pirámide se encuentran unos pocos, a veces una sola persona —el dueño—, quienes toman las decisiones que los muchos de abajo deben obedecer sin chistar, como en la dictadura más severa; ¿podemos sorprendernos si esos pocos, o ese único, deciden que de la ganancia que se extrae del trabajo conjunto, él o ellos obtengan la parte del león? 

¿Y por qué sorprendernos de que ese único o esos pocos saqueen a la Naturaleza sin límite, si siempre pueden subirse a su yate y huir de la réplica natural del saqueo, para veranear en sus islas privadas? De cierto, para escapar en definitiva del planeta que han agujerado, dinamitado y envenado, los mayores capitalistas de nuestro tiempo ya experimentan con cohetes: la Luna o Marte será su refugio del cataclismo final, según ellos calculan.
La alternativa, dice el Lobo, mordiendo cada palabra del lenguaje sin cortesías ni concesiones que emplea, es el socialismo. 

No el socialismo del siglo 20. Es decir, el tímido socialismo demócrata, que rutinariamente se filtra a los gobiernos, corrige algunas de las desigualdades creadas por el capitalismo, y luego vuelve a ser desplazado. Tampoco el socialismo convertido en dictadura, estilo Rusia Soviética o Cuba y Venezuela contemporáneas, verídicos desastres económicos

Un nuevo socialismo para el siglo 21, dice Wolff. A decir, uno que opere en una nueva forma de empresas, en las que los muchos toman las decisiones, democráticamente, incluida la decisión de la proporción en que se reparte la ganancia. 

Cuando converso con un o una invitada a Largo aliento, los técnicos del equipo realizan sus funciones sin escuchar la mayor parte de lo que se habla. Al final del programa suelo preguntarles qué les ha parecido la conversación y recibo de común respuestas sobre los monitores o la calidad de la iluminación. 

En el caso de la conversación con Wolff, fue distinto. Los jóvenes técnicos escuchaban absortos y el traductor simultáneo, trabajando desde Brasil, nos dio al cierre del programa las gracias. 

—Gracias, me he emocionado en cada minuto –dijo. 

Tal es el atractivo del mensaje de Ricardo el Lobo. Un socialista para nuestro siglo. 

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