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Las Furias

Somos las historias que nos contamos.
01/09/2019
03:39
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Somos las historias que nos contamos.
 

¿Cómo fue que el mundo humano se desprendió de la Naturaleza y se volvió patriarcal? Es decir, jerárquico, con las hembras de la especie subordinadas a los machos y enfrentado a las fuerzas naturales.

La fábula la heredó Esquilo de los primeros griegos y nos la hace llegar a nosotros en clave de tragedia.

Sucedió que el príncipe Orestes asesinó a su madre, la reina Clitemnestra, y las Furias, las diosas de la ira natural, salieron en su persecución, para matarlo a él a su vez. Orestes se refugió entonces en el templo de Delfos, y ahí fueron las temibles Furias a encontrarlo.

Es en Delfos que Apolo, el dios de las artes y la razón, se presenta para proteger al matricida. Declara que él fue quien le ordenó el asesinato de su origen, el vientre de su madre, y en lo sucesivo las artes y la razón lo protegerán de la venganza de Las Furias: le ordena a Orestes escapar a Atenas, donde Atenea, la diosa de la guerra y la civilización, juzgará su caso.

Mal augurio para Las Furias: Atenea no solo es la hermana predilecta de Apolo, sino que su nacimiento la inclina a no considerar abominable el crimen del matricidio. Ella misma nació de la frente de Zeus mientras su padre se devoraba a Metis, su madre.

Pero en Atenas, sorpresivamente, Atenea, sentada en un trono de mármol blanco, vestida con su casco de guerra, una espada en el puño a manera de cetro, declara que el asunto es demasiado grande para ser juzgado aún por los dioses, y convoca a un jurado de ciudadanos atenienses: serán ellos los que decidan la suerte de Orestes y de Las Furias.

La balanza se inclina así otra vez peligrosamente a favor del matricida: en aquellos tiempos solo los machos entre los griegos son ciudadanos.

Es durante los alegatos del juicio que Orestes anuncia que en realidad su madre no fue su madre. Revelación que pasma a los jurados y que Apolo aclara: en realidad, dice, las madres solo son incubadoras de embriones, y los padres son los únicos progenitores que importan en el mundo consciente.

Sin embargo, el voto de los jurados se divide en partes iguales. Atenea entonces emite el voto decisivo. Vota por Orestes. ¿Por qué? Este es su argumento central: ella prefiere a los hombres porque son hombres.

¿Suena injusta la sentencia de Atenea? No dentro del contexto del relato de Esquilo. A fuerza de golpes de reiteración, para estos momentos de la tragedia, el privilegio masculino se ha convertido ya en indiscutible. Interesante proceso narrativo: lo que supuestamente se juzga se ha decidido de antemano al elegir a los personajes que lo juzgan. De parte de Orestes, Apolo (el instigador del matricidio), Atenea (la hermana predilecta de Apolo) y los ciudadanos de Atenas (todos varones). De parte de Las Furias, ellas mismas y nadie más.

Orestes queda libre de culpa y puede irse a reinar en el reino que fue de su madre. En cuanto a Las Furias, Atenea se dilata aún con ellas. En la nueva civilización, les advierte, cambiarán su nombre y sus atributos. De Furias pasarán a ser llamadas Las Euménides (las benévolas), vivirán en el submundo y se volverán gentiles y dóciles a los mandatos de los dioses patriarcales. De acuerdo, replican ellas, ya dóciles y benévolas.

Hay que recordarlo: Esquilo narra la antiquísima fábula como a una tragedia. No es la oda a un triunfo: es el relato de la pérdida de la conexión entre el mundo humano y la Naturaleza.

¿Qué diría Esquilo de la Cuarta Ola feminista de nuestros días y sus guerreras furiosas? Aventuro que diría que la tragedia puede desandarse: puede caminarse hacia atrás: puede remontarse hasta su inicio.

La fábula contada al revés resulta en una fábula futurista. Las Benévolas se rebelan contra la orden de Atenea: recuperan los jugos y las energías de su furia; inspiran artes que reconocen el origen natural de lo humano y una forma de razonar sin fricción con lo natural, y entonces un nuevo orden se establece en la especie, un orden menos jerárquico, un orden sin un género subordinado al otro, un orden apegado a la Naturaleza.

Esa es de cierto la promesa que entraña la nueva ola feminista.

 

Periodista y escritora de ficción —de drama y de prosa—.