La propina de Salinas

Sabina Berman

En otro sexenio, con sus piezas desmontadas, habrá que armar un mejor sistema

Raquel Buenrostro, jefa del SAT, confirmó en una entrevista que Grupo Salinas debe al erario una cifra monstruosa. 40 mil millones de pesos. 

Eso en tanto Ricardo Salinas, el dueño y director de Grupo Salinas, festejó su cumpleaños con un acto de generosidad. Regaló en Tweeter 1 millón de pesos, dividido en premios de 10 mil pesos cada uno. 

Lo que me recordó la historia del Billonario y su propina, que me contaron en España. 

Sucedió que luego de asistir al Circo del Sol, un Billonario se presentó en uno de los más finos restaurantes de Madrid, seguido por la larga estela de sus invitados. 

—Ya casi estamos –se disculpaba Gabriel con el Billonario cada segundo minuto, mientras sus ayudantes terminaban de montar la larga mesa que les correspondía. 

Ya sentados a la muy larga mesa, desde su cabecera el Billonario ordenó el menú de lujo para su séquito. 

Caviar negro en panecitos dorados. Gaspacho frío. Cerdo en salsa de ciruela pasa, guarnición de puré de camote y arroz salvaje filipino. Y el postre: un suntuoso mouse de chocolate. Todo acompañado con distintas bebidas. Champaña, vino blanco, vino tinto, café o té, y copas cristalinas de coñac. 

Horas más tarde, el satisfecho grupo se fue alzando de las sillas para ir por sus sacos y abrigos al cuarto del concerge, y el mesero Gabriel deslizó bajo los ojos del Billonario la cuenta. 
90 mil euros. 

El Billonario extrajo su billetera y le entregó a solícito Gabriel un billete. 

500 euros. 

—Tu propina –le dijo—. Repártela entre los muchachos –agregó y se alzó de la silla para exclamar: —¿Listos para fugarnos?

La fila de los invitados del Billonario salió por la entrada principal conversando entre sí y muy feliz por una encantadora velada. 

—Ey —alcanzó el mesero Gabriel al alegre Billonario, en el momento en que subía a su camioneta blindada. —Perdone usted, creo que hay un malentendido. Le falta pagar la cuenta. 

—Ah sí, la cuenta –dijo el Billonario. 

Le dio a Gabriel otro billete de 500 euros, le guiñó un ojo, y cerró la portezuela. Y Gabriel se quedó inmóvil en la banqueta viendo la camioneta adelantarse por la avenida, seguida de la estela de las camionetas del séquito. 

Así han funcionado los Billonarios nacionales los últimos 30 años de neoliberalismo. A base de propinas a los meseros del sistema político. 

¿Debo al fisco? Toma tu propina, funcionario, y ya no debo. ¿Va a entrar una compañía a disputar el territorio de las ventas de mi monopolio? Toma tu propina, mesero, y no la dejes entrar. 

¿Aprovecho la infraestructura del país para operar mi negocio –su fibra óptica instalada, su electricidad, sus ductos petroleros, sus carreteras, los egresados de las universidades nacionales, los servicios sanitarios gratuitos? Que otros los paguen, yo le doy a los burócratas sus coimas y sigo mi fiesta. 

¿Y qué tal si quiero adueñarme de las minas de Sinaloa? Toma gobernador tu coima: un asiento con salario a perpetuidad en el Consejo de mi transanacional, y en cuanto al costo de las minas lo pago en un futuro indeterminado también conocido como nunca. 

Claro que desmantelar el Reino de los Billonarios, como lo está desmantelando este gobierno de Izquierda, no basta. En otro sexenio, con sus piezas desmontadas, habrá que armar un mejor sistema. Y habrá que armar una vigilancia que destierre de ese sistema las coimas. De hecho, ningún sistema resiste el efecto corrosivo de una corrupción rampante, y de no erradicarla este y el próximo gobierno, que probablemente será también de Izquierda, en 30 años alguien podrá volver a contar la historia que recién he contado, con mínimos ajustes. 

Por otra parte, felicidades y abrazos a todos esos felices Gabrieles que recibieron 10 mil pesotes en el cumpleaños del Billonario. 
 

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