La incapacidad de salir del conflicto

Sabina Berman

La salvación nos llegó fuera de la política

México es excepcional.

Vivimos en medio de una pandemia, de una Tercera Guerra Mundial en que los contendientes son la Naturaleza y la especie humana, con mayor precisión: los contendientes son un virus microscópico, invisible al ojo humano, y nuestros pulmones, el hábitat que el virus corrompe, y en México el tema más urgente de la conversación pública gira en torno a un presunto violador que desea ser gobernador de un estado. 

Es excepcional. 

En este año de pandemia, diez millones de empresas han colapsado. Diez millones de personas que pertenecían a la clase media son ahora pobres. Nueve millones de personas que eran pobres ahora viven bajo la raya de la extrema pobreza. ¿Alguien se ocupa de reabrir esas empresas o de auxiliar a los nuevos pobres o propone instalar comedores gratuitos para quienes han perdido la oportunidad de trabajar y no tienen con qué pagar una docena diaria de bolillos?

Nadie. La conversación pública, decía antes, se centra en el Toro Salgado. O en temas del mismo calibre. 

El líder de la Iglesia Católica, el papa Francisco, nos envía cada domingo mensajes de aliento vía Twitter desde ese más allá que es el Vaticano, mientras sus iglesias acá están cerradas, para evitar que la congregación de fieles cause contagios. Las iglesias pudieron haberse transformado en hospitales temporales o en comedores públicos o dispensarios de ropa y medicinas, y sin embargo sus portales cerrados expresan de forma elocuente la razón por la que la religión en esta Tercera Guerra Mundial no es relevante. 

De cierto, el único lenguaje que atiende a lo colectivo sigue siendo el de la política y es un lenguaje donde nos confrontamos en cada tema, ninguno de los cuales es el desastre que nos aqueja como comunidad. Una hormiga que nos viera desde el pasto, nos vería como a una multitud de gigantes que se gritan a todo pulmón unos a los otros, claro: con cubrebocas, mientras en una esquina u otra de la multitud gritona, cada minuto, algún gigante cae muerto al pasto. 

La salvación de la pandemia nos ha llegado desde fuera de la política: nos ha llegado desde la Ciencia. Las vacunas son por lo pronto el único remedio para derrotar al virus. Y aún en la labor de aplicarlas a la población estamos siendo incapaces de escapar del conflicto. 

No que cada político haya fallado en su parte de la misión de hacer llegar las jeringas a los brazos de la población. Nuestro canciller se ha ocupado de comprarlas, hoy mismo se encuentra en Rusia negociando la compra de vacunas. La jefa de gobierno de la Ciudad de México se encarga a diario de forma personal de supervisar la vacunación local, como el gobernador del Estado de México o el de Nuevo León. Pero la vacunación en Oaxaca y en Morelos es un desastre de multitudes bajo el sol. Y el encargado de la vacunación a nivel nacional no deja pasar una oportunidad de politizar la vacunación: enredado en una maraña ideológica que se asemeja por instantes al comunismo, ahora ha decidido excluir de la vacunación a los equipos médicos que no trabajan para el Estado. 

Y en tanto, arrancan las campañas de los políticos que desean liderar nuestra vida colectiva y empiezan a distinguirse ya sus voces. ¿De qué nos hablan? ¿Alguno se refiere al virus o a la estela de nuevos pobres y nuevos lumpens que ha dejado tras de sí? 

Hasta este momento, ni uno solo. Es deprimente, se dice en los cuartos de guerra. Hablemos de asuntos optimistas. 

Dadas las nuevas variantes del Covid, necesitaríamos replantear nuestra vida colectiva en relación a la Naturaleza. Necesitaríamos replantear nuestras ciudades en relación a los bosques y el océano. Es urgente digitalizar al país entero en vista de la revolución digital que la pandemia aceleró. En vista del desempleo que seguirá creciendo, este sería el momento para la construcción de nueva infraestructura. 

No sucederá. El lugar de las soluciones colectivas –la política– está por ahora ocupado por el Toro Salgado y otras coloridas desdichas. 

No sé en otras latitudes, en México cada persona está sola ante esta tragedia que nos ha infligido un virus más pequeño que una partícula de aire, y será en solitario o en grupos pequeños que busquemos el viraje de vida que necesitamos. 

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