¿Dónde se jodió Vargas Llosa?

Sabina Berman

No es raro que el liberalismo económico haya sido ejercido a la par de las restricciones a la libertad de los individuos

Dos semanas antes de las elecciones en Chile, el candidato de la Derecha, José Antonio Kast, conversó con Mario Vargas Llosa vía zoom. 

—Hay que ganar las elecciones –le dijo eufórico el escritor desde su despacho en Madrid—, eso es lo importante… Los ojos de Latinoamérica están en Chile y no queda otra alternativa que ganar las elecciones, ¿eh? 

—Déjeme solo agregar esto, don Mario –el político logró interrumpirlo, desde atrás de su escritorio de madera en Santiago de Chile. 

Era natural que Kast quisiera hablar no solo de ganar la próxima elección, que quisiera aprovechar esa conversación que verían miles de personas, para avanzar la narrativa de su oferta de gobierno. 

—Esto es literalmente el Totalitarismo o la Libertad –sentenció. 

Vargas Llosa asintió aprisa y pasó al asunto que le importaba: ganar el poder. 

Muchos nos hemos preguntado dónde se jodió Vargas Llosa. Quiero decir, dónde su voz perdió la confianza de los muchos que lo leíamos y empezó a expresar los intereses de muy pocos, los miembros de la élite económica. 

Sostengo que la voz se le enredó precisamente en esa frase hecha por los publicistas de la Derecha, un slogan que con sutiles variaciones ha venido apareciendo en cada elección de la Hispano-esfera desde hace un lustro: 

—La Derecha es la Libertad, la Izquierda es el Comunismo

Una frase atractiva con un solo defecto. Sus dos afirmaciones son mentiras. 

La Izquierda, en su vertiente contemporánea más exitosa, la Izquierda progresista, nace precisamente de la renuncia a volverse una dictadura y a poseer los medios productivos de un país. El mismo candidato de la Izquierda en las elecciones de Chile, Gabriel Boric, lo explicitó así en una entrevista: 

—Basta de hipocresías –dijo—, seamos claros: nuestro proyecto no es el de Maduro o el de Cuba, ni el de Ortega en Nicaragua. 

Boric, como los socialistas progresistas de hoy, plantea un proyecto que da por hecho la democracia y que aspira a algo más humilde pero más eficaz que una dictadura, un Estado de Bienestar. Eso, no más, pero no menos, pretende lograr Boric en Chile: salud, educación y cultura, gratuitas y excelentes: ese mínimo de bienestar asegurado para cada ciudadano, sea rico o sea pobre. 

La otra mentira del slogan neoliberal atañe a la Libertad. 

Es falso que los neoliberales quieren la Libertad para todos. Descendiendo de la retórica, en la práctica lo que han defendido es la libertad para los dueños de empresas, para que el gobierno no medie entre ellos y sus empleados, así les impongan condiciones precarias y abusivas. Para los empleadores la Libertad, para los empleados la esclavitud de vivir en la necesidad. 

El ideal de la Libertad de los liberales se complica aún más en el terreno de las libertades civiles. Si alguna vez el neoliberalismo pudo afirmar que a la libertad económica sigue necesariamente la libertad de los individuos, fue en tiempos previos a que la teoría se probara en los hechos. Desde entonces, no es raro que el liberalismo económico haya sido ejercido a la par de las restricciones a la libertad de los individuos. 

El mismo Kast es un ejemplo de esa promesa rota del liberalismo. Kast prometió la libertad económica para los empresarios al mismo tiempo que más policía y más represión para los muchos, además de volver a penalizar el aborto. 

Por eso no es extraño que dos semanas después del zoom entre Vargas Llosa y Kast, fueran las mujeres y los pobres quienes decidieran la elección chilena. Por la Izquierda votaron dos de cada tres mujeres y dos de cada tres chilenos bajo la raya de la pobreza, unas para preservar la libertad de sus propios cuerpos, los otros para que el saludable crecimiento macro-económico de Chile baje también a sus vidas.

No, ya no cuela, ya no atrae una Derecha cuyo slogan está formado de dos mentiras. Insistir en que sí: ahí es donde Vargas Llosa sigue jodiéndose a sí mismo. 

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