México dejó de discutirse electoralmente en matices. Hoy se debate en absolutos: se está con Morena o contra Morena. No es algo espontáneo, es una construcción política deliberada. Desde 2018 se instaló una narrativa binaria que divide al país en dos partes: “el pueblo bueno” y “sus adversarios”.
El problema para la oposición es que el sistema de partidos mexicano no es binario, es un sistema partidista plural por diseño que le da hoy al elector un menú de seis partidos políticos a elegir. Por eso, de un lado, Morena cohesiona su parte del binomio haciendo bloque con el PT y el Verde. Del otro, la oposición se fragmenta entre PRI, PAN y Movimiento Ciudadano.
Ese es el estado de cosas en la Ruta hacia el 2027, y de continuar, el resultado lógico sería previsible: Morena y sus aliados ganarían más de lo que representan: no por mayoría social, sino por la fragmentación opositora.
Por eso de manera más que obvia el PRI ha puesto sobre la mesa la necesidad de una gran alianza opositora integrada por los tres partidos y los ciudadanos que rechazan a Morena. Alinear el voto opositor en un solo bloque es el camino sensato para ganarle a Morena en el 2027. Es una estrategia de suma aritmética, pero también de percepción ciudadana de triunfo.
En este entorno electoral binario es indispensable la concentración de la acción opositora en los ejes que hoy están fragmentados en cada partido: El cuestionamiento político y técnico, las propuestas y la narrativa popular.
Este aspecto —la narrativa— es el que presenta el mayor reto para la oposición y al mismo tiempo un gran espacio de oportunidad:
Mientras el oficialismo ofrece una historia simple y emocional: el “pueblo” contra sus enemigos; la oposición habla en lenguajes dispersos y sin epopeya. Aceptémoslo para empezar a solucionarlo: por el momento la oposición tiene múltiples argumentos, pero no tiene relato unificado. Y en la política del Siglo XXI, el relato es lo que gana elecciones. Aquí está el punto decisivo rumbo a 2027 y, sobre todo, a 2030.
Cada partido que decide “correr solo” en nombre de su identidad e ideología, en realidad reduce el valor de esa identidad en términos de eficacia política. Quien apuesta por “fortalecer su marca en el 2027”, en realidad está quemando el puente que permitiría una pluralidad efectiva mañana.
No se trata de diluir diferencias ideológicas ni de construir alianzas aberrantes, sino de entender que, en las condiciones actuales, la fragmentación equivale a la derrota. No se trata de renunciar a la pluralidad, sino de salvarla. Porque hoy, cada candidatura aislada y cada cálculo de corto plazo debilitan a la pluralidad y fortalecen al bloque oficialista.
Romper la lógica maniquea que ha impuesto Morena exige algo más que crítica o nostalgia por la identidad partidista: exige estrategia, narrativa y responsabilidad histórica, porque si la pluralidad no entiende su momento, terminará siendo víctima de su propia fragmentación.
A manera de colofón, al cierre del presente texto:
1) El PRI mantiene la propuesta de la alianza opositora total sobre la mesa, como un tema obvio de sensatez estratégica.
2) El PAN se debate al interior entre la visión nacional y los dilemas locales.
3) MC se mantiene en una posición que oscila entre la independencia y la funcionalidad indirecta al oficialismo.
4) Los ciudadanos que rechazan a Morena quieren la suma de esfuerzos porque, ajenos a lógicas partidistas, ven como algo obvio que en un entorno electoral dual la fragmentación opositora divide su voto y amplifica al bloque oficialista.
Esa es la lectura que sería necio negar.
Senador

