La Ruta 4 de las “10 Rutas por un México libre de pobreza” se enfoca en un momento crucial del curso de vida: la transición al primer empleo al concluir la formación escolar. No es posible exagerar la importancia mayúscula de este paso, para el destino de cada persona y para el desarrollo del país. Si para egresados universitarios conseguir un buen empleo es una caminata cuesta arriba, para quienes ni siquiera terminaron el bachillerato representa escalar un acantilado sin equipo. Las cifras lo confirman: más de la mitad de la generación joven de 15 a 29 años que ya no estudia, se encuentra atrapada en la exclusión (5 millones) o en la precariedad laboral (7 millones).
La exclusión y la precariedad no son fruto del azar ni de decisiones individuales. Son el resultado de condiciones estructurales por un contexto adverso que acumula desventajas desde el inicio de la vida.
Esta generación joven (hoy de 15 a 29 años) nació y creció cuando la mitad de la población vivía en pobreza por ingresos (53% en 2000 y 2010). En su primera infancia, la desnutrición afectaba el desarrollo neurocerebral del 21% de las niñas y niños del nivel socioeconómico más bajo. Durante su educación básica, asistieron a escuelas donde alrededor del 80% de sus estudiantes mostraban aprendizajes muy deficientes en matemáticas y lectoescritura. Y en su adolescencia, más de 60% abandonaron la escuela sin concluir el bachillerato.
Estas desventajas crean barreras profundas que están en la raíz de la exclusión y precariedad laboral. Sin embargo, ni el contexto ni las barreras los definen. Las etiquetas discriminatorias (como “ninis”) representan una adversidad más que se les impone.
Por eso, desde la Alianza Jóvenes con Trabajo Digno, subrayamos que son personas resilientes, creativas, con gran capacidad de resolución. Preferimos llamarles jóvenes oportunidad e invitamos a la sociedad a superar estigmas y a las empresas a asumir tres compromisos (ver mi texto “Discriminar al contratar. Además de ilegal, es un pésimo negocio” en Expansión, 20/3/2026).
Para promover su inclusión social y económica, proponemos una estrategia integrada de “primer empleo”, diseñada específicamente para jóvenes oportunidad, que además contribuya con las metas de empleo del Plan México. Una estrategia que combine cuatro elementos esenciales:
1. Formación en habilidades “blandas”, que en realidad son los cimientos sólidos del funcionamiento social y laboral.
2. Fortalecimiento de aprendizajes fundamentales: lectoescritura, cálculos matemáticos y habilidades digitales.
3. Capacitación técnica desde la experiencia práctica, como aprendices en centros de trabajo, ligados al aparato productivo en cada lugar.
4. Canalizar las transferencias del programa Jóvenes Construyendo el Futuro (JCF) de manera prioritaria hacia jóvenes con barreras de empleabilidad.
La Ruta 4 es un llamado a garantizar derechos a millones de jóvenes. Las transferencias no bastan para derribar las barreras a la empleabilidad. Pueden ser una herramienta de inserción laboral, si se complementan con experiencias de aprendizaje significativas y con atención a los rezagos y necesidades psicosociales de los jóvenes con mayores barreras, como lo hacen las organizaciones de la Alianza.
Para un México libre de pobreza necesitamos cada vez más jóvenes oportunidad con trabajo digno.

