Para no olvidar: Aprendizajes post-Covid19 (I)

Rogelio Gómez Hermosillo M.

En estas semanas de pandemia hay aprendizajes en muchos planos que no debemos olvidar: en lo personal, en el estilo de vida, en aspectos políticos, económicos y sociales.

En el nivel mas personal, hay muchas personas con valiosos aprendizajes sobre sí mismas. Hay quienes han revisado sus valores y prioridades e incluso quienes han modificado decisiones fundamentales. Muchas personas refieren estar aprendiendo a valorar de otra manera muchas cosas que daban por sentadas, entre ellas, el tiempo, las amistades o las posesiones “materiales”. Es deseable no olvidar lo aprendido sobre nosotros mismos y el sentido de la vida.

También surgen reflexiones profundas sobre nuestros estilos de vida: sobre el agotamiento del nivel de consumo desenfrenado, la fragilidad del ecosistema o incluso sobre algunos efectos positivos de la reducción de actividad económica. Son aprendizajes intuitivos que requieren traducirse en cambios factibles de gran escala para ser eficaces en el cuidado de la casa común.

Mi propósito en estas colaboraciones es rescatar algunos aprendizajes sobre aspectos de nuestra realidad nacional, especialmente en los ámbitos de la salud y la economía.

En este primer texto inicio con aprendizajes sobre el sistema de salud. Sería inaceptable y trágico que después de la pandemia se olvidaran como si nada hubiéramos aprendido del dolor y costos de esta emergencia.

1) El valor público y social del sistema de salud lo convierte en la prioridad número uno. Si la vida es el bien máximo a proteger, el sistema de salud es esencial para lograrlo. Contar con un sistema público de salud que funcione bien debiera ser la prioridad nacional (política, económica, social) de los próximos 15 o 20 años.

No podemos olvidar ese aprendizaje contundente, del que se deriva una conclusión financiera: El presupuesto público debe asignar recursos suficientes para garantizar acceso universal a servicios de salud, es decir para garantizar la atención a todas las personas sin importar su condición socioeconómica o lugar de residencia.

2) La salud es un derecho humano, no puede ser una prestación derivada del empleo. La atención del Covid-19 no estuvo basada en afiliación -al menos en la intención-, incluso se abrieron los hospitales privados para atender otros padecimientos, pagando con recursos públicos.

Nada justifica que las enfermedades del corazón o la diabetes que causan 250 mil muertes por año, sean tratadas de manera diferenciada, en relación con la capacidad de pago o con la afiliación derivada del contrato laboral.

Integrar el sistema público de salud, para garantizar acceso a todas las personas, desvinculando “acceso” de “afiliación” sería un gran aprendizaje de esta emergencia. Por ser un derecho, la distinción entre derechohabientes y no derechohabientes de IMSS, ISSSTE u otro sistema público, es inaceptable. O, mejor dicho, en materia de salud toda persona es derechohabiente.

3) La prevención salva vidas. Las medidas de prevención ante el Covid, como la “sana distancia”, el lavado de manos, y hasta la forma de cubrir la boca al estornudar se volvieron prácticas preventivas conocidas por “todo el mundo” (literalmente hablando).

Quizá el mayor aprendizaje de salud pública de esta pandemia debiera ser la importancia de una política de prevención bien formulada y aplicada, con mensajes claros, con amplia difusión, con consistencia científica y con capacidad de ser asumida por la población en riesgo. La prevención de enfermedades como la diabetes y la hipertensión, que causan el 40% de las muertes en México, deberían tener una política de prevención de alcance, claridad, consistencia y apropiación pública similares. Hoy nuestro sistema público esta centrado en lo curativo y sobretodo en los tratamientos a complicaciones, en detrimento de lo preventivo y la atención oportuna.

Hay varias lecciones más que no podemos olvidar. Anticipo dos más del sistema de salud que trataré de abordar en mi siguiente colaboración: el valor de la detección oportuna y de la calidad de atención. En futuras colaboraciones también espero presentar aprendizajes de nuestra realidad económica y social.

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