¿Qué se juega en Sonora?

Roberto Rock L.

Ernesto Gándara y Alfonso Durazo mantienen un equilibrio en sus aspiraciones, no ausente de tropiezos en ambos frentes

Desde hace más de un siglo, Sonora es asiento de una clase política clave en la historia moderna del país. Ha producido a varios de los presidentes de la República más poderosos, y sus vasos comunicantes con intereses empresariales están siempre a la vista. Resultaría una ingenuidad suponer que la disputa por quién gobernará al estado es un asunto regional.

Se ha vuelto un juego de espejos la carrera entre los dos principales aspirantes a la gubernatura: Alfonso Durazo, postulado por Morena, y Ernesto Gándara, al que apoya una coalición nutrida básicamente por PRI y PAN, dos partidos que en aquella entidad pelean en la plaza pública, pero se ponen de acuerdo en privado.

Bajo una mirada formal, ambos contendientes mantienen un equilibrio en sus aspiraciones, no ausente de tropiezos en ambos frentes. Durazo Montaño reproduce el código del presidente López Obrador, inclinado a gobernar mediante incondicionales, y con tal pretensión ha formado su equipo e inducido múltiples candidaturas locales.

Sonora vivió también el tsunami de Morena en sus elecciones intermedias de 2018. Gracias a ello, ese partido domina hoy las 10 principales alcaldías del estado, entre ellas la capital, Hermosillo, así como Ciudad Obregón, Nogales y Agua Prieta. Ahí se concentra el dinero agrícola, el minero y el comercial. Pero también el del narcotráfico y otras actividades ilícitas. Es difícil que en los comicios de junio se repita el tan amplio dominio morenista, lo que angostó el pastel y trajo la disputa por posiciones que le está estallando en el rostro a Durazo y su equipo cercano.

Gándara perdió sus dos más recientes apuestas para ser gobernador, en 2009 y 2015. Esta vez consumió al menos medio año para estar al frente de la alianza. Su campaña luce exhausta apenas iniciada, y a él se le achaca falta de brío. Muchos ven en ello un pacto, un guion con fronteras aún desconocidas. Un factor enigmático en esta línea de pensamiento es el alto número de candidatos para alcaldes y diputados federales de origen empresarial. 

Una referencia inevitable cuando se habla de Sonora la constituye Manlio Fabio Beltrones, tal vez el político más importante de su generación y cabeza de un grupo que ha sostenido por décadas anchas franjas de poder dentro y fuera de la entidad. 

En pleno arranque de las campañas sonorenses, Beltrones, su hija Sylvana y su esposa Sylvia —que vivía los días finales de un mal terminal— fueron colocados al centro de señalamientos por presuntas cuentas bancarias en la Banca de Andorra (BPA) abiertas hace más de 10 años, por lo que cualquier relevancia legal habría prescrito.

Como en política no hay coincidencias, las versiones sobre la motivación del señalamiento han desbordado espacios en los periódicos y en merenderos políticos. La autoría del ataque lo mismo es atribuida a Durazo, a sus enemigos, a grupos empresariales y, desde luego, al presidente López Obrador, pese a que éste ha evitado toda alusión a Beltrones.

Hasta antes de ese ataque, se asumía una fría distancia entre Gándara y Beltrones, por la larga cercanía de aquél con la familia Bours, contraria a éste. El ahora candidato aliancista tuvo especial identidad con Emilio Gamboa, otro veterano priísta, al que se le describe enclaustrado en su rancho en Yucatán. No está claro si las nuevas circunstancias traerán una mayor participación de Beltrones en la causa de Gándara, como muchos creen ver.

Será importante seguir de cerca la evolución de esta historia. Pero más adelante quizá concluyamos que parte de las claves para entender el 2024 se escribieron en Sonora. 

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