Los rostros de Ricardo Monreal

Roberto Rock L.

El líder senatorial de Morena va por una vereda que podría convertirse en voladero para su carrera política. Hay quienes lo ven como nuevo secretario de Gobernación, o que puede contender por la Presidencia en 2024, con o sin Morena

Entre quienes mejor conocen al líder de Morena en el Senado dicen que su personalidad, mezcla de sagacidad y desasosiego, germinó en el hecho de figurar entre los últimos de 14 hijos en una familia trasterrada a la capital del país desde un pueblo de Zacatecas que se inventó al Santo Niño de Atocha para figurar en el mapa.

Tal origen parece enhebrar el destino de este personaje que, desde su escaño muestra en forma alternada el rostro del tripulante de uno de los vehículos artillados de la 4T —un verdadero panzer—, y el del promotor de la conciliación en nuestro ambiente crispado.

Frente a la crisis sanitaria, la emergencia económica, las caravanas de protesta y la creciente pugna con los gobernadores, el presidente López Obrador parece haber sido convencido por el bloque duro de la misma 4T para radicalizarse. Esta visión busca depositar en el Senado la función de trinchera clave en las próximas batallas. Pero debilita el piso sobre el que se ha manejado Monreal en busca del mayor protagonismo posible.

La modesta casa que ocuparon alguna vez los Monreal Ávila en la Ciudad de México era confundida en la colonia con una pensión de estudiantes, por tantos hermanos que eran. Ahí quizá se aprendía que la cosas se conquistan con cálculo —y a dentelladas. Lo que haya sido, empujó a un Ricardo adolescente a sumarse a los 15 años al PRI (uno de los cinco partidos en los que ha participado).

Tres veces diputado federal, tres, senador; gobernador, delegado en Cuauhtémoc —la zona crucial de la metrópoli—, Monreal arribó a la coordinación senatorial como producto de un accidentado pacto con López Obrador después de que en agosto de 2017 una encuesta dejó en manos de Claudia Sheinbaum la candidatura de Morena a la jefatura de Gobierno de la ciudad.

Durante los días posteriores, el zacatecano sopesó la tentación de una candidatura opositora con el cálculo de que aplastaría a la aspirante de Morena en la ciudad. En las sombras y según testigos cercanos al episodio, el entonces secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio, urgió a Miguel Ángel Mancera a construir un frente en el que todos los demás partidos postularan a Monreal, lo que demostró ser imposible. Travesuras de la política, hoy los tres son vecinos de escaño.

López Obrador especuló en esos momentos con los tiempos para reducir el margen de maniobra de Monreal, y no habló con él sino hasta que tuvo bajo el bajo el brazo encuestas ordenadas por su más cercano asesor, Julio Sherer Ibarra, según las cuales Sheinbaum ganaría bajo cualquier circunstancia.

Todo este contexto está impulsando hoy al líder senatorial de Morena por una vereda que podría convertirse en voladero para su carrera política, que hasta hace algunas semanas le permitía sembrar, aquí y allá, versiones de que se alistaba para ser el nuevo secretario de Gobernación, o incluso, que puede contender por la Presidencia en 2024, con o sin el respaldo de Morena.

Astuto de sobra, Monreal parece tener pleno control interno de la Cámara, por conducto de su compañera de partido, la tabasqueña Mónica Fernández, para quien busca un nuevo periodo anual a partir de septiembre, lo que acabaría por cerrar el paso a su principal adversario, el también senador morenista Martí Batres.

En paralelo, para satisfacer a sus públicos externos, el zacatecano difunde la versión de que un bloque interno de senadores se ha rebelado a su gestión para orillarlo a radicalizarse también, en el cual incluye a la citada Mónica Fernández.

De acuerdo con testimonios recogidos por este espacio, tal grupo no existe, pero la especie funciona bien como cortina de humo para que cada día desde las oficinas de Monreal se dicten embates contra los gobernadores, emplazando a sus colegas de Morena para hacer declaraciones y atacar desde cuentas de redes sociales al objetivo en turno.

El “cliente” del pasado fin de semana, por ejemplo, fue el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro. La directriz fue calificarlo de “fascista” y generar el hashtag #queaparezcanya, en alusión a jóvenes presuntamente secuestrados por policías de aquel estado.
 

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