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La (verdadera) hora de AMLO

05/04/2020
01:33
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Al cierre de diciembre pasado, hace casi 100 días, las autoridades mexicanas tuvieron las primeras noticias de que un nuevo virus había surgido en China con el potencial de provocar un cataclismo sanitario. Las próximas semanas traerán el clímax de la crisis y desnudarán la dimensión del gobierno López Obrador. Sabremos entonces si estuvo la altura de una batalla que impondrá un cruel equilibrio entre la vida, la muerte y la sobrevivencia económica.

El balance, que se anticipa ominoso, puede ser atemperado si en las próximas horas, en el entorno del mensaje que López Obrador tiene programado para hoy, se produce un viraje que relance su presidencia.

En los días recientes se ha echado mano nuevamente del canciller Marcelo Ebrard para dar un mensaje de madurez política y orden institucional, lo que en las últimas horas atrajo versiones de ajustes en el gabinete, que podrían ser viento fresco y anticipar transformaciones de fondo sobre la concepción de país y el proyecto de la 4T.

Se subrayaría que el problema central no es sanitario ni económico, sino de buena política, la que concita confianza y convoca a la unidad.

Hasta ahora, la estrategia ante este desafío no permite abrigar mucho optimismo. De entrada, las autoridades federales nunca hicieron suficientes pruebas para tener un mejor pronóstico sobre la dimensión del problema, ni alertaron oportunamente a la población para disminuir el riesgo de contagios, por lo que fueron desbordadas desde los estados, las casas académicas y la voz de expertos.

Se inició tardíamente el establecimiento de protocolos de atención, abasto de medicamentos, equipos y los más elementales materiales de protección para el personal sanitario.

La tercera aduana para validar el desempeño gubernamental exhibió la insuficiente compra de ventiladores respiratorios, más pruebas, contratación de personal y adaptación de espacios para atender una demanda que rápidamente desbordará una capacidad hospitalaria hasta 10 veces menor (por ejemplo, en camas por cada 10 mil habitantes) de la que disponen naciones que han enfrentado con eficacia esta tragedia, como Corea del Sur, Australia, Alemania o Francia.

La irrupción de la pandemia Covid-19 se produce cuando nuestro sistema de salud se halla comprometido por otras epidemias como la tuberculosis, el sarampión y el dengue, con crecimiento no conocido en años, lo que evidencia el debilitamiento de controles sanitarios, ineficacia o ausencia de campañas de vacunación, medicamentos y vacunas insuficientes o de baja calidad.

Cuando se acerca la verdadera hora de prueba para la administración López Obrador, el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, exhibe enorme desgaste al fracasar en los procesos para comprar ventiladores y otros equipos, al tiempo que no logra cuajar un mensaje consistente para atemperar la angustia económica que ya domina al país.

Lo mismo ocurre en Salud, que conduce Jorge Alcocer, donde permisos para la adquisición de kits de pruebas para el diagnóstico del virus y otros recursos siguen atorados en la Cofepris, que encabeza José Antonio Novelo, un pediatra y porcicultor yucateco designado por instrucción presidencial directa.

A la sombra de todo ello, Hugo López-Gatell, una especie de zar en la lucha contra la epidemia, parece regodearse en su fama de rockstar gracias a su apego por el micrófono, su capacidad para rendir culto a la imagen presidencial y su destreza para eludir temas de fondo.

López-Gatell nunca ha podido explicar por qué en naciones que han mostrado capacidad de control sobre el virus, como Corea del Sur, Australia o Alemania, se han aplicado medio millón de pruebas en promedio, mientras que en México esta semana llegaremos a las 15 mil. Pese a que hace dos viernes anunció en su twitter que en su conferencia diaria aclararía un aparente subregistro en el número de muertes por neumonías atípicas, ese día decidió ausentarse de su foro predilecto.

La mayor crisis en décadas en la historia del país se acerca. Y esta hora oscura parece reclamar un viraje que, con todo, no podría suponer el inicio del final para nuestros problemas. Si acaso, el final del principio.

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Roberto Rock
Es egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Diplomado por la Northwestern University en Administración de Empresas Periodísticas.