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La rebelión de las batas blancas

La rebelión de las batas blancas
31/05/2020
02:18
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En los quirófanos y en las salas de terapia intensiva, en los pasillos y frente a un café desvelado, los hospitales públicos son escenario donde hierve el ánimo de una protesta que, de llegar a las calles, estremecerá al país y sacudirá al gobierno López Obrador.

Una suma explosiva en el sector médico incluye la indignación por no haber contado con protección suficiente durante la pandemia; la desesperanza ante la muerte de pacientes en espera de equipo o medicamentos; el desconsuelo por jugarse la vida lejos de sus familias, agraviados por la población y en condiciones extremas que nunca aparecieron en las conferencias de prensa gubernamentales.

Paradójicamente, como la víbora que devora su cola, personajes ligados a la llamada Cuarta Transformación colaboran en incendiar la pradera entre el personal médico. Sus huellas digitales pueden distinguirse en manifestaciones hasta ahora aisladas. Algunos de estos incitadores se hallan, por ejemplo, muy cerca de la secretaria del Trabajo, Luisa María Alcalde.

Bajo las presentes condiciones, una insurrección de hombres y mujeres en batas blancas haría palidecer las protestas que hace 55 años, en los inicios del gobierno Díaz Ordaz, sacaron a las calles a doctores y médicos residentes. Sus reclamos encontraron despidos masivos y represión policial. Ello marcó el precedente inmediato del Movimiento de 1968.

Solo por lo que toca al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), casi 200 mil trabajadores (de los más de 360 mil con que cuenta la institución) están en contacto directo con el drama que entraña la pandemia. Al sumar al personal sanitario de la Secretaría de Salud y del ISSSTE, ese número se duplica fácilmente.

Estimaciones ubican en 400 el número de fallecidos por Covid-19 entre médicos, enfermeras, camilleros y otros segmentos del personal de salud federal. Una cifra confirmada por este espacio indica que en el IMSS la cifra era de 112 hasta la semana recién terminada.

En las oficinas de la Fiscalía General de la República, de organismos que combaten la discriminación, así como en juzgados federales y oficinas gremiales de dichas dependencias, se acumulan, por miles, quejas de médicos y en enfermeras ante ataques por parte de vecinos o transeúntes, lo mismo que demandas en pos de amparos judiciales para no trabajar sin las mínimas medidas de protección.

Se asoma ya una ola de denuncias contra personal médico bajo acusaciones de negligencia profesional por parte de familiares de personas fallecidas que no tuvieron una atención con niveles mínimos de calidad dentro de hospitales desbordados, con especialistas insuficientes (o inexistentes) para practicar una intubación o cualquier otro procedimiento complejo.

Todo ello se ha convertido en caldo de cultivo para la ebullición de movimientos disidentes de un gremio médico que por décadas se ha mantenido a distancia de la confrontación. Pero esto está cambiando rápidamente.

Grupos con peso creciente se muestran activos desde que la administración López Obrador consumó una reforma laboral bajo presiones de Estados Unidos, irritado por las condiciones salariales y sindicales vigentes en México.

La reforma trajo la proliferación de pequeños sindicatos dentro de dependencias como el IMSS o Pemex, con gremios muy numerosos y politizados. Singularmente, en el caso del Instituto, que hoy dirige Zoé Robledo, varios de esos nuevos sindicatos han tenido como tutor a Arturo Alcalde Justiniani, un controvertido abogado laborista, amigo personal del presidente López Obrador, lo que derivó en que la hija de aquél, Luisa María Alcalde, llegara a la Secretaría del Trabajo. De manera visible, desde esa dependencia fueron extendidos apoyos especiales para favorecer estas agrupaciones disidentes, cuyos líderes son los primeros que han comenzado a manifestarse… en contra del gobierno.

José Narro Céspedes, médico de profesión, senador y dirigente del Partido del Trabajo, destaca también como patrocinador de estas agrupaciones, que con frecuencia realizan asambleas en instalaciones del propio PT. Así es como esta cuna está siendo mecida. Como germina nuestra próxima crisis.

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Roberto Rock
Es egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Diplomado por la Northwestern University en Administración de Empresas Periodísticas.