Los actores políticos centrales del país se han embarcado en una ruta de colisión bajo la aparente certeza de que los resultados de la gigantesca jornada electoral del próximo año (15 gubernaturas, 500 diputaciones locales y otros 20 mil cargos en disputa) determinarán la vida pública hasta el 2024, cuando acudiremos a las urnas para decidir por un nuevo presidente, o presidenta.

El acre aroma del 2021 parece desprenderse de toda pugna, dentro y fuera de los partidos políticos, entre el gobierno federal y los gobernadores, en el gabinete e incluso en los pasillos de Palacio Nacional. Ello ocurre cuando aún no se le ve fin a la emergencia sanitaria, bajo la mayor crisis financiera de la historia, y a punto de que cumplamos dos años de un profundo ciclo de polarización alentado por el gobierno de lengua dura que encabeza el presidente López Obrador.

Morena, el partido que debe darle viabilidad electoral al movimiento social que impulsó al tabasqueño a la Presidencia, es ya escenario de una batalla entre facciones dominadas por la oscura obsesión del 2021 como catapulta al 2024.

El sexenio parece acortarse para los que identifican a los dos principales candidatos a la dirigencia morenista: Mario Delgado y Porfirio Muñoz Ledo, con actores probables en la próxima sucesión presidencial, respectivamente el canciller Marcelo Ebrard y la jefa de Gobierno capitalino Claudia Sheinbaum, como si todavía no fuera a pasar mucha agua bajo ese puente, en especial en una nación dominada por los sobresaltos.

Tras dos años en el poder, Morena ha sido incapaz de construir los consensos para designar a sus dirigentes, lo que atrajo una cadena de posturas, a cuál más polémica, por parte del Tribunal Federal Electoral, que preside Felipe Fuentes Barrera.

Resultado de ello es la confusa cadena de encuestas encomendadas al INE que dirige Lorenzo Córdova, para las que se registraron Muñoz Ledo y Delgado, más una legión de personajes que confirman lo caótico del proceso y el riesgo de que acabe en un desastre absoluto.

Siendo clara opción de poder, Morena alberga también sordas pugnas entre posibles aspirantes a las gubernaturas que estarán en disputa no solo en 2021, sino dentro de casi dos años, en 2022.

Un simple ejemplo: con diferencia de horas, la senadora morenista por Quintana Roo, Marybel Villegas Canché, atrajo la atención la misma semana por dos motivos diversos: sus reiteradas acusaciones contra el gobierno de Carlos Joaquín, y por ser señalada de enriquecimiento inexplicable vía uno de los amanuenses de las “mañaneras” presidenciales (que la aludió como “diputada”).

Villegas, alentada por el líder senatorial Ricardo Monreal, va muy rezagada frente a otros aspirantes morenistas: el senador José Luis Pech, apoyado por Martí Batres, y la alcaldesa de Benito Juárez-Cancún, Maru Lezama.

El propio López Obrador debió deslindarse de tal circo al describirlo como una guerra intestina en Morena. Y eso que faltan 22 meses para la respectiva elección…

Apuntes:

Están a un mes de distancia las elecciones del 18 de octubre para el Congreso de Coahuila. Pese a la apuesta del gobernador Miguel Riquelme de entregar al PRI el dominio del Legislativo local, las proyecciones disponibles adelantan que el Institucional se llevará seis distritos de mayoría, apoyado por su fuerza en Saltillo-Ramos Arizpe; el PAN tendrá otros seis a partir del eje Torreón-La Laguna, y Morena recogerá los cuatro restantes, mostrando fortaleza en la zona fronteriza. Las nueve curules adicionales, bajo principio plurinominal, no afectarán mayormente esa correlación de fuerzas.


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