La hora de Zoé Robledo

Roberto Rock L.

León Manuel Bartlett Álvarez, actor central de un escándalo de corrupción por vender ventiladores médicos al Instituto Mexicano del Seguro Social a precios presuntamente inflados, puede dormir tranquilo. Un contundente comunicado de la Función Pública (SFP), a cargo de Irma Eréndira Sandoval, anunció que la investigación del caso la hará el titular del Órgano de Vigilancia y Control del IMSS, Camelo Jairo Orlando. Hoy le informo que este personaje está señalado de cohecho por autorizar pagos millonarios sin sustento en la renovación de un hospital.

El señor Jairo Orlando, con un título de contador por la casi desconocida Universidad de Quindío, en Colombia, es en el Instituto un emisario de la Función Pública, donde según fuentes consultadas, goza de la protección de Daniel García Cortés, coordinador general de estos órganos en el gobierno federal y colaborador clave de la secretaria Sandoval.

En documentos oficiales consta que Jairo Orlando autorizó un pago de 132 millones de pesos a la empresa que remodeló el hospital 32 del IMSS en Coapa, al sur de la CDMX, tras sufrir en el terremoto de 2017 daños tan serios que se consideró su demolición. Resistencias de funcionarios del Instituto, que dijeron contar incluso con grabaciones telefónicas en las que aquél pedía un soborno, permitió pagar únicamente 32 millones; el resto deberá ser litigado en la SFP, con resultados inciertos.

La venta —sin licitación alguna— cerrada con la delegación del IMSS en Hidalgo por el hijo de Manuel Bartlett, director de la CFE, se suma a las pactadas con otras dependencias federales, según reveló el periodista Carlos Loret. Resulta evidente que la bendición sobre sus negocios rebasa incluso a los altos mandos del Instituto.

El director del IMSS, Zoé Robledo (Chiapas, 1979), se había perfilado antes de la pandemia como una de las figuras más prometedoras del gobierno López Obrador. Con varios puestos de elección popular y una sólida currícula académica (ITAM, UNAM, Harvard…), cobró fama de buen negociador durante 17 meses como subsecretario en la Secretaría de Gobernación.

Hace un año, justo en este mes, Robledo se reunió apresuradamente con su jefa, la secretaria Olga Sánchez Cordero, para transmitirle que el presidente le había encomendado la dirección del IMSS, a la que Germán Martínez acababa de renunciar en forma ruidosa (https://bit.ly/3c5JI2w). Los meses iniciales de su gestión le trajeron nuevos logros. Rumores de que regresaría a Bucareli como titular eran alentados por un cálido trato presidencial.

La crisis sanitaria estallada en febrero desnudó a un IMSS bajo inanición financiera, con desabasto generalizado y un “brutal rezago en infraestructura”, según rezaba, con razón, la dimisión de Martínez. Bajo la presión, Robledo lució descolocado. Fuentes confiables informaron a esta columna que el Presidente mismo le informó que permanecería en su actual encargo hasta el final del sexenio.

Ha quedado de manifiesto la vulnerabilidad del IMSS, la pugna interna entre sus altos mandos, lo que incluye a las cabezas de las áreas médica, administrativa y de finanzas, respectivamente Mauricio Hernández, José Antonio Olivares Domínguez y Flavio Cienfuegos. Hernández encabeza una cofradía que fracasó en colocarlo en un cargo más alto; Olivares es un operador del secretario de Hacienda, Arturo Herrera, así como Cienfuegos lo es de la titular del SAT, Raquel Buenrostro. El círculo de leales a Robledo podría estar reducido al secretario general, Javier Guerrero, y a escasos mandos medios.

Bajo estas circunstancias, la hora difícil del director del IMSS parece atada a una huida hacia adelante, con el relanzamiento de la institución como eje del sistema de salud. Una batalla en diversos frentes, que incluya el nacimiento real del IMSS-Bienestar, el proyecto del sexenio para el Instituto, pero hoy sin los fondos para ser un verdadero pivote de justicia social.

En 2014 en el Senado, Zoé Robledo pronunció un discurso (https://bit.ly/2YDtTMv) que pese a la distancia sigue sonando innovador, pues urgía a rescatar la legitimidad de la clase política con el compromiso de mayor transparencia y la declaración 3 de 3, que se escuchó por primera ocasión en ese foro. Ese es el camino, la transformación. Si lo elude, solo le queda el limbo.

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