La 4T va por los libros de texto gratuito

Roberto Rock L.

Resulta grave aquí la ausencia de la secretaria de Educación, Delfina Gómez

A la sombra de la administración López Obrador; alentada por la falta de liderazgo en la Secretaría de Educación Pública (SEP), una facción radical está decidida a tomar por asalto la elaboración de libros de texto gratuito que cada año llegan a pupitres y hogares de 20 millones de niños en todas las escuelas primarias, públicas y privadas, del país.

Esta historia no se reduce a un arbitrario funcionario menor, Marx Arriaga Navarro, director general de Materiales Educativos en la SEP, que ha convocado a reformar 18 libros de primaria. La notoriedad de este personaje que saltó del anonimato con nula trayectoria pública y administrativa, hasta ahora sólo le ha permitido escenificar traspiés y escándalos, primero en la Dirección General de Bibliotecas y ahora en su actual cargo.

De acuerdo con testimonios obtenidos por este espacio, el plan de imponer a los niños de primaria un proyecto de adoctrinamiento a la medida de la 4T —que el locuaz Arriaga aceptó ya oficialmente— ha sido fraguado desde inicios del actual gobierno por un equipo radicado en dos ámbitos: el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) y la Coordinación de la Memoria Histórica y Cultural de México. 

La información disponible indica que fueron elaborados en oficinas del INEHRM, en principio, ajustes puntales a los textos de Historia para cuarto, quinto y sexto grados de primaria. Se aguardaron las condiciones propicias para lanzar la apuesta. Estas llegaron con el cambio de titular en Educación. 

La opacidad de estos trabajos, de espaldas a las áreas de la SEP donde comités especializados validan los planes de estudio y sus herramientas, está provocando amplias reservas, ante el riesgo de que sean introducidos criterios ideológicos en estos libros.

Uno de los actores a la sombra de este revisionismo de los textos gratuitos (creados hace 60 años y con una docena de ajustes mayores, ajustados a la política educativa en turno) es Pablo Salmerón Sanginés, que en septiembre de 2019 fue cesado al frente del INEHRM tras expresar que el asesinato del empresario regiomontano Eugenio Garza Sada, en 1973, a cargo de guerrilleros de la Liga Comunista 23 de Septiembre, fue cometido por un “comando de valientes jóvenes”. 

Sin duda, uno de los factores más inquietantes de esta situación es el uso de la figura de la señora Beatriz Gutiérrez, esposa del Presidente. El referido Arriaga Navarro fue sinodal en su examen de doctorado. Y ella misma es miembro honorario de la citada “Comisión de la Memoria…”.

Pero resulta más grave la ausencia en esta polémica por parte de las dos directas responsables: la secretaria de Educación, Delfina Gómez, y la subsecretaria de Educación Básica, Martha Hernández Moreno. La primera, maestra de primaria en Texcoco entre 1980 y 2000, se inclinó tempranamente a la política, trepada en la mafia política regional que encabeza el ahora senador Higinio Martínez, la cual la hizo sucesivamente alcaldesa, diputada federal, senadora, candidata a la gubernatura del Estado de México y ahora secretaria de Estado. Poco cabe decir de la subsecretaria Hernández: fue funcionaria menor en la Universidad Metropolitana de Monterrey, propiedad de Alfonso Romo, consejero presidencial y al quien ella debe el cargo. Ostenta estudios de posgrado en una fantasmal institución educativa. 

Lo que puede anticiparse es una crisis creciente, cuya dimensión hará parecer cuentos infantiles los escándalos protagonizados con el manoseo de los propios libros de texto gratuito durante los gobiernos de Carlos Salinas, Ernesto Zedillo y Felipe Calderón. Estos episodios concluyeron con millones de libros tirados a la basura. 

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