Cinco enigmas de la elección

Roberto Rock L.

La CDMX vivió una votación inusitada, marco de una rebelión cívica de las clases media y alta, agraviadas por la divisiva retórica presidencial

1. El Partido Verde, esa corporación familiar siempre presta a subirse al carro del mejor postor, sufría anoche porque no alcanzaba el porcentaje mínimo de votación para conservar su registro. Postuló a sus candidatos en alianza con Morena, pero fue el emblema de éste el cruzado en las boletas.

Puede repetirse la historia de 2018 con el entonces Partido Encuentro Social (PES). Como hoy el Verde, formó una robusta fracción en San Lázaro, pero se quedó sin registro. Sus legisladores fueron absorbidos por Morena o usados como fichas de cambio. En su nuevo intento, el PES hizo campaña amagando con atacar derechos sociales, y acompañará en el olvido a los demás partidos que estrenaban registro.

2. Cuando la bruma de las proclamas se disipe y las cifras duras rijan el debate, Morena, el partido del presidente López Obrador, aparecerá como perdedor. Se desplomó en la Cámara de Diputados, y si bien ganó un alto número de gubernaturas, en muchos casos los Congresos locales y las ciudades capitales respectivas estarán en manos opositoras. Quedará evidenciado que, en términos reales, incluso proporcionales, su votación se acercará a la mitad de la lograda en 2018.

 3. En la capital del país el panorama para la 4T es más grave aún. Morena fue derrotado en enclaves esenciales. Resultaría sano deslindar responsabilidades entre el Presidente, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum —instruida ayer desde la “mañanera” a estar “más cerca de la gente”— y una desastrosa operación partidista. La ciudad vivió una votación inusitada, marco de una rebelión cívica de las clases media y alta, agraviadas por la divisiva retórica presidencial.

Con buenos o malos argumentos, el reparto de candidaturas del oficialismo dio un portazo en la cara a Ricardo Monreal, un personaje marrullero. El líder senatorial morenista pactó con opositores, arrancó una cuota de poder con la alcaldía de Cuahtémoc —joya de la corona— y tendrá un grupo afín entre los legisladores del Congreso local.

 4. La mayor derrota la carga el PRI de Alejandro Moreno, una caricatura de dirigente dominado por dos obsesiones: cuidarse las espaldas en su feudo de Campeche y arrodillarse ante Palacio Nacional. En al menos una circunscripción para definir la integración de San Lázaro el Institucional no obtuvo un solo diputado. Ello precipita la extinción de una generación de sus líderes. En la disputa por Mérida, por ejemplo, el abanderado del tricolor, Jorge Carlos Ramírez Marín, perdió 3-1. La misma suerte corrió, en la búsqueda de una diputación, Pablo Gamboa Miner, hijo de Emilio Gamboa, uno de los tres hombres más poderosos en el gobierno Peña Nieto.

 5. En la acera opositora, las asechanzas son también numerosas. El PAN encabeza la alianza anti-Morena, y las tensiones internas con PRI y PRD pondrán a prueba su pacto legislativo. En Movimiento Ciudadano el proceso enfrentó al gobernador jalisciense, Enrique Alfaro —el cual apoyaba sumarse a la alianza opositora—, con Dante Delgado, quien junto a otros dirigentes impulsó la estrategia que triunfó. MC se estrena como fuerza política auténticamente nacional. Por lo pronto, Delgado sumó a sus credenciales haber diseñado las candidaturas del controvertido Samuel García y de Luis Donaldo Colosio, que le dieron una segunda y poderosa gubernatura y una alcaldía de rango solo equiparable a Guadalajara. 

El próximo episodio lo impondrá el ciclo de impugnaciones en busca de anular elecciones tan vistosas como San Luis Potosí, Baja California Sur o Campeche, más decenas de comicios en otras plazas. Solo hasta que esa polvareda se apacigüe podremos comprender debidamente los enigmas de la elección. 

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