AMLO: la frágil ventaja ante Biden

Roberto Rock L.

AMLO corre el riesgo de alcanzar una extraña hazaña: romper puentes en lugar de construir alianzas con Kamala Harris, una promotora de avances en varias materias

El gobierno López Obrador dispone de un “momentum” frente a Estados Unidos:
cuenta con una dosis clave de la solución que requiere en forma urgente Joe Biden para resolver su única crisis (la migratoria) en el horizonte de un arranque impecable al frente de la Casa Blanca.

Pero esta coyuntura se empieza a agotar, al menos en su faceta más sensible, pues los niños viajando solos ya no están recluidos en jacalones de la Patrulla Fronteriza.
Ello puede cambiar la ecuación para el mandatario mexicano, en especial si incurre en alardes de rudeza como los protagonizados la semana pasada antes de reunirse en videoconferencia con la vicepresidenta estadounidense, Kamala Harris.

Washington ha dado señales de que emprenderá una doble ruta frente al problema doméstico que le genera la llegada masiva de migrantes desde el llamado triángulo norte de Centroamérica (Guatemala, Honduras y El Salvador): admitirá marginalmente las propuestas de López Obrador para entregar fondos a jóvenes de la región bajo el programa “Sembrando Vida”, pero desarrollará una estrategia contra la comprobada corrupción de gobiernos en la zona.

Apenas el 30 de marzo pasado, el narcotraficante hondureño “Tony¨ Hernández fue sentenciado a cadena perpetua por una corte de Nueva York. Para traficar drogas a territorio norteamericano, se valió de sus nexos con su hermano, Juan Orlando Hernández, el actual presidente de Honduras. Tras decenas de viajes a la región centroamericana durante el gobierno Obama, el actual equipo Biden sabe qué botones apretar para que las cosas empiecen a enderezarse. 

Esta dinámica representa un desafío para las destrezas diplomáticas del gobierno López Obrador, que se traducirá en creciente presión sobre sus dos operadores centrales en este tema, el canciller Marcelo Ebrard y el embajador en Washington, Esteban Moctezuma.

Para ambos debe haber resultado una amarga sorpresa el anuncio presidencial, revelado con una pregunta “sembrada” durante la conferencia mañanera minutos antes de la reunión con Kamala Harris, en el sentido de que se había presentado una nota diplomática para reclamar al gobierno Biden “apoyos” a la organización Mexicanos Unidos contra la Corrupción y la Impunidad.

La decisión, que se antojó un distractor para la crisis por la tragedia en el Metro capitalino, colocó a la diplomacia mexicana en la tesitura de combatir a una entidad de la sociedad civil crítica contra la 4T, como lo fue también con el sexenio Peña Nieto. En el lenguaje de Washington, eso no es un rejuego político, sino una señal autoritaria, un cambio de lenguaje.

López Obrador corre el riesgo de alcanzar una extraña hazaña: romper puentes en lugar de construir alianzas con Kamala Harris, una promotora de avances en materia de control de armas, migración y liberalización de la mariguana. Si estropea esa relación, el Presidente quizá deba otra faceta de ella: la dura exfiscal de California (2011-2017), que conoce a la perfección lo bueno y lo malo de la agenda binacional.

APUNTES

El fiscal general Alejandro Gertz convulsionó ayer el proceso electoral en Nuevo León al abrir fuego contra los dos candidatos punteros en la contienda por la gubernatura: el priísta Adrián de la Garza, por presuntos ilícitos electorales, y Samuel García, ampliamente señalado por operaciones financieras ilícitas y vínculos con capos del narcotráfico, como publicó este mismo espacio el pasado 18 de abril (http://eluni.mx/0mrxy) Poner a los dos en el mismo costal y despejar el camino para la agónica campaña de la aspirante de Morena, Clara Luz Flores, no será una solución, sino que agravará la confrontación de la 4T con múltiples actores en ese estado. 

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