La polarización amenaza a la democracia y al estado de derecho

Roberto Albores Guillén

El mundo ha cambiado, el de hoy, es diametralmente distinto al del siglo pasado; conserva rasgos indelebles, pero su esencia y naturaleza es otra. El hombre actual obedece a diferentes reacciones, estímulos, necesidades, inquietudes y sueños. El avance de la ciencia y la tecnología, lo ha moldeado en su fuero interno y en su comportamiento externo. Es un producto típico de nuestro tiempo y de la modernidad.

El ser humano es el gran constructor, siempre ha estado en movimiento, en búsqueda de su  bienestar y reacomodo en la sociedad. Las guerras, los conflictos sociales, los enfrentamientos violentos, las guerrillas (urbanas y rurales) son expresiones de su descontento y la búsqueda insaciable de su reafirmación. El hombre y sus inquietudes, motor de la movilidad y el cambio.

La ausencia de respuestas a las exigencias sociales ha generado molestia colectiva, desencuentro, choques y enfrentamientos. La polarización social está a la vista, la semilla de la confrontación y el encono está sembrada. Estados Unidos, Brasil, Bolivia, Argentina, Inglaterra, España, México y otras naciones, sólo por poner un ejemplo, están viviendo momentos de gran  tensión política.

La democracia y el estado de derecho está en medio de estos desencuentros, dos visiones irreductibles y violentas; están amenazados por la intransigencia; no hay tregua ni espacio de reposo, todo o nada. Ésta situación, sin duda, puede tener consecuencias graves. El fenómeno supera a una moda temporal o a un cliché pasajero, va para largo, obedece a varios factores, entre otros, la oferta democrática liberal no ha sido capaz de satisfacer las exigencias y demandas crecientes de una sociedad sedienta de justicia y bienestar.  El desarrollo ha sido bipolar: muy pocos países han sido los beneficiados, y la inmensa mayoría están en condiciones precarias y, justo es reconocerlo, grandes masas de población en extrema pobreza.

La globalización y el neoliberalismo no han satisfecho el reto universal de mejorar las condiciones de vida de los seres humanos; están en un  proceso de desgaste y han provocado distorsiones en la economía. El tiempo ha corrido a velocidad extrema: del proteccionismo pasamos al libre mercado, de economías cerradas a la apertura total. En este largo proceso, se han descuidado amplios sectores del mercado interno y han quedado desprotegidos, no aptos para la competencia.

Los Tratados Comerciales son los nuevos instrumentos estratégicos del capitalismo moderno y de su expansión territorial. Es el aprovechamiento de las ventajas comparativas que ofrecen los países pobres o de menor crecimiento económico, y que se convierten en centros de atracción para la inversión extranjera por mano de obra barata y con suficientes recursos naturales.

Los gobiernos no pusieron en marcha modelos económicos alternativos, con políticas públicas eficaces para generar desarrollo en las otras zonas que no impactan o están fuera del alcance de la dinámica exportadora de las empresas. En México, están las zonas del crecimiento económico del TLCAN y amplias zonas de la república, el Sur-Sureste, entre otras, sin crecimiento y millones de gente sin oportunidades de trabajo y mejoramiento de su vida.

Esta realidad ha tenido una repercusión en el impacto social y está causando movimientos políticos populistas en contra del neoliberalismo, provocando enfrentamiento social. Por otra parte, la sociedad de consumo ha generado insatisfacción y frustración a amplios sectores de la población al no tener la oportunidad de contar con los recursos suficientes para satisfacer sus nuevos hábitos. La pauperización de las clases medias, se suma a este delicado síndrome de descontento social.

México está polarizado, la sociedad dividida, en confrontación y en guardia; su democracia está a prueba. Son momentos de cambios, difíciles y complejos, las instituciones deben garantizar que la transformación del país se realice en términos de legalidad. Todas y todos debemos comprometernos a un comportamiento civilizado para no provocar que nos rebase la violencia. El 2021 será crucial para el país. Un parteaguas, un antes y un después.

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