La clase media, nuevo factor político nacional

Roberto Albores Guillén

El gobierno y sus opositores están ocupados en los asuntos político-electorales y están desatendiendo los verdaderos problemas. Es tiempo de reflexionar, priorizar, tomar acciones y atender los grandes asuntos nacionales. El gobierno está solo en esta gran responsabilidad y sin el concurso y la unidad de los actores políticos mexicanos; en estas condiciones, su trabajo será difícil y no podrá resolver y proporcionar resultados concretos ante la emergencia nacional. El tiempo pasa y va creciendo la descomposición del país. La realidad nos está rebasando.

El gobierno está entrampado, adolece de organización, orden, mecanismos operativos efectivos y, por supuesto, de responsables específicos en cada programa. Hoy, ya es evidente, existe un grave desabasto de medicamentos, los niños con cáncer y sus padres en plena protesta por falta de atención, la economía paralizada y, muy grave, la violencia criminal generalizada en varios estados.
La polarización está dañando al país. No es recomendable la lucha frontal entre sociedad y gobierno; lo aconsejable es construir un acuerdo de unidad nacional que pacifique las alteradas conciencias de los compatriotas. Vamos en el mismo barco, apoyemos al gobierno para lograr la vacunación integral y salvemos la vida de las y los mexicanos. Movilicemos a la gente para exigir paz en todo el país; pongamos todos un alto al crimen y a la violencia y, por supuesto, exijamos también al gobierno que cumpla con sus responsabilidades constitucionales y no se distraiga en pleitos y escaramuzas políticas que conducen a la degradación y a la pérdida de rumbo, sin legado ni destino.

Lo peor que nos puede pasar es perder la calma y la confianza en nosotros mismos y en nuestro país. No más frustraciones sociales, ya basta. En repetidas ocasiones nos han defraudado los actores políticos que han medrado con la pobreza y la miseria de la gente. Construyamos ciudadanos que se ocupen de nuestro país, que entiendan que con su participación las cosas pueden cambiar, abandonemos el desgano cómplice y busquemos oportunidades de realización.

Nuestra fe debe ser más grande que la adversidad y nuestra necesidad, superior a la ignominia y la tragedia.

El país está herido en lo más profundo de su ser, agraviado por el engaño de la simulación política de varios sexenios, decepcionado porque la transición y la alternancia de gobierno no han dado mayores resultados y respuestas concretas a las necesidades. Los gobiernos del PRI, PAN, PRD y ahora de Morena no han estado a la altura de las expectativas populares; más de lo mismo, discursos y admoniciones sin hechos tangibles. El combate a la corrupción es una entelequia y un distractor anestésico al reclamo popular; las denuncias sin fincar responsabilidades se convierten en un verdadero engaño colectivo.

La dramática y lamentable tragedia de la línea 12 del metro ha puesto al gobierno en un verdadero problema. Fue tan dolorosa e inesperada que paralizó a las autoridades, no hubo una respuesta rápida y de apoyo solidario para los heridos y afectados e hizo falta empatía ante el dolor humano; el golpe fue tan fuerte que aún no se repone del colapso. Por supuesto, un acierto contratar una empresa internacional especialista para organizar las investigaciones. El primer reporte técnico ya está dado a la opinión pública y ha provocado un sismo político. Se esperan los otros dos dictámenes y seguro que moverán la arena política.

El presidente ya se hizo cargo del tema y se ha convertido en el vocero único del asunto. En principio, logró que una de las grandes constructoras repare por su cuenta, con sus recursos, el tramo que le corresponde. Se espera que las otras actúen de la misma forma para evitar litigios que serían muy delicados en términos políticos. Sin embargo, la tragedia tiene alcances mayores y tendrá repercusión y reclamo popular exigiendo responsabilidades a las autoridades y a los empresarios constructores.

Un hecho político a destacar es que Morena sufrió un revés electoral en Ciudad de México. Por primera vez la oposición ganó varias e importantes alcaldías. Una fuerte sacudida al gobierno de la ciudad y al presidente de la República. El acontecimiento les ha provocado irritación y la respuesta fue culpar a la clase media, con una carga pesada de adjetivos en su contra, y a los medios de comunicación.

Otro frente abierto muy delicado para el actual gobierno es la denuncia pública de la participación de los criminales en la contienda electoral. Los tres partidos políticos aliados PAN-PRI-PRD, analistas y políticos, entre otros, el gobernador de Michoacán, han denunciado el hecho. En este caso el presidente debió haberse deslindado de esta espinosa y delicada acusación, tan delicada que puede traerle fuertes problemas con el gobierno de Estados Unidos.

Esta es la cruda realidad, no entenderla conduce al fracaso político y a la descomposición social. Estamos ante una crisis moral y política. Entendamos a cabalidad esta real circunstancia y evitemos el colapso. Estamos ocupados en asuntos menores, en lo político-electoral, sin atender los graves problemas que aquejan a la República. El gobierno está casi a la mitad de su camino y en solitario será una travesía complicada; terreno accidentado, atajos y acahuales propicios para las celadas, es mejor unir a los mexicanos para atracar en buen puerto. Los problemas son mayores y su solución requiere del concurso de todas y todos los mexicanos.

Evitemos que los problemas se sigan saliendo de control. Un solo ejemplo: la violencia y el crimen le han perdido el respeto a la autoridad nacional, la desafían a diario con saldos importantes y lamentables de muertos, suman ya varios miles en la siembra de cadáveres en la república. El Ejército, antes respetado y temido, es ahora enfrentado y asediado por los criminales. La ausencia de autoridad es evidente y el gobierno no puede cumplir con su responsabilidad constitucional de garantizar la seguridad y la vida de los ciudadanos; está solo y con muchos frentes abiertos en su contra. Es momento de llamar a la unidad.

Ante estos acontecimientos, la clase media será un actor protagónico de primera importancia y será un factor político en la próxima sucesión presidencial. Sin duda, enfrentarla y denostarla fue un error. Su movilización puede tener una gran penetración política en el país; está por madurar un nuevo movimiento de la clase media mexicana que, seguramente, se sumará a la oposición al gobierno.
El discurso del presidente sigue siendo demoledor en contra del pasado. Los gobiernos neoliberales al banquillo de los acusados. Toda esta acción y proceder del presidente López Obrador hace pensar que va solo hasta sus últimas consecuencias para lograr la Cuarta Transformación. Lástima. Es una pena, pero será una oportunidad perdida, no habrá llamado a la unidad nacional, menos a construir un acuerdo de reconciliación. La polarización, la división y el enfrentamiento serán el estilo y forma de gobierno.

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