El México del Nacionalismo Revolucionario y del Desarrollo Estabilizador

Roberto Albores Guillén

Toda una época. Una travesía de varios sexenios de estabilidad política y crecimiento económico, de gobiernos fuertes con contenidos ideológicos definidos y comprometidos con la defensa de las causas emanadas de la Revolución Mexicana. Tiempos de la creación de importantes instituciones nacionales: Banco de México, Nacional Financiera, construcción de Ciudad Universitaria y de las sedes Zacatenco y Casco de Santo Tomás del Instituto Politécnico Nacional, Pemex, CFE, Telmex, Altos Hornos de México, Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos, Dina Nacional, Fertimex, Ferrocarriles Nacionales, Conasupo y CAPFCE, entre otras muchas. Varios de estos organismos fueron privatizados durante los últimos gobiernos.

También vale la pena mencionar el avance de los sistemas de riego y las fuertes inversiones del gobierno en la construcción de infraestructura carretera y presas para la generación de energía eléctrica, así como de desarrollos turísticos que hoy son de los mas importantes centros de atracción mundial.

El mundo había cambiado y México también. Era la posguerra y la Guerra Fría. La tarea impostergable era la reconstrucción de la economía mundial. Europa, devastada. La pérdida de vidas de millones de seres humanos y la destrucción casi total de varias ciudades y países. Escombros y ruinas fedatarias de la barbarie y la irresponsabilidad del ser humano.

Estados Unidos emergió como la gran potencia política, económica y militar. El esfuerzo bélico condujo a las estructuras industriales y empresariales de los países beligerantes a desplegar su mayor esfuerzo con gran intensidad en la innovación tecnológica, en la búsqueda de instrumentos destructores que dieran ventaja a las partes en conflicto.

En consecuencia, la tarea fundamental fue multiplicar el trabajo colectivo industrial de los países en guerra, como Estados Unidos, para la reconstrucción económica del Viejo Continente. Se creó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como mecanismo de distensión y comunicación internacional y suma de esfuerzos de los países miembros para paliar futuros conflictos bélicos.

El Banco Mundial como instrumento operativo para financiar la reconstrucción económica y el Plan Marshall como una batería múltiple de acciones orientadas a proporcionar recursos para reactivar la economía y la infraestructura, objetivo vital para afianzar el sistema capitalista.

Una etapa de intenso movimiento, de entusiasmo colectivo y del surgimiento de una nueva clase social emergente. Se presentó un proceso de popularización de todo. Novedades en la música y el arte, nuevas expresiones literarias en historietas y en revistas. El arte pop, rock, los comics, el cine, nuevos esquemas y métodos publicitarios penetraron en el mundo y propiciaron una gran demanda de nuevos consumidores. La Revolución Cubana entusiasmó y alentó la esperanza de los jóvenes.

En este contexto, nuestro país puso en marcha políticas públicas económicas que le permitieron fortalecer su mercado interno y reactivar la economía para, de esta manera, aprovechar la creciente demanda del exterior de productos y servicios. La política industrial de aquellos gobiernos se centró fundamentalmente en la sustitución de importaciones y en el proteccionismo a la industria y el comercio nacionales.

Si quisiéramos identificar el momento más representativo de esta época sería 1946-1964. A este periodo se le conoce con el nombre de Desarrollo Estabilizador. La economía creció en forma sostenida y al final de los gobiernos de Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz se registró un crecimiento anual de entre 6 y 7 % del Producto Interno Bruto (PIB). Algunos lo llamaron el Milagro Mexicano.

Durante estos sexenios dio inicio una transformación de la composición y estructura social de la población del país. Las ciudades crecieron bajo el influjo de la instalación de factorías e industrias y se convirtieron en focos de atracción de obreros y campesinos, en busca de trabajo y bienestar, generando una creciente demanda de satisfactores y rebasando la capacidad de respuesta del gobierno, lo que se traduce, con frecuencia, en conflicto social.

La sociedad había cambiado, era otra. Campesinos, obreros, la nueva clase media y los jóvenes buscaban otras salidas, exigían cada vez mayor participación en los beneficios de la economía y apertura en el proceso democrático del país. Empleo, ingreso, viviendas, prestaciones, escuelas para sus hijos, salud, alimentos a precios asequibles, servicios y oportunidades en general.

La amenaza del conflicto social era evidente, estaba a la vista. El movimiento magisterial de Othón Salazar, el de los ferrocarrileros con Demetrio Vallejo, el movimiento médico y el conflicto del 68, así como el asesinato de Rubén Jaramillo y su familia, demostraron la fragilidad y el desgaste del sistema político. La cerrazón política y la aplicación mal entendida del principio de autoridad produjeron la represión y el encarcelamiento de los líderes sociales.

Tocaba a la puerta el final de esta etapa política del país y con él la urgente necesidad de nuevos cauces para conducir y administrar el conflicto y el descontento social. Finalizó el Desarrollo Estabilizador, que por varias décadas dio estabilidad política y crecimiento económico a México.

Finalmente, es menester subrayar algunos símbolos y misterios que formaron el manto protector de ese ejercicio del poder. La política fue la espada que desbrozó el camino de esa larga jornada de la política mexicana.

En efecto, el presidencialismo, con toda su fuerza, construyó las estructuras y los cimientos que hicieron posible, por varias décadas, la permanencia del sistema político priista. Una especie de poder mágico transitorio: un sexenio todo el poder y después el olvido postrero. Otro símbolo es el invento del «tapado», que provocaba distracción política y entretenimiento popular y que le permitía al presidente esconder a su protegido, hacerle sentir su paternidad y, al mismo tiempo, asegurar impunidad política. También era el mecanismo para quitarle compromisos con los grupos económicos y políticos del país.

La teoría del péndulo político fue otro rasgo distintivo de este sistema. En general, las personalidades de los candidatos a la Presidencia eran diferentes, lo que permitía refrescar la forma y el uso político: Alemán-Ruiz Cortines-López Mateos-Díaz Ordaz-Echeverría, personalidades contrapuestas.

En fin, fue una época de oportunidades. Al mexicano le acomodó esta forma de gobierno, tal vez por su reminiscencia del pasado del tlatoani y del conquistador español. En verdad, se creó una fuerte cultura política que aún subsiste en la conciencia y el imaginario colectivo. Hoy, en nuestros días, en los partidos de oposición, excepto Acción Nacional e incluyendo a Morena, algunos de sus dirigentes y líderes principales, y en el mismo presidente de la República, en el fondo de sus corazones, late una añoranza de este pasado político.

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