Por Sarahi Marín Aldana

El acceso al dinero no es igual para todos. En México, pedir un crédito no depende únicamente del esfuerzo individual, sino del lugar donde se nace y del tipo de empleo que se tiene. Mientras para algunos el sistema financiero es una puerta abierta a la inversión y al crecimiento, para otros es una barrera que se cierra incluso antes de intentar cruzarla.

El Sistema Financiero Mexicano se ha caracterizado por una arquitectura que promete estabilidad e inclusión, para promover el crecimiento y desarrollo económico del país. Su función principal es servir de enlace entre ahorradores y deudores (Banxico, s. f.), donde los primeros entregan su dinero y los segundos pagan una tasa de interés por utilizarlo. Sin embargo, en la práctica opera dentro de una estructura social profundamente desigual y en lugar de corregirlo, muchas veces lo reproduce.

El Sistema Financiero Mexicano se describe como una red compleja de instituciones divididas en tres grandes grupos: instituciones rectoras, operativas y de apoyo, que en teoría buscan organizar la actividad del ahorro y el crédito mediante la inclusión de la población en el sistema. No obstante, los datos muestran realidades distintas, si bien existe un ligero incremento en el acceso general, persisten brechas territoriales, sociales y productivas que dejan fuera a diversos sectores de la población.

La Encuesta Nacional de Inclusión Financiera del INEGI (2024) revela que el acceso a productos financieros no es equitativo en todo el territorio. Mientras que las regiones del Noroeste y Noreste presentan los índices más altos con 84.6% y 84.9%, el sur se mantiene rezagado con apenas el 67.7%. Esto también se refleja con el porcentaje de población con crédito mientras que en el Noreste pasó de 38.9% en el 2021 a 46.2% en el 2024, el sur presentó en el 2021 un 27.3% y en el 2024 llegó a 29.9%. Si bien se muestra un aumento, siguen existiendo desigualdades muy profundas entre regiones. A ello se suma que, entre la población que nunca ha utilizado crédito, el 38.4% menciona que le gusta endeudarse, el 20.7% afirma no cumplir con los requisitos y el 25.8% no le interesa o no lo necesita. Estas razones abren preguntas claves: ¿qué significa que no cumpla los requisitos?, ¿qué hay detrás de eso? o ¿hasta qué punto el rechazo al endeudamiento responde a experiencias previas, desconfianza institucional o falta de información financiera?

Lo que esta situación refleja es una exclusión financiera resultado de condiciones estructurales y no de una decisión individual aislada, por ejemplo: informalidad laboral, bajos ingresos, rezago educativo y ausencia de seguridad social. Estas condiciones limitan su capacidad para cumplir requisitos bancarios, generar historial crediticio y acceder al sistema financiero formal.

Por su parte, la Encuesta Nacional de Financiamiento de la Empresa (ENAFIN, 2024) muestra una brecha significativa según el tamaño de la unidad económica; por ejemplo, son las empresas medianas (71.3%) y grandes (65.1%) las que más solicitan y obtienen crédito. Mientras que las micro (53.8) y pequeñas (57.6%) empresas son las que tienen menos acceso, pero son las que generan la mayor parte del empleo e ingresos. Considerando que las principales fuentes de financiamiento a las que las empresas solicitan son la banca comercial (82.8%), proveedores (28.5%), familiares o amistades (12.7%), mientras que la banca de desarrollo solo presenta un 0.9% y las sociedades financieras entre 2.4% y 6.7%.

Estos resultados evidencian la concentración de la banca y las fallas que presentan las instituciones creadas para impulsar la inclusión financiera y el desarrollo productivo, que tienen una participación marginal en el financiamiento empresarial. Estas condiciones llevan al surgimiento de microcréditos que han terminado favoreciendo la informalidad y el sobreendeudamiento en lugar de incrementar la productividad, convirtiéndose en un mecanismo de rentabilidad para inversionistas a costa de sectores vulnerables.

Sin embargo, el problema no es la existencia del Sistema Financiero, sino su desconexión de las necesidades reales de la economía, donde sectores vulnerables quedan fuera del sistema solo por no cumplir requisitos, por no tener confianza en las instituciones financieras o bien por no saber que existen alternativas. Pensar el sistema financiero como un agente que puede reproducir desigualdades no quiere decir que deba desmantelarse, sino reconocer sus limitaciones y repensar su papel de tal forma que pase de ser un protector de capital a convertirse en un facilitador que promueva un desarrollo equitativo, incluyente y orientado al bienestar colectivo.

Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (13 de marzo de 2025). Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024: Reporte de resultados.

Banxico (s.f). ¿Qué es el sistema financiero? .

Instituto Nacional de Estadística y Geografía. (28 de mayo de 2025). Encuesta Nacional de Financiamiento de las Empresas (ENAFIN) 2024: Reporte de resultados.

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios