Ismael Ariel Robles Martínez*
La creciente omnipresencia de los medios digitales en la vida del estudiantado exige un análisis riguroso sobre cómo se procesa la información en los espacios educativos. En este contexto, el consumo de formatos de video corto (conocidos como reels o shorts, según la plataforma) se ha posicionado como el medio predominante. El debate académico al respecto debe trascender las posturas punitivas para centrarse en sus implicaciones neurocognitivas. Como advierten investigaciones recientes, tales como el estudio de electroencefalografía realizado por la psicóloga Yan Tingting y su equipo en 2024, este consumo genera una alteración perjudicial en la atención sostenida y la memoria de trabajo. Esta evidencia indica que el problema no es una cuestión de apatía o falta de voluntad individual, sino una reconfiguración estructural que afecta directamente la capacidad del alumnado para involucrarse en procesos de aprendizaje.
A diferencia de otros recursos digitales, la arquitectura del video corto se basa en transiciones audiovisuales rápidas y algoritmos diseñados para maximizar el refuerzo intermitente. En su revisión narrativa sobre el uso de videos cortos y la atención sostenida, publicada en 2025, el investigador K. R. Head documenta cómo esta exposición constante explota el sistema de recompensa del cerebro, condicionando a los usuarios a buscar novedad incesante. A esto se suman los hallazgos empíricos publicados por Chen y colaboradores en 2022; al evaluar la memoria visual a corto plazo, concluyeron que la exposición continua a ráfagas audiovisuales disminuye drásticamente la capacidad de mantener el enfoque e incrementa la vulnerabilidad a las distracciones.
Las consecuencias de esta reconfiguración cognitiva plantean obstáculos severos dentro del aula. En la práctica académica, el estudiantado habituado a esta hiperestimulación exhibe dificultades evidentes para procesar textos extensos, resolver problemas analíticos de múltiples pasos o mantener el hilo conductor de una exposición teórica. Esto ha sido respaldado recientemente por el equipo de Al-Leimon en la revista Healthcare (2025), cuyo trabajo evidencia que el déficit atencional derivado del uso excesivo de estos formatos compromete severamente el proceso de codificación; es decir, la consolidación de la información en la memoria a largo plazo. En otras palabras, la merma en la atención sostenida limita la transferencia efectiva de conocimientos, lo cual reduce la motivación académica y fomenta la procrastinación.
Frente a este escenario, la respuesta del sistema educativo no puede ser la simple prohibición de los dispositivos móviles, una política de contención frágil y de viabilidad casi nula dada la ubicuidad tecnológica. Tampoco resulta efectivo intentar competir con el algoritmo mediante la saturación visual o la ludificación excesiva de los materiales didácticos, lo cual solo incrementa la carga cognitiva extrínseca sin generar un aprendizaje genuino. El desafío exige que las instituciones y el personal docente asuman un ajuste estructural en sus estrategias de enseñanza para adaptarse a, y eventualmente mitigar, estas nuevas dinámicas atencionales.
Quizás una estrategia viable podría ser la implementación de la fragmentación de los contenidos (conocida en el diseño instruccional como chunking). En lugar de sostener clases expositivas prolongadas, la instrucción puede dividirse en bloques breves seguidos de una aplicación activa del conocimiento. El aprendizaje activo transita así de ser una simple opción pedagógica a convertirse en una necesidad neurocognitiva: si el cerebro del estudiantado demanda estímulos e interacción constante, dicha demanda debe canalizarse a través de la resolución colaborativa de problemas, el debate estructurado y el análisis de casos prácticos. En última instancia, el reto de la educación contemporánea no es aislar al alumno del entorno digital, sino rediseñar los entornos formativos para promover el pensamiento crítico y reconstruir la atención sostenida en una era definida por la dispersión.
*Integrante de la RIIE-UAM Departamento de Matemáticas Aplicadas y Sistemas, UAM Cuajimalpa
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