La toma del Capitolio, el 6 de enero de 2021 , fue uno de los momentos más convulsos de la historia reciente de Estados Unidos. De acuerdo con las conclusiones iniciales del “Comité Selecto para Investigar el Ataque del 6 de enero”, dadas a conocer hace unos meses, un grupo de ciudadanos –“fuertemente armados, violentos y enojados”, en palabras del legislador demócrata Bennie Thompson — irrumpió en la sede del Congreso con el fin de detener la transferencia pacífica del poder político a nivel federal. En pocas palabras, dicho acontecimiento mostró, a una gran parte de los ciudadanos de Estados Unidos, cómo la violencia política puede ser usada para revertir el orden creado por las instituciones democráticas.

Muy probablemente, la confrontación política de cara a las elecciones intermedias de noviembre de 2022 traerá retóricas extremistas a la discusión pública estadounidense. Los resultados de las elecciones primarias del Partido Republicano muestran que el expresidente Trump tiene un gran peso en dicha institución; de acuerdo con el diario The Washington Post , hacia mediados de junio, más de 100 candidatos republicanos, victoriosos en elecciones primarias de más de 13 estados, habían decidido apoyar la teoría trumpista acerca del supuesto fraude electoral en las elecciones presidenciales del 2020. Hace una semanas, exactamente tres días después de la redada del FBI a la residencia de Trump en Mar-A-Lago, Florida, un hombre armado irrumpió en las oficinas de enlace del Buró en Cincinatti, Ohio, y posteriormente murió en un intercambio de fuego con policías estatales.

La atención mediática ya voltea hacia el radicalismo de extrema derecha como una amenaza a la seguridad de los estadounidenses, particularmente debido a su conexión con actos violentos o con amenazas del uso de la violencia. En una declaración ante el Comité Judicial del Senado, el director del FBI Christopher Wray , expresó preocupación sobre la creciente violencia relacionada con asuntos políticamente divisivos en los Estados Unidos. El racismo fue una de las motivaciones del autor de la masacre del 15 de mayo en Búfalo, Nueva York, dirigido hacia personas afroamericanas y con un saldo de 10 muertes. En el mes de junio, 31 miembros del grupo Patriot Front, equipados con aditamentos antidisturbios, fueron arrestados en el estado de Idaho por fuerzas estatales y federales, después de que intentaran irrumpir en un evento para conmemorar el Orgullo LGBTIQ+. De acuerdo con especialistas como Dan Byman , de The Brookings Institution, el supremacismo blanco contemporáneo en EU aglomera a distintos grupos con diferentes niveles de organización. Éstos tienden a percibir a las minorías raciales, personas de la diversidad sexual e incluso inmigrantes como amenazas a su existencia.

Evidencia reciente sugiere que la extrema derecha estadounidense podría comenzar a tener un alcance global. Medios como Politico y The Washington Post han reportado que el Departamento de Seguridad Interior investiga los perfiles de combatientes estadounidenses que vuelan a Ucrania, por sus posibles lazos con grupos de ideología supremacista en el continente americano.

A pesar de que la administración de Joe Biden adoptó inicialmente el objetivo de combatir el terrorismo de extrema derecha, ha habido pocos avances sobre el plano legislativo. Una Ley sobre Terrorismo Doméstico fue aprobada en la Cámara de Representantes en mayo de este año, pero enfrentó la oposición de centros de pensamiento de corte conservador y de la fracción republicana en el Senado, que finalmente bloqueó su aprobación. Esfuerzos bipartidistas exitosos para prevenir y combatir la violencia política redundarían en mayor protección a comunidades vulnerables, incluyendo a migrantes mexicanos que habitan en Estados Unidos.

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