Los seres humanos somos cíclicos y audiovisuales. Así que 299 son pocos, pero 300 ya espantan. Pronúncielos en voz alta y notará la diferencia; la propia fuerza de las consonantes del segundo fonema impresiona por su resonancia: 332 para ser exactos; y cada vez más rápido llegaremos a 500 y a mil y a varios miles de muertos.

Y supongo que cada vez más mexicanos nos convenceremos de que el coronavirus es la más mortífera amenaza de los últimos tiempos. Y que al fin estamos dejando de creer lo que el presidente López Obrador nos dijo apenas en febrero: “El coronavirus no es algo terrible, fatal, ni siquiera es equivalente a la influenza… hay que atender el asunto, pero no exagerar”; para reiterar el 2 de marzo “hay que abrazarse, no pasa nada”. Hasta aquello que puede ser una de las imágenes icónicas de su mandato en el rinconcito de Oaxaca el día 22, hace apenas tres semanas: “No dejen de salir… sigan comiendo en los restaurantes, en las fondas”. Para solo cinco días después dar un giro dramático la noche del 27: “Ahora lo que queremos es que se retiren todos, que estén en sus casas, con sus familias, ayudándonos a guardar la distancia”. ¿Qué pasó? ¿Qué le dijeron al presidente? Quien, sin embargo, volvería el 2 de abril a las andadas: “La epidemia nos cae como anillo al dedo para afianzar el propósito de la 4T” (!!!)

Sin embargo, los días siguientes han sido frenéticos: quédate en casa, quédate en casa, quédate en casa, como un mantra oficial que todo lo puede. Que se requieren 46 mil médicos de cualquier especialidad, no importa, al cabo recibirán un curso de ocho horas. Que los cubrebocas sirven un día sí y otro no, según el nuevo gurú de la salud, pero por si las dudas compramos un millón. Que hay que conseguir ventiladores hasta en ventas de garaje. Que van y vienen aviones con toneladas médicas desde China. Que se requieren 20 mil camas de hospital y que por lo pronto contaremos con 12,500 gracias al nuevo convenio con hospitales privados que ya figuraba en el Seguro Popular. Que la 4T se hizo chiquitita (“Querida, lo siento”) porque ya solo están el presidente López Obrador, el Vicepresidente Ebrard y el Secretario López-Gatell. ¡Y todos los demás desaparecieron o los aisló el contagio por coronavirus!

En tanto, siguen atormentándonos los misterios sin resolver: ¿de veras el gobierno estaba preparado desde hace tres meses? ¿Por qué no nos dijeron la verdad desde el principio? ¿Por qué creen que somos forajidos que nos lanzaríamos al saqueo… o cobardes hacia el suicidio colectivo?

El caso es que del “no pasa nada” al “puede pasar cualquier cosa”, dimos un salto de un planeta a otro en apenas 21 días. Los números del cintillo de EL UNIVERSAL son contundentes y premonitorios: los 5,014 casos confirmados comparados con los 9,341 sospechosos nos llevan a pensar en cuántos muertos serán de aquí al 10 de mayo que dice el presidente o de aquí a octubre que dice su doctor.

Por cierto, López Obrador —que ha jugado una y otra vez a Pedro y el lobo— asegura que ahora sí mañana jueves será el día “D” de sus anuncios sobre el coronavirus. Creo que todos esperamos que nos trate no como una masa maleable a su capricho; sino como una suma de individuos pensantes y actuantes. Porque si sabe que gobernar es comunicar, tiene que aceptar que hasta ahora lo ha hecho muy mal.

PD. Chin! Nosotros esperando un mensaje de Estado y él que se enoja con tres famosos, vuelve a burlarse de sus críticos y hasta adelanta la revocación de mandato.

Periodista. ddn_rocha@hotmail.com

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