La crisis económica y las familias indígenas

Ricardo Raphael

La población indígena mexicana está sufriendo los peores efectos de la crisis económica provocada por la pandemia del coronavirus. Las fuentes de ingreso de sus familias se han reducido de manera importante y no cuentan con patrimonio para soportar una situación que para ellas podría ser más prolongada.

Las personas económicamente activas que pertenecen a comunidades indígenas viven mayoritariamente en México de trabajar para cinco sectores: construcción, trabajo remunerado en el hogar, agricultura, turismo y comercio.

Si bien con variaciones, estas actividades registran pronósticos preocupantes para este 2020.

La industria de la construcción da empleo a más de 3 millones 500 mil personas, entre las cuales al menos al menos 20% son indígenas. Hay entidades, como el Estado de México, Michoacán, Guerrero, Veracruz y la península de Yucatán en que esta cifra rebasa el 30%.

Esta rama de la industria lleva casi 20 meses en caída libre. En 2019 se perdieron más de 120 mil empleos, lo cual significó, en promedio, que 24 mil familias indígenas extraviaran su principal ingreso.

Este año de 2020 podría duplicarse la cifra, ya que se espera una caída adicional de un 13% (datos de BBVA). Cabe temer que esta depresión, en la industria de la varilla y el cemento, haga que más de 3 mil unidades económicas vinculadas al sector bajen definitivamente la cortina.

El trabajo remunerado en el hogar es otro de los empleos que más está sufriendo y un porcentaje alto de mujeres de origen indígena se dedica a este oficio. De las 2 millones 400 mil personas que realizan dicha actividad en México, entre un 25% y un 30% son de origen indígena.

Hay constancia del preocupante número de trabajadoras que, de la noche a la mañana, recibieron notificación de despido durante los últimos meses. Si bien varían las causas y los casos, el hecho es que esta fuente de ingreso se ha reducido con severidad.

A muchas trabajadoras se les exigió que, para permanecer en el empleo, debían someterse a cuarentena con las familias empleadoras. Para muchas esa condición era inaceptable, porque tienen responsabilidades que atender respecto a sus propias familias.

Por otro lado, la caída del ingreso entre los patrones implicó el cese de otras tantas trabajadoras a quienes no se les apoyó siquiera con las prestaciones de ley.

Son excesivas las quejas por despido injustificado, según el Centro de Apoyo y Capacitación para Trabajadoras del Hogar (CACEH).

Otra población que también está experimentando gran dificultad son las personas jornaleras agrícolas. En este sector laboran aproximadamente 3 millones en distintas regiones del país y los Estados Unidos e igualmente emplea abundante población indígena, sobre todo de los estados del sur mexicano.

Las regiones más pobres de Guerrero, Veracruz, Michoacán, Puebla y Oaxaca sobreviven gracias a los ingresos que ofrece la explotación rural intensiva, pero desde marzo de este año comenzó a observarse una situación muy difícil, primero por las políticas de confinamiento, y después por la recesión.

Las poblaciones más afectadas por esa situación están en el Edomex, Chihuahua, Coahuila, Sonora, Oaxaca y Guerrero.

A esta circunstancia se suma la depresión de la economía agrícola de exportación que, por argumentos sanitarios, ha venido restringiendo el transporte de productos que viajan largas distancias. A lo anterior se añade el crecimiento del desempleo en las comunidades rurales, que ha generado una sobreoferta de personas locales dispuestas a sustituir la labor que antes hacían los jornaleros migrantes.

Finalmente, el turismo es otro sector que también provee sustento y alimento para las poblaciones indígenas y que está en quiebra. Este año México verá reducido el número de turistas extranjeros en un 80% y se calcula que, respecto al turismo nacional, la caída será de alrededor de un 50%.

Este hecho afecta muy sensiblemente a las economías de la Península de Yucatán, Chiapas, Oaxaca y Guerrero, donde al menos un tercio de la población es de origen indígena.

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Es cierto que las remesas provenientes de los EU han crecido en estos meses y también que hay un ambicioso programa de apoyos gubernamentales destinados a las poblaciones indígenas, pero tales ingresos no alcanzarán a equilibrar la pérdida patrimonial que proveen las fuentes fundamentales.

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