Victoria para Banxico

Ricardo Monreal Ávila

Banxico debe asumir una mayor apertura a la participación de las mujeres, pero también cobrar una mayor dimensión social

El banco central de nuestro país se fundó en 1925. Nació como una institución que buscaba ordenar un sistema en el cual existía una multiplicidad de bancos que podían emitir moneda, rayando muchas veces en la anarquía monetaria. Con el paso del tiempo, el Banco de México se transformó para uniformarse con los estándares internacionales establecidos para estas instituciones, necesarias en un mundo donde la confianza es una de las bases de la economía de mercado globalizada en la que actualmente nos encontramos.

En general, se puede decir que la labor de esta institución ha sido desempeñada de manera correcta. Desde 1994, al igual que la mayoría de los bancos centrales, cuenta con autonomía constitucional, lo cual aleja cualquier auspicio de intervención gubernamental en la institución, y la provee de estabilidad para ejercer su función de proteger el valor adquisitivo del dinero de las y los mexicanos, mantener el equilibrio de la balanza de pagos y utilizar la política monetaria como un instrumento de estabilidad macroeconómica.

Pero durante sus casi 100 años de labores, el Banxico cayó en uno de los vicios comunes a todo el sistema financiero: ha estado dominado por hombres y mostrado ser restrictivo para la participación de las mujeres, pues de 1925 a 1994 tuvo 12 directores generales. Desde 1994 a la fecha tuvo 14 subgobernadores y sólo dos subgobernadoras —Irene Espinosa Cantellano, quien se integró en 2018, y Galia Borja Gómez, en 2020—. Sobra decir que los cuatro gobernadores del Banco también han sido hombres.

Éste no es un caso particular de México. El banco central de Estados Unidos (la Fed), ha tenido 16 dirigentes, pero sólo una, Janet Yellen, ha sido mujer. Al Banco de España, de 1856 a la fecha, nunca lo ha gobernado una mujer. Lo mismo sucede en Chile y en Perú, cuyos 31 presidentes de sus bancos centrales han sido hombres. Incluso en países con mayores avances en la equidad de género esta situación es constante: en Dinamarca, por ejemplo, de 1813 a 2021, sólo dos mujeres han fungido como gobernadoras del banco central.

Y aunque no se trata de un asunto de cuotas, es necesario que los gobiernos asuman una posición proactiva para cambiar esta inercia que ha dejado a las mujeres fuera de espacios de decisión fundamentales. Por eso, no es de sorprender que en este periodo la Junta de Gobierno del Banco de México, después de que el Senado de la República aprobó la propuesta para la incorporación de la maestra Victoria Rodríguez Ceja, vaya a estar conformada mayoritariamente por mujeres, pues de sus cinco integrantes solamente dos serán hombres. Este nombramiento es virtuoso por el hecho de tratarse de una mujer, con lo que se empieza a romper el techo de cristal, pero también porque se trata de un perfil profesional, honesto, capaz y, sobre todo, independiente.

Ante la propuesta del Ejecutivo federal por integrar a la maestra Rodríguez Ceja a la Junta de Gobierno de Banxico se posicionaron argumentos a favor y en contra. Hay quienes aplauden el impulso y el reconocimiento equitativo que finalmente se le está dando a las mujeres, y hay quienes cuestionan la decisión de que Arturo Herrera no ocupe ese espacio. Debemos destacar que el Senado de la República se alejó de la politización y logró un consenso importante, al aprobar con casi 80 votos a favor la designación, dándole estabilidad y certidumbre tanto a los mercados como a las familias mexicanas preocupadas por el valor de su dinero.

Esta coyuntura también es útil para la autocrítica y para reflexionar que el Banxico debe asumir una posición de mayor apertura a la participación de las mujeres, pero también cobrar una mayor dimensión social. En el pasado, las decisiones del Banco impusieron la creencia de que aumentar los salarios mínimos generaría inflación, argumento bajo el cual el poder adquisitivo de las familias mexicanas cayó drásticamente en las últimas décadas. Este mito ha caído desde 2018, cuando los salarios mínimos en el país empezaron a experimentar aumentos significativos: El pago mínimo por jornada laboral pasó de 88.36 pesos, a 141.70 en 2021, y se espera un aumento del 22 por ciento para el próximo año, ubicándose en 172.87 pesos diarios.

Considerando la relevancia de todas estas decisiones para el futuro y la reactivación de nuestra economía, así como para la construcción de un sistema más justo, es importante que todas y todos contribuyamos, con apego al marco legal, a generar certidumbre y tranquilidad en los mercados. Por nuestra parte, en la mayoría parlamentaria del Senado, actuaremos con suma responsabilidad para lograr una transición de gobierno ordenada en el Banxico, que permita seguir transformando los organismos autónomos, a fin de armonizar las instituciones en torno a la nota fundamental del bienestar del pueblo de México.  
 

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