Si y solo si...

Ricardo Monreal Ávila

El punto máximo de la pandemia provocada por el COVID-19 en el país, y especialmente en las zonas que presentan un índice más alto de contagios, será alcanzado esta semana. Es una buena noticia que permite pensar que México está cerca de llegar a un punto de inflexión en el que la transmisión del virus empezará a disminuir, pero esto únicamente sucederá si y solo si se mantienen las medidas de distanciamiento social que fueron implementadas aproximadamente hace cincuenta días.

Como ha quedado claro a lo largo de esta pandemia, existen opiniones encontradas sobre la manera de implementar tales medidas. En algunos lugares se ha hecho uso de la fuerza para que las personas se queden en casa, pero en México, al menos a nivel federal, se ha apostado a la responsabilidad social, medida que hasta el día de hoy prueba haber sido efectiva, tal y como lo demuestran los datos de movilidad que se han generado.

Por ejemplo, de acuerdo con las estadísticas de movilidad de la empresa Apple, en México las personas han dejado de manejar sus vehículos en un 53 por ciento; de caminar en las calles en un 62 por ciento, y de utilizar el transporte público en un 77 por ciento. Sin embargo, las estadísticas también señalan que, en algunos estados de la República Mexicana, incluso donde se han implementado medidas más coercitivas, la disminución de la movilidad es menor que a nivel nacional.

Al comparar a México en estos mismos tres rubros con naciones donde las medidas de confinamiento son también voluntarias, es notorio que el comportamiento de la sociedad de nuestro país ha sido ejemplar. En Estados Unidos de América, por ejemplo, la disminución ha sido del 11, 30 y 71 por ciento, respectivamente.

Tales estadísticas sugieren al menos tres puntos importantes: 1) que el uso de la fuerza no es sinónimo de efectividad, 2) que el liderazgo del presidente Andrés Manuel López Obrador y su coordinación con las autoridades de salud ha sido sumamente efectivo, y 3) que la sociedad mexicana, a pesar de sus asimetrías y desigualdades, tiende a ser responsable y solidaria en tiempos de crisis.

Esa responsabilidad se ha traducido en una desaceleración del esparcimiento del virus en el país y, por lo tanto, en una menor saturación hospitalaria para atender a las personas enfermas de gravedad. Por ejemplo, mientras que en Estados Unidos de América existen alrededor de 3,360 casos de COVID-19 por cada millón de habitantes —número similar al de Italia—, en México, hasta el momento, se registran 172 casos por cada millón de habitantes. Las medidas de confinamiento voluntario han servido para disminuir la velocidad y aplanar la curva de contagios en territorio nacional.

Lamentablemente, al igual que en el resto del mundo, en México no se ha podido evitar la pérdida de vidas a causa del COVID-19, pero el hecho de haber logrado la desaceleración de los contagios ha permitido que el número de fallecimientos sea menor al que se está registrando en otras latitudes. Hasta ahora, en el país se registra una tasa de mortandad, a causa del COVID-19, de 1.56 por cada 100,000 habitantes; en Estados Unidos de América este número asciende a 19; en Italia, a 46, y en Reino Unido, a 41.

Esos indicadores: la reducción en la movilidad, el número reducido de contagios y la baja tasa de mortandad en proporción a la población hacen que el país entre con esperanza a la peor fase de la pandemia, pero no por ello debemos relajarnos, bajar la guardia y dejar de cumplir las medidas indicadas por las autoridades. Durante esta semana, el número de casos aumentará y por ello es especialmente importante que las y los mexicanos que puedan hacerlo se queden en casa. Esto permitirá que los hospitales no se saturen, que se salve un mayor número de vidas y que la batalla contra el coronavirus termine lo antes posible.

Una vez que las vidas humanas no corran riesgo, el país entrará en una etapa de recuperación económica en la cual la colaboración regional será fundamental. Si algo ha demostrado esta pandemia es que se necesita reforzar la cooperación entre las empresas de Norteamérica, y contar con protocolos de actuación coordinada ante emergencias, así como con planes de apalancamiento que permitan atravesar tiempos de crisis. Además, el papel que México ocupará en el comercio de la región una vez superada la pandemia será aún más importante que antes, debido a que los países reconfigurarán sus cadenas de producción, tratando de disminuir su distanciamiento geográfico y permitiendo una más rápida recuperación económica en el mediano y largo plazos.

Todavía no pasa lo peor, pero existen argumentos sólidos para confiar en que la crisis será superada satisfactoriamente. Muchas voces han criticado las acciones del gobierno tanto en el ámbito de la salud pública como en lo económico, llegando a predecir incluso que en México la situación sería más grave que en otros países; afortunadamente, hasta el momento, se han equivocado. Los datos son alentadores y sugieren que una vez más saldremos adelante, pero esto sucederá si y solo si nos mantenemos en unidad, dando lugar a la solidaridad y no al divisionismo.
 

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