Economía pandémica

Ricardo Monreal Ávila

El escenario económico se complica también por un ambiente inflacionario a nivel mundial

Por supuesto que existen matices, pero se podría decir que la mayoría de las naciones no pudieron impedir autoinflingirse una crisis económica, para evitar contagios y disminuir al máximo posible las muertes causadas por la pandemia. Ante la inexistencia de una vacuna, la medida que se adoptó fue el distanciamiento social y, con él, la aceptación de quitar el pie del acelerador de la economía. La retirada masiva de fuerza laboral disminuyó la actividad comercial, provocando en 2020 una contracción económica a nivel mundial del 4.3 por ciento.

En 2021, la economía global empezó a reponerse, llegando al 5.5 por ciento de crecimiento. Para los próximos años, se esperaba que esta recuperación se sostuviera; sin embargo, el Banco Mundial redujo su previsión de crecimiento a un 0.2 por ciento para 2022, provocado en gran medida por la aparición de ómicron.

Esta nueva variante apareció en noviembre de 2021 en Sudáfrica, y sus características demostraron el avance logrado en el combate a la pandemia, pero también la fragilidad que aún enfrentamos. Tenemos mayor preparación, porque las vacunas han probado ser eficientes para evitar que los contagios se conviertan en casos graves, pero seguimos siendo vulnerables, porque conforme el número de personas contagiadas se incrementa, el porcentaje de personal disponible para trabajar disminuye, lo que puede generar una baja en la productividad económica de los países.

El escenario económico se complica también por un ambiente inflacionario a nivel mundial. Como consecuencia de la reactivación económica y de las medidas de apoyo a la economía, la gran mayoría de los países enfrentan un alza en los precios, que ha alcanzado máximos históricos. Estados Unidos registró una inflación del 7 por ciento en diciembre; México llegó al 7.3 por ciento en el mismo mes; Chile, al 7.2, y Brasil, al 10.2. En naciones europeas, como Alemania, la inflación subió al 3.1 por ciento en 2021, un nivel inferior que en América, pero su más alto en los últimos 30 años.

En México, la variable ómicron ha provocado un aumento significativo de contagios; del 15 de diciembre al 15 de enero ascendieron a 300,000, y al igual que en el resto del mundo se espera que el crecimiento económico anual se reduzca.

Sin embargo, a pesar de la inflación y de la incesante pandemia, el gobierno federal tomó decisiones acertadas que hoy nos protegen de daños mayores, entre éstas se encuentran el diseño y la implementación del programa de vacunación universal y una gestión hospitalaria que, actualmente y a pesar de las deficiencias heredadas, evita una saturación frente al alza de casos confirmados.

Éste es también un buen momento para que México fortalezca el trabajo de prevención, con base en las experiencias de otros países, en donde se han implementado medidas exitosas que han ayudado a continuar con las actividades económicas y comerciales, al mismo tiempo que protegen la salud.

En Francia, a partir del 15 de enero, para acceder a cualquier lugar se convirtió en obligatorio demostrar haberse aplicado las vacunas. En Alemania, para ingresar a restaurantes y otros establecimientos, se debe comprobar la aplicación de una tercera dosis o presentar una prueba PCR negativa realizada ese mismo día. En Italia se prohíbe la entrada a eventos públicos a personas no vacunadas.

Además de las medidas internas, existen aquellas que buscan impedir que personas extranjeras contagiadas accedan libremente a los países. Quienes deseen ingresar a Estados Unidos deben presentar tanto una prueba negativa realizada máximo 24 horas antes y un certificado de vacunación. Lo mismo sucede en otras latitudes, como Costa Rica, Emiratos Árabes Unidos y casi toda Europa.

Esto se ha convertido en una tendencia que busca proteger las fronteras nacionales, sin acudir a cierres totales que dañarían tanto el turismo como el comercio entre naciones.

Tales medidas no son extremas, y su implementación —que no es complicada— tiene efectos positivos tanto en la salud, al evitar contagios, como en la economía, al permitir que continúen las actividades de manera segura.
Nuestro país, si bien ha realizado acciones eficientes, aún no recurre a este tipo de acciones, lo cual lo vuelve vulnerable a los flujos y movimientos de personas al interior, y a potenciales contagios que provengan del exterior.

La implementación de este tipo de disposiciones, en combinación con el reforzamiento del trabajo a distancia, permitirá a los países sortear de mejor manera la economía pandémica en la que estamos viviendo, al encontrar un sano equilibrio entre privilegiar la salud, proteger las libertades individuales y evitar retrocesos en el desarrollo.
 

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