En Hamlet, Laertes advertía a su hermana Ofelia que ni siquiera la virtud misma escapa de los golpes de la calumnia. Con ello, Shakespeare mostraba que incluso lo más noble puede ser atacado por la mentira y la manipulación. Hamlet se debate entre la verdad y el engaño, entre la apariencia y la realidad. Los personajes que lo rodean encarnan esa tensión.
Por eso su advertencia se mantiene vigente ahora, cuando algunos proyectos políticos buscan presentarse como defensores de la libertad, pero lo que realmente guardan son intereses ocultos. Si bien Shakespeare nos recuerda que la calumnia puede atacar a la virtud, también nos muestra que cuando la dignidad se mantiene firme ninguna mentira logra empañarla.
La reciente reunión de presidentes de derecha y ultraderecha para conformar el llamado Escudo de las Américas es el claro ejemplo de una iniciativa que se presenta ante el mundo como un pacto de seguridad y unidad, pero que en realidad responde a una lógica de alineamiento ideológico y geopolítico.
El Escudo de las Américas busca consolidar un bloque continental bajo la influencia estadounidense, con la narrativa de proteger de amenazas a la región. Sin embargo, detrás de esa retórica de derecha y ultraderecha se esconden intereses económicos, militares y estratégicos, que en realidad buscan la subordinación de los pueblos.
Si algo ha dejado en claro la historia latinoamericana es que, cada vez que se invoca la unidad bajo el liderazgo de Estados Unidos (EU), sobreviene el sometimiento económico y la vulneración de la soberanía. En realidad, este bloque es una reedición de viejas fórmulas de intervención, pero ahora disfrazadas de cooperación.
Simón Bolívar imaginó una región capaz de actuar con voz propia frente al mundo. Ese ideal ha acompañado la historia y ahora parece que se esfuma. Asistimos, en cambio, a la formación de bloques derechistas con países alineados con Washington.
En esa cumbre no estuvieron México ni Brasil ni Colombia. Tres países con gobiernos progresistas que han buscado mantener una política exterior independiente y una visión latinoamericanista distinta de la lógica de alineamiento automático con EU.
El encuentro reunió a mandatarios que comparten una misma narrativa política: son gobiernos de derecha o ultraderecha que ven a EU como un aliado estratégico y el eje alrededor del cual deben organizarse las decisiones del continente.
Resulta significativo que México haya optado por seguir manteniendo una postura distinta. La presidenta Claudia Sheinbaum ha sido clara al defender la soberanía nacional y al rechazar cualquier forma de intervención militar o política en nuestro territorio. La dignidad ha sido su principal cualidad, y la templanza, el signo de su actuar.
Ella misma ha impulsado una relación con el vecino del norte basada en el respeto mutuo y no en la subordinación, convencida de que la verdadera cooperación regional debe surgir de la voluntad de los pueblos, no de la imposición de bloques ideológicos.
El Escudo de las Américas pretende presentarse como una alianza contra los carteles, pero en realidad es una plataforma política para reposicionar a la derecha continental en un momento en que el péndulo regional parece volver a moverse en esa dirección.
Además, el ascenso de China y el reacomodo de Europa están empujando a EU a reforzar su influencia en su zona más cercana: Latinoamérica. Ese afán expansionista ya se ha visto en otros escenarios y podría replicarse incluso en el Viejo Continente.
Pero conviene poner todo en perspectiva. Los periodos presidenciales en EU son finitos. América Latina, en cambio, seguirá estando mucho después de que cualquier presidente estadounidense haya concluido su mandato.
México ya vivió demasiado tiempo bajo la sombra de doctrinas polkistas y neopolkistas que justifican la injerencia extranjera. No es un capítulo lejano del pasado, fue algo que documenté y plasmé en el libro 1847. El despojo, en el que se muestra la etapa de división y lucha interna que se aprovechó para despojarnos de más de la mitad del territorio nacional.
Hoy, el discurso de seguridad y las amenazas de actuar contra los cárteles en nuestro país vuelven a aparecer como argumento central. El narcotráfico, la migración o el comercio son presentados por EU como amenazas que justifican nuevas alianzas militares o estratégicas.
Sin embargo, México ha demostrado una y otra vez que no está dispuesto a someterse. La Presidenta ha actuado con mucha prudencia, sin perder la ecuanimidad, porque sabe muy bien que los desplantes o las actitudes arrogantes se enfrentan con dignidad, serenidad y paciencia.
Los bloques de derecha y ultraderecha pueden levantarse con rapidez, pero también se desmoronan con el paso del tiempo. Por eso, más allá de coyunturas ideológicas, el desafío sigue siendo el mismo que hace dos siglos: construir una América Latina capaz de dialogar con el mundo sin renunciar a su soberanía.
X: @RicardoMonrealA

