“Aún hay jueces en Berlín” es una frase clásica en el ámbito jurídico. Se refiere a la disputa entre un plebeyo, -el molinero Arnold de Sanssouci-, y el rey Federico El Grande, de Prusia, quien pretendía demoler el molino que estorbaba la vista de la campiña desde su palacio de verano.

Cuenta la leyenda, -quizá real-, que el molinero fue a exponer su caso ante un juez de Berlín, quien impidió que el rey llevase a cabo tal atropello sobre el patrimonio de su súbdito. Días después que ambos se encontraron, Sanssouci le dijo burlonamente al rey: “Aún hay jueces en Berlín”, para dejar claro que la ley se había impuesto sobre el capricho del monarca.

Esto es aplicable con toda claridad al hecho que consignan varios reportajes periodísticos recientes, que dan cuenta de la deleznable práctica instrumentada durante la presidencia de Arturo Zaldívar en la SCJN.

Todas las referencias indican que Carlos Antonio Alpízar, -ex secretario general de la presidencia del Consejo de la Judicatura Federal, CJF-, y hoy alto funcionario de la Secretaría de Gobernación-, era el responsable de presionar a los jueces en el fatídico “piso 14” de esa institución, para que diesen su fallo a favor de las instrucciones recibidas de parte del presidente López Obrador, -o de alguno de sus allegados-, como lo era el abogado del presidente, Julio Scherer Ibarra.

Sin embargo, muchos jueces se negaron a cumplir dichas órdenes por considerarlas injustas o ilegales, asumiendo las consecuencias que su digna actitud recibió a cambio. Muchos perdieron su cargo, otros enfrentaron represalias judiciales, otros fueron denostados y agraviados en su reputación profesional, o incluso enfrentaron expedientes donde se sembraron infundios que no pudieron comprobarse.

Esos hechos dejan constancia de que aún tenemos en México jueces honestos y dignos, capaces de enfrentar los caprichos e intereses que se manejan desde el poder gubernamental para que la justicia prevalezca.

La “Caja de Pandora” que describe el posible contubernio entre Palacio Nacional y la presidencia de la SCJN durante la presidencia del ministro en retiro Arturo Zaldívar, parece ser un escándalo que nos alerta de los riesgos que existen cuando el Poder Judicial se somete al Poder Ejecutivo.

No es colaboración entre iguales imponer a jueces las directrices que deben seguir respecto a sus sentencias y decisiones, para que se sujeten a las exigencias del Poder Ejecutivo.

La democracia se sustenta en la independencia entre los tres Poderes de la Unión, -que genera contrapesos y equilibrio-, y no en el contubernio que siempre desemboca en la acumulación de poder que facilita el autoritarismo.

El ministro Zaldívar se mostró indignado y arropado por la 4T cuando dio a conocer que solicitará un juicio político en contra de la ministra presidenta de la SCJN Norma Piña por politizar un asunto de índole doméstica del Poder Judicial.

Sin embargo, cuando empiezan a aflorar mediáticamente los asuntos en los que el ministro presidente Zaldívar intervino coaccionando a jueces y magistrados, desde el piso 14 del edificio que alberga CJF, -el organismo que coordina las actividades de todo este gran sistema judicial federal-, empezamos a descubrir cómo se blindaron las obras icónicas de este gobierno, -desde la cancelación del aeropuerto de Texcoco y su destrucción, así como la construcción del AIFA, el Tren Maya, y todas las obras del presidente, para que ningún recurso jurídico pudiese obstaculizar su construcción, aún sin cumplir con los requerimientos de ley.

Además, la manipulación de juicios que involucran a personajes favoritos de este gobierno, para que estos fuesen beneficiados.

A partir de la “Caja de Pandora” del ministro Zaldívar empezamos a entender por qué en este país la injusticia nace de las imposiciones gubernamentales. La falta de contrapesos naturales entre los tres Poderes de la Unión se ha agravado en este sexenio que nos dejará un legado de problemas económicos aún hoy ocultos, opacidad, -y además-, aún más corrupción.

Incluso la actitud del presidente López Obrador arropando a Alpízar, -el verdugo de los jueces indisciplinados-, durante la “mañanera”, confirma lo que todos sabemos: la intromisión presidencial en los juicios emblemáticos, a través de la complicidad y sumisión del ministro Zaldívar.

Hoy más que nunca desde la sociedad civil debemos cerrar filas alrededor de la ministra presidenta de la SCJN, Norma Piña y los ministros, magistrados y jueces que están dando la batalla por la autonomía del Poder Judicial.

El gran pendiente en México es la manipulación de la justicia. Burlar la ley no tendrá consecuencias mientras se cuente con el contubernio de quienes tienen la responsabilidad de proteger la equidad de su aplicación. Tolerarlo generará más injusticias.

¿Qué más está por descubrirnos esta “Caja de Pandora”?

EL GRAN ATRACO

El tema de las afores está sustentado en mentiras populistas que como fin persiguen beneficios electorales.

La propuesta de MORENA para capitalizar el Fondo de Pensiones para el Bienestar dice que tomará recursos de las utilidades del Tren Maya, del AIFA, de Mexicana de Aviación y en general de empresas gubernamentales que no sólo no generan utilidades hoy, -ni las generarán en los próximos años o quizá nunca-, sino que son deficitarias y no tienen cómo financiar su propia operación cotidiana con los ingresos que perciben de sus clientes. Es más, necesitarán que el gobierno federal les de dinero proveniente de nuestros impuestos, para poder mantener a estas empresas inviables, durante los próximos años. Esta iniciativa de los legisladores de MORENA vende ilusiones sin sustento real.

El robo de las “cuentas inactivas” de las Afores no es más que un atraco, porque se tomará un dinero que tiene como propietario a algunos millones de ahorradores anónimos y se pretende que sus beneficios se repartan a otros.

Cuando no tengan como financiar esta fantasía, -ya pasadas las elecciones-, voltearán a decir que este modelo es inviable porque los conservadores le “echaron mala vibra”, pero mientras MORENA se habrá beneficiado de muchos votos de los crédulos que creyeron en sus pérfidas intenciones.

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