El mestizaje tiene un fuerte significado en la idiosincrasia mexicana, que se manifiesta en la aceptación de la propia identidad nacional.

A largo de varias generaciones nos han vendido la narrativa de que el mestizaje es el resultado de la violencia sexual perpetrada por los conquistadores en contra de las mujeres indígenas y por tanto, se da un rechazo inconsciente que detona conductas que aún hoy están presentes en nuestra vida cotidiana, lastimando nuestra autoestima y generado conflictos sociales que nos ponen a unos en el rol de descendientes de las mujeres agraviadas y a otros en el de descendientes de los agresores.

Por tanto, desenmascarar este mito puede traernos una mejor comprensión de nuestra realidad étnica, e impactar favorablemente el estado de ánimo nacional.

El paternalismo tan presente en la idiosincrasia mexicana es otra de las manifestaciones, pues nos coloca en la posición de desvalidos que requieren de la generosidad del caudillo o patriarca.

Habiendo escuchado al historiador y antropólogo francés Christian Duverger exponer, -dentro de su conferencia-, el tema del mestizaje, éste se clarifica con otro significado.

Sólo a partir de conocer las tradiciones de los pueblos indígenas de esa época descubrimos el sentido de esta antigua práctica.

Duverger nos describe la costumbre indígena de fortalecer alianzas a través de ofrecer a sus nuevos aliados doncellas, lo cual significa el establecimiento de vínculos familiares profundos. Como ejemplo nos narra cómo después de la batalla de Centla Hernán Cortés recibe 20 doncellas, entre las que venía Malintzin, -también denominada Malinche-, las cuales fueron tomadas como esposas por los oficiales del contingente español, sellando así una alianza profunda que generó nuevas familias y luego esta costumbre se repite a lo largo de oras alianzas, incluyendo a una que fue fundamental: la realizada con el pueblo tlaxcalteca.

Las hijas de Moctezuma y de otros altos caudillos de la elite gobernante mexica terminaron casándose con nobles españoles, miembros de la raleza hispana, yéndose a vivir a España como aristócratas con títulos nobiliarios

Por tanto, el mestizaje nace, -no de la agresión sexual- como nos ha narrado la versión oficial a lo largo de varias generaciones, -la cual hemos asimilado a través de libros de texto-, sino de una costumbre social ignorada por los historiadores, lo cual ha generado conflictos emocionales colectivos que dan al nacimiento del mestizaje un significado indigno.

Qué diferente sería interpretar el nacimiento étnico de nuestra nación como una fusión racial que nos lleva a valorar nuestros orígenes, generando orgullo por nuestras raíces y fortaleciendo nuestra autoestima.

No podemos soslayar que muchas alianzas políticas que dieron origen a imperios fuertes en Europa se consolidaron a través de matrimonios arreglados como una política de estado.

Hoy es el momento de reinterpretar nuestra historia, -no a través de nuestros valores morales o sociales actuales-, sino utilizando el contexto de “usos y costumbres” de la época analizada.

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