¿Y ahora, quién podrá salvarnos?

Ricardo Blanco

“¡Ahí está el detalle! Que no es lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario”. — Mario Moreno, Cantinflas.

Hay diferencias y similitudes entre sentarnos a ver una serie y las sesiones extraordinarias para discutir rápidamente propuestas de ley. Entre las diferencias resalta el pensar en ver un maratón, ya sea de After Life o Unorthodox, Paquita Salas, Narcos o BoJack Horseman, que votar de temas que varían de elegir a un embajador, la ley de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria o facultar al Insabi a licitar y adquirir medicamentos en el extranjero. Ambas requieren preparación pero, a diferencia de ver una serie, hay decisiones que requieren de debates públicos que no se pueden realizar en una sentada del club del sofá Covid-19 2020.  

Entre todo esto es posible que se discuta, pero sin mucho debate, la solicitud de que los servicios de streaming deban tener en su catálogo un 30% de contenido producido  en el país buscando promover y proteger los contenidos mexicanos. Esto me hizo levantar ceja y media con preguntas de ¿sobre qué catálogo, el global o el que se ofrece localmente? ¿promueve nuevo contenido o protege el ya producido? ¿qué hace que le de clic al contenido nacional? Pero cada pregunta me hacía irme más a los orígenes del contenido y a su “administración”. 

Una propuesta que no se trata de televisión programada, tampoco es “pago por ver” o televisión “on demand” esto es para OTT (over the top) -un servicio de libre transmisión que consiste en la transmisión de audio, video y otros contenidos a través de Internet sin la injerencia de los operadores tradicionales en el control o la distribución del contenido-. Muchos nos hemos preguntado por qué no se pueden ver las mismas series en Netflix, Amazon, YouTube, por qué no llega Disney+, Hulu y qué trae el reducido catálogo de AppleTV+ originals. Algunas respuestas suelen encontrarse en los dueños de los derechos de autor, algo que no veíamos como consumidores hasta que adoptamos como individuos la creación de contenidos personales en Internet.

Muchos videos que se hacen utilizan música y aparece una notificación: “parte este contenido es de alguien más”, pueden aparecer anuncios en tu video y parte del dinero de esos anuncios los recaudará quien sostiene los derechos de autor de esa música. Eso es para un video que tu hiciste con tus amigos y decidiste musicalizar con la rola que te gusta.  Cuando generas contenido audiovisual original se mezcla muchas más cosas: la música, el guión, la producción, la distribución y varios acuerdos entre muchas partes. Pocas cosas muestran más esa mezcla de cultura, diversidad de personas e inclusión de ideas que una producción audiovisual.

Europa ha encontrado un punto de acuerdo entre cantidad de contenidos que se producen en un país contra el catálogo de contenidos que se distribuyen en su región por los servicios OTT. Puede ser que estos proveedores agreguen producciones clásicas ya conocidas como Monty Python o Parchís, pero también incluye países que tienen impuestos dirigidos directamente para la producción de contenidos audiovisuales. Esto me lleva a que la apuesta de Netflix por elegir a México como sede de sus oficinas para América Latina con una inversión de 200 millones de dólares para la creación de contenido local este año (con todo y Covid) incluyendo producciones originales en el país podría dejar más que el imponer una cuota sobre su catálogo.  

No veo a los servicios OTT como controladores de porcentajes de contenidos locales, se trata de tener catálogos globales que llevan cultura, entretenimiento y conocimiento local a más personas en el mundo. Lo principal está en entender el contenido, nunca antes habíamos podido ver series en nuestra lengua materna o en otra que estemos aprendiendo. Se trata de pensar en contenidos originales en idioma original, lo cual es perfecto porque genera muchas fuentes de trabajo desde maquillistas, gaffers, productores y no únicamente directores con Arieles o más de un Oscar. 

México es famoso en la región por actores en doblajes como Francisco Humberto Vélez Montiel (Homero de los Simpsons) y varios más. Sabemos que de 100 programas que vemos en servicios como Netflix o Amazon Video no consumimos 30 de producción local, no se trata solo de oferta, se trata de calidad. La oferta y la demanda varía, tampoco se puede dar nacimiento a nuevas producciones sin que alguien apueste en esas ideas creativas. Calidad contra cantidad en el mundo de los contenidos es una discusión llena de #ruidoblanco. 

Es necesario encontrar modelos que apoyen las producciones nacionales, a nuestros maravillosos documentalistas que cada año promueve DocsMX, a nuestros orgullos nacionales (que viven en más de un país de vez en vez) dedicados a la dirección o fotografía como Emmanuel Lubezki. Pero encontrar un modelo que promueva el contenido nacional, agregue a la economía nacional y llene de emociones, alegrías y pensamientos a los consumidores de contenido, no se arregla con una sentada en el sillón; requiere escuchar a todas las partes y encontrar un acuerdo que beneficie a todos los involucrados, incluyendo y considerando a quienes están invirtiendo en crear nuevas historias que México quiera compartir con el mundo. 

white-noise

Nota: La opinión de Ricardo Blanco es personal y no refleja la del medio ni la de la empresa para la que trabaja. 
ricardo [at] mrwhite.world

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