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Una playera que diga...

Ricardo Blanco
06/09/2019
10:30
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#LaVozDeLosExpertos

“Nuke Mars!” — Elon Musk

Estaba leyendo las noticias sobre un posible OVNI en Marte y me pregunté: ¿qué pasará cuando sea un ser humano convertido en marciano viendo llegar a un terrícola? La conversación sobre los temas fronterizos no deja de estar latente en las discusiones del G7, así como las políticas migratorias entre países con claras diferencias económicas. En Marte no habrá mestizaje porque no hay una población ahí, pero también sabemos que los no nacidos en España, durante la colonia, tenían “otra categoría”.

Me surge la duda de si ¿podremos crear otro planeta lleno de fronteras, pero con una muy buena convivencia?
Una de las historias que más recuerdo sobre fronteras es la de los Bonobos, diferenciados de otros primates por su empatía y alejados de sus primos por un río en África.

Las fronteras geográficas habilitaron ciertas separaciones de grupos, pero ¿qué pasará con fronteras interplanetarias? Musk hizo un comentario hace tiempo y lo reiteró hace poco, “Nuke Mars” (Marte nuclear) y, obviamente con el triste recordatorio histórico, la simple idea de tirar una bomba en cualquier lugar llama nuestra atención primaria.

Fuera de todo el #ruidoblanco mental que pueda generar una imagen como un bombardeo a un planeta extraño, recordemos que el objetivo general es habitar un planeta nuevo. Los terrícolas tendremos hermanos marcianos, eso es una realidad, ya veremos qué tan empáticos seremos a la distancia.

Con una distancia mínima de 54.6 millones de kilómetros, es bueno recordar que esa medida es métrica, no emocional. Las relaciones personales requieren de cercanía y nuestro instinto está atento a situaciones cercanas para sobrevivir. Eso también genera distanciamiento por falta de empatía a lo que acontece a cada persona o grupo.

El modo en cómo nos tratamos entre personas, más allá de situaciones geopolíticas, económicas e, incluso, raciales, serán importantes conforme se vaya “humanizando” nuestro sistema solar. Obviamente habrá discusiones respecto a la colonización de países con acceso al espacio; sobre la explotación de los recursos espaciales y el impacto ambiental de nuevos planetas; todo encaminado a llevar a gente que tenga cierto “perfil” para permitirnos ser colonizadores.

El riesgo es grandísimo. Recordemos a un tipo de gente que llegó del “viejo continente”, sabían que podrían no regresar a su vida, muchos de hecho querían huir de su situación. El riesgo les trajo bondades, pero también conflictos. Lo bueno es que, esta vez, no será ganar sobre otro grupo humano, sino sobre un entorno extremadamente agresivo. Es parecido a colonizar la Antártida, lo que no ha sido muy exitoso (hay entre mil y 5 mil humanos en 14 millones de kilómetros cuadrados, solo 280 mil sin hielo).

Conquistar lugares extremos requiere de muchos recursos y cierta seguridad de que el emprendimiento se pagará por sí solo. Por ahora el proyecto implica calentar un planeta (tal vez con energía nuclear), transportar víveres, personas y soportar recargas de combustible.

Merecemos ser empáticos, pero también claros en el tipo de humanidad que somos, en cómo nos tratamos, y prepararnos para tratar a nuestros marcianos, idénticos genéticamente a nosotros.