Nos tomó por sorpresa, pero no dormidos

Ricardo Blanco

“All things are ready, if our mind be so.” –William Shakespeare, Henry V

Dentro de la línea de tiempo de la humanidad es la primera vez que contamos con artefactos que nos habilitan a cuidarnos en el hogar más que a esperar lo que la suerte nos depare. Incluso es la primera vez que dejamos tan poco a la suerte y se invierten tantos recursos en la atención y cuidado. Si bien la distribución de la solución más adecuada no es tarea sencilla y puede tener varias aristas que van más allá de la ciencia y la implementación, me parece que debemos de estar agradecidos de ser las primeras generaciones de humanos que vemos soluciones creadas con tal rapidez por nuestra propia mano para aminorar el alto impacto de un virus con alcance global. 

Desde gadgets para uso masivo como oxímetros o vaporeras electrónicas de alcohol hasta comunicación entre expertos, la velocidad en la que se han puesto a nuestra disposición soluciones es inigualable. Esto se debe a décadas de desarrollo científico y tecnológico, en especial de una tecnología que en otros momentos habría estado disponible solo para unos pocos. El acceso a Internet y la adopción de tecnología de comunicación móvil ha sido uno de los grandes avances, aunque todavía hay oportunidad para mejorar la conectividad, la realidad es que su alcance es masivo y ha mostrado ser positivo.

Los wearables han mostrado ser mucho más útiles que simples accesorios deportivos, permitiéndonos medir niveles de oxigenación o tenernos al tanto de nuestra precaria movilidad durante el encierro.  Los teléfonos móviles con su velocidad y capacidad han permitido correr aplicaciones que permiten a organizaciones y autoridades tener visibilidad de la movilidad de la población y con eso prevenir o prepararse para nuevas curvas de demanda hospitalaria. Los especialistas nunca antes tuvieron la posibilidad de una comunicación en tiempo real para realizar avances en el desarrollo de vacunas o compartir información alrededor de la respuesta de tratamientos como sucede ahora. 

Todo esto no quiere decir que somos irreductibles, al revés, falta mucho para terminar de entender el impacto de la pandemia, más allá del fisiológico, a nivel psicológico y social. Como seres humanos hemos logrado avanzar en atendernos y cuidarnos, pero quedan espacios para cuidarnos mejor. No es que falten gadgets, sino más bien una educación para usar las herramientas a nuestra disposición que nos permiten quedar suspendidos en el #ruidoblanco del duelo, de las pérdidas de familiares, amigos o conocidos. Hemos encontrado en la pandemia retos, la salud mental por el estrés generado en los hogares con familiares desempleados y negocios golpeados.  

Encuentro en el lado positivo del desarrollo tecnológico esperanza, pero también tengo presente que no existe una pastilla mágica para el impacto general de la pandemia. Es raro utilizar aplicaciones como Calm para apaciguar el malestar mental con sonidos de arroyos mientras estamos metidos en un terremoto que no termina de movernos, pero así funciona nuestra unidad central de procesamiento. Lo podemos ver en grandes mentes de la humanidad que encontraban paz a su plétora de ideas al tocar o escuchar música o leer poesía.  

Con tres respiraciones profundas podemos alejarnos momentáneamente del caos, sanitizar nuestra mente y regresar a la inmensa demanda que nos exige cada día de pérdida de una cotidianidad que no regresará, es necesario. Hacerlo bien nos permitirá adoptar las mejores cosas que hemos aprendido de esta difícil experiencia para ofrecernos un nuevo estilo de vida. Todo esto después de que la mayoría logre estar inmunizada con una solución que reduzca enormemente la posibilidad de requerir hospitalización tras contagiarse de un virus que nos agarró por sorpresa pero con las herramientas para actuar con rapidez.

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