Hablando de bloques: ¿Minecraft o Lego Mario?

Ricardo Blanco

“El cerebro necesita emocionarse para aprender” –José Ramón Gamo 

Poner un bloque encima de otro, construir un refugio o crear un vehículo sin manual en el que la imaginación hace que los cohetes le permitan ir al espacio. Entre padres buscando cosas que mantengan entretenidos a sus hijos y promover actividades más allá de la pantalla ha sido todo un reto. Lego y Nintendo trajeron a Mario Lego juntando el mundo del videojuego con el de los bloques

Sin duda esto emocionó a muchos padres cuya nostalgia por el personaje y el videojuego de su infancia o adolescencia ahora tomaba tres dimensiones. La verdad es que les quedó espectacular, buena integración de tecnología entre el personaje y la realidad de la adopción masiva de teléfonos móviles con bluetooth. Aunque ese tiempo actualizando a Mario o siguiendo el manual interactivo para armar los mundos sin poder ver las notificaciones o leer mensajes en el celular seguro le causó cierta ansiedad a varios.  

Pero una vez terminado, ahí quedaba. Dos o tres vueltas los ruiditos, el ver que en la pantalla frontal de Mario aparecía agua o fuego dependiendo del color sobre el que lo pusieras. Moneditas brincando y música cuando pasa por encima de los códigos de barras. Ya no eran los bloques que podías desarmar para luego crear algo nuevo a partir de la curiosidad.

De repente se volvía otro juguete ocupando espacio que de vez en cuando se utiliza si aparece el pensamiento de “no lo usas” pero no llama a mucho más. Mientras todo esto ocurre, hay un videojuego de bloques que permite imaginar naves espaciales que podrían despegar si pones lava entre cristales. Que llama a la curiosidad de aprender a escribir para encontrar un huevo de ajolote. Lo imprevisto de que aparezca un campesino o un esqueleto que te puede atacar.  

El juego dentro de la pandemia, en el encierro, tomó nuevas dimensiones al no tener amigos visitando de forma regular. Los Realms de Minecraft permiten que se mantenga el juego y niños de la misma edad puedan desarrollar ese órgano social llamado cerebro en un espacio seguro haciendo cosas con otros de su edad. Desconozco si hay manuales, pero el aprendizaje es sencillo y estimula a los usuarios permitiéndoles desarrollar su curiosidad, presentándoles imprevistos mientras juegan y se divierten.  

La obviedad de que en Minecraft no tienes reglas físicas que limiten la creatividad, puedes volar, estar bajo el agua, crear submarinos o hacer cohetes espaciales con bloques digitales no terminaba de resonar en mi cabeza. Pero escuchando, retirando algo de #ruidoblanco, a algunos otros poseedores de Mario Lego entendí que era más un artículo de colección que realmente un juego.  

La tentación de juntar todos los mundos y dejar sin espacio para caminar el piso del cuarto de la niña o el niño venía de la experiencia de armado, pero no de juego. El manual es interactivo y en una pantalla a la que también se conecta Mario y aparecen cosas, pero después de que lo haces se terminó. El manual delimitó al mismo juego a esa interacción entre mente y bloques, bloqueó la manifestación de nuevas formas de mundos al hacer hiperreal la experiencia del videojuego de Nintendo.  

Como bien dice Chema Lázaro, “Mi método respeta el proceso por el que el cerebro aprende: primero va la motivación, luego la atención y por último la memoria. En ese orden”. El cerebro pasa por un proceso en el que requieres generar esa motivación para llamar la atención, estar presente y atento a eso, para entonces generar experiencias que se queden guardadas -memoria(s)-. 

Si uno quiere encontrar este tipo de motivaciones en espacios de tiempos demandados, donde es difícil (imposible para algunos) que la oficina deje el hogar y el hogar no interrumpa el trabajo ¿dónde encuentras herramientas que extienden la mente más allá de ser consumidores pasivos de información como lo harías en una clase de uno a muchos o viendo la televisión sin poder brincar la línea de tiempo? En la interacción que permite el entorno digital. 

Con una llamada de audio o video están listos, acabas de juntar dos mentes para que interactúen y se enseñen cosas nuevas. Se ponen retos y les pones retos para crear, ver qué pasa si le echas agua a la lava, dibujar un nuevo skin para su personaje. De repente la misma curiosidad lleva a la atención alrededor de leer y escribir para buscar objetos que les permite crear nuevas cosas, crecer y criar ajolotes. He visto naves espaciales más altas que las que han imaginado en SpaceX para Starship, submarinos con piedras luminosas para ver adentro.  

¿Qué le falta a todo eso? Poder agarrarlo y ver que esa idea de cohetes de lava puede llegar al espacio gracias al movimiento de tu mano y la maravilla de la imaginación. Pero no estamos desarrollando ingenieros, estamos pensando en cómo darles más herramientas en la situación actual.  

No es claro el regreso a clases, me falta escuchar las razones claras de la falta de claridad o ver cierto sentido de urgencia por parte de las autoridades.  Mientras tanto ese órgano social que aprende de hacer cosas con otras personas, requiere acción. Por suerte imagino que lo que viene tendrá más empatía alrededor de la necesidad individual de los estudiantes. Viéndolos más como audiencias interactivas y menos como hemisferios cerebrales, esponjas de absorción. Ojalá esto lleve a que los zombies dejen de atacar al que busca crear cosas con curiosidad y resolver imprevistos a través del juego.

White-noise

Nota: La opinión de Ricardo Blanco es personal y no refleja la del medio ni la de la empresa para la que trabaja. 

ricardo [at] mrwhite.world

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios