Las políticas públicas y sus consecuencias inesperadas

Ricardo B. Salinas

El gobierno puede hacer todo para hacer cumplir su voluntad, aun sobre las leyes de la naturaleza -incluyendo leyes del libre mercado-, pero no sin consecuencias

Les comparto esta reflexión de Connor Boyack, fundador de Libertas Institute y autor de diversos y muy interesantes libros que hablan de la importancia de defender la libertad en todos sus espectros. Vale la pena leerla.

El cuento de la infestación de cobras causada por el gobierno

¿Alguna vez has oído hablar del gobierno que provocó una plaga de cobras en el mercado negro? (¡Esta es tu oportunidad para aprender sobre la economía de libre mercado!).

Todo comenzó cuando India estaba bajo el dominio británico. El país estaba compuesto, en gran parte, por una jungla deshabitada y una gran población de cobras.

No sé si alguna vez te has encontrado con una, pero las cobras dan bastante miedo. Son enormes, tienen cabezas negras impactantes que se extienden cuando se sienten amenazadas, y su veneno es mortal. (Claro, esto de acuerdo con Internet ya que afortunadamente, nunca me he encontrado con una).

A la intemperie no representaban un gran problema, siempre y cuando la gente mantuviera su distancia. Pero a medida que el comercio y las oportunidades aumentaron, las ciudades indias se expandieron a espacios anteriormente salvajes —como la ciudad de Delhi— y las cobras se volvieron un problema cada vez mayor en la vida cotidiana de los residentes.

Entonces, los británicos decidieron declararle la guerra a las serpientes: el Imperio ofreció a los residentes locales una recompensa por cada piel de cobra presentada a las autoridades.

Al principio, se trajeron grandes cantidades de cobras muertas, la medida parecía estar funcionando.

¡Seguramente, más cobras muertas significaban menos serpientes vivas que amenazaban al público!

Todo parecía un éxito hasta que las intenciones del gobierno se toparon con las consecuencias del mercado.

Verás, una vez que los lugareños se dieron cuenta de que podían ganar bastante dinero cazando cobras por sus pieles, todos querían una parte de la recompensa. Pero eventualmente, las cobras comenzaron a agotarse, a pesar de que la recompensa todavía estaba en pie.

No pasó mucho tiempo antes de que la gente se diera cuenta de que podían seguir ganando dinero de sus gobernantes... si tan solo pudieran encontrar una manera de conseguir más pieles. Entonces, la gente comenzó a criar intencionalmente las serpientes mortales y así nació el negocio de cría de cobras en la India.

Los británicos empezaron a sospechar que algo andaba mal cuando la cantidad de gente pidiendo su recompensa empezó crecer, por lo que eliminaron la compensación.

Pero en ese momento, el mercado de la cobra ya había comenzado a funcionar. La oferta de estos animales cumplía con el incentivo que ofrecía el gobierno y, cuando la demanda falsa se cortó de la noche a la mañana, los granjeros hicieron lo que haría cualquier persona racional que alberga serpientes venenosas, ahora sin valor: las soltaron.

Esto, por supuesto, provocó un crecimiento en la población de cobras que incluso superó los números anteriores a la recompensa. Delhi fue aterrorizada por las serpientes en un número aún mayor que antes de que el gobierno se involucrara.

Hoy en día, esta historia se conoce como el "efecto cobra". Se utiliza en todas partes: desde el mundo empresarial hasta las conferencias de psicología, para ilustrar la idea de las consecuencias no deseadas y los resultados perversos.

Uno pensaría que los gobiernos modernos prestarían atención a los ejemplos pasados de las consecuencias no deseadas cuando se habla de las grandes “cobras” de nuestros días, como las pandemias, la privacidad y la impresión de dinero.

En cambio, los políticos tienden a tratarnos como conejillos de indias para sus experimentos recurrentes, independientemente de lo que intentos anteriores hayan demostrado.

La física nos enseña que una acción tiene una reacción igual en sentido opuesto. El mismo principio se aplica a las políticas públicas: por cada medida del gobierno, no importa cuán bien intencionada o atractiva pueda ser, hay una consecuencia.

Por ejemplo, cuando las cosas “aterradoras” (como serpientes o armas) están restringidas por políticas de gobierno, se vuelven atractivas para el mercado y de repente se valoran aún más debido a la escasez artificial creada por la prohibición.

El gobierno puede hacer todo lo que quiera para hacer cumplir su voluntad, aún sobre las leyes de la naturaleza —incluyendo a las leyes del libre mercado—, pero no sin consecuencias.

Te invito a que compartas esta loca historia de los granjeros de cobras. Es una excelente manera de ilustrar cómo las ideas gubernamentales que suenan atractivas pueden causar estragos en la vida diaria. - Connor.

 

Presidente y Fundador de Grupo Salinas.
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