El Congreso Mundial de Derecho Constitucional (WCCL, por sus siglas en inglés) se ha consolidado, desde hace más de cuatro décadas, como el principal foro global de reflexión crítica sobre el estado, los alcances y las transformaciones del constitucionalismo contemporáneo. Organizado cada cuatro años por la Asociación Internacional de Derecho Constitucional (AIDC), el Congreso no sólo congrega a la élite académica del derecho constitucional, sino que articula un espacio plural de diálogo entre juristas, decisores públicos, operadores judiciales y actores sociales interesados en el destino de las constituciones en contextos de profunda incertidumbre.

El eje temático que estructura la edición 2026 del Congreso —a celebrarse del 6 al 10 de julio en Bogotá, con sede en la Universidad Externado de Colombia“Constitucionalismo sustentable: respuestas para un mundo cambiante” no constituye una consigna retórica, sino el reconocimiento explícito de una crisis de carácter múltiple. La idea de sostenibilidad constitucional opera, de manera deliberada, como un recurso conceptual de doble alcance: en primer término, remite a la capacidad del constitucionalismo para contribuir a la construcción de sociedades ambiental, social y democráticamente sostenibles; en segundo, alude a su aptitud para preservar sus valores fundamentales frente a transformaciones económicas, tecnológicas, políticas y climáticas sin precedentes. En este doble registro, emerge una pregunta ineludible: ¿el constitucionalismo continúa siendo parte de la solución o ha comenzado, en determinados contextos, a formar parte del problema?

Durante décadas, el constitucionalismo se presentó como un paradigma normativo relativamente estable, sustentado en tres pilares —derechos humanos, democracia y Estado de derecho— cuya expansión global parecía irreversible. Sin embargo, el escenario actual revela una tensión estructural. Por un lado, se observan procesos de convergencia normativa y jurisprudencial entre el derecho constitucional y el derecho internacional, así como diálogos cada vez más densos entre tribunales nacionales y regionales. Por otro, emergen dinámicas de erosión democrática, debilitamiento deliberado de los controles judiciales y resignificación del papel de los tribunales constitucionales, particularmente en contextos de populismo autoritario.

A ello se suman desafíos que desbordan por completo los marcos tradicionales del constitucionalismo: el cambio climático, las pandemias, la persistencia de la pobreza estructural, la concentración extrema del poder económico, los conflictos armados y, de manera creciente, la inteligencia artificial. Estos fenómenos no sólo tensionan las categorías jurídicas existentes, sino que cuestionan la suficiencia misma del constitucionalismo clásico para ofrecer respuestas normativas eficaces. De ahí que la sostenibilidad constitucional no pueda entenderse como mera conservación del statu quo, sino como una exigencia de adaptación, resiliencia y reconstrucción conceptual.

En este contexto, el WCCL plantea una agenda intelectualmente ambiciosa: desplazar el análisis constitucional más allá de su zona de confort disciplinaria. La revisión crítica de conceptos fundamentales —soberanía, democracia, separación de poderes, derechos— exige hoy metodologías inter y multidisciplinarias capaces de incorporar datos empíricos, análisis económicos, enfoques sociológicos, así como perspectivas provenientes de la antropología, la etnografía y la geografía jurídicas. No se trata de diluir el derecho constitucional, sino de dotarlo de herramientas analíticas acordes con la complejidad de los problemas que enfrenta.

La trayectoria histórica del Congreso —celebrado en ciudades que reflejan diversas tradiciones constitucionales y experiencias políticas— confirma que el constitucionalismo nunca ha sido un fenómeno homogéneo ni estático. Desde Europa del Este hasta América Latina, desde Asia hasta África, las constituciones han operado tanto como instrumentos de emancipación como de exclusión, tanto como límites al poder como mecanismos de su legitimación. Reconocer esta ambivalencia es condición necesaria para pensar un constitucionalismo verdaderamente sostenible, capaz de dialogar con realidades asimétricas sin reproducir dicotomías simplistas entre Norte y Sur globales.

En definitiva, el Congreso Mundial de Derecho Constitucional no propone respuestas cerradas, sino un marco crítico para formular las preguntas correctas. La sostenibilidad constitucional no es un destino garantizado, sino una tarea permanente que exige repensar el papel de las constituciones en un mundo marcado por la incertidumbre radical. Si el constitucionalismo aspira a seguir siendo un lenguaje normativo relevante, deberá demostrar que puede coexistir —y orientar— nuevos ecosistemas sociales, tecnológicos y ambientales sin renunciar a sus valores fundamentales. En esa tensión, quizá, se juega su supervivencia.

Instragram: re.cardona.picon

Facebook: reneibraham.cardonapicon

X: @ricp22

Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Comentarios