Los Premios Óscar y la urgencia de entendernos como iguales

Regina Solórzano

Otro año más y los Premios Óscar están a la vuelta de la esquina. En esta ocasión, me gustaría ahondar en la popular y a veces controversial, candidatura a “Mejor Película Internacional”, poblada por películas no filmadas en inglés. Si entendemos al cine como un lenguaje único y universal, pareciera contradictorio crear divisiones basadas en un idioma.

Bajo este entendimiento, en el año 2019 la Academia decidió renombrar dicha candidatura apostando por mirar el cine mundial desde una óptica integradora. Se deshizo así del término “Mejor Película en Lengua Extranjera”, donde permeaba un sutil discurso que no necesariamente apuntaba a una noción de culturas interconectadas por el séptimo arte. El término extranjero implícitamente señala a algo que no es de aquí, que no está sujeto a las mismas condiciones que el resto y por ende, no es validado de la misma forma.

El cambio sin duda fue un acierto, acorde a la visión integradora que tanto necesitamos en estos momentos, donde las nociones de identidad del ego parecen confundirnos y orillarnos a perpetrar los actos más atroces. Recientemente hemos podido ver que, en el empeño de señalar nuestras diferencias, empiezan las guerras.

En el cine, parece que la cobertura y divulgación de películas internacionales han logrado derribar la barrera del idioma y la idiosincrasia cultural. Ejemplos recientes como Roma, dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón; Minari del estadounidense de origen surcoreano Lee Isaac Chung; o la también surcoreana Parasite, de Bong Joon-ho, resuenan ya en el imaginario colectivo de millones de personas que, aunque no entienden el idioma de las películas, logran verse reflejadas en ellas.

Sin ir más lejos, Parasite logró convertirse en la primera película internacional en recibir una estatuilla dorada por “Mejor Película”. Todo un hito, pues con suma elegancia, tacto y un entendimiento magistral de las infinitas posibilidades que tiene el lenguaje cinematográfico, logró demostrar que es en lo local donde reside la universalidad.

La selección internacional de este año continúa con esa línea. En el caso de Drive my Car, la primera película japonesa en ser nominada a “Mejor Película”, el director Ryūsuke Hamaguchi utiliza la localidad de la ciudad de Hiroshima para hacer un análisis profundo sobre la soledad, la culpa, la superación de una ausencia y las eternas rutas de las relaciones interpersonales. ¿Acaso no todos, independientemente de dónde vivamos, hemos experimentado esos sentimientos alguna vez? ¿Acaso no es una prueba de que, en esencia, somos lo mismo?

En Fue la mano de Dios, Paolo Sorrentino relata que crecer es una incógnita que agoniza por lo que llega a parecer una eternidad, que la familia nos rompe y nos repara, y que el sonido del mar puede tener millones de significantes. Para hacerlo, decide sumergirse en un relato autobiográfico circunscrito en la Nápoles de Diego Armando Maradona, para recordarnos que incluso los recuerdos más personales pueden ser verdades universales.

De la selección del 2022, rescato la búsqueda por un sentido de pertenencia en el mundo mediante el relato de historias personales y sumamente humanas, la intención de mirar a la vivencia como una que, aunque diferente por el país en el que sucede, nos atraviesa a todos por igual.

Es precisamente este sentido de pertenencia en espacios ajenos el que dota de trascendencia al cine internacional y nos reta a vernos con una óptica igualitaria. Estos filmes no sólo muestran las múltiples formas de la identidad y las marcas que dejan la búsqueda de ésta al abrirnos camino hacia el mundo, sino que logran transformar esta experiencia en un valor ecuménico.

Como cineastas, tenemos la responsabilidad de explorar cada rincón de una experiencia, cada microcosmos de una localidad, y entender cómo resuenan estas sensaciones en las audiencias que están cultural y geográficamente lejos. Aprender a visualizar la experiencia internacional a través de lentes que, aunque diferentes, comparten el mismo objetivo integrador. Esto que parece tan básico, nos urge más que nunca. El cine parece tenerlo claro.

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